La Paz, Bolivia

Viernes 26 de Mayo | 20:38 hs

Recuerde explorar nuestro archivo de noticias
Precisiones

Una década perdida en política exterior

Una década perdida en política exterior
 Una década perdida es un periodo de estancamiento y, a menudo, de retroceso en el quehacer en un determinado campo de acción. El término se utilizó inicialmente en la Gran Bretaña para denominar el periodo de la posguerra; en América Latina se lo usó para describir la depresión en la década de los 80.

 Hoy me lo presto para describir, de manera precisa, los últimos 10 años de política exterior ejercidos por el actual Gobierno, que inició sus actividades hace una década bajo los mejores augurios.

 Una evaluación de los 10 últimos años de política exterior comprende diversos planos: países limítrofes como conjunto y como unidades políticas separadas; la región; organismos internacionales; las grandes potencias y, desde luego, el tema marítimo.

 Con los países limítrofes el resultado es catastrófico. Con Perú las relaciones no son malas, pero tampoco son buenas. Basta mencionar que los tratados de Ilo siguen paralizados congresalmente sin que, hasta ahora, sean ratificados. Con Brasil cabe preguntarse si, efectivamente, existe una relación punto, pese a los esfuerzos del propio Brasil de mantener un canal de comunicación en algún nivel y en algún momento.  El narcotráfico y el gas, más que unirnos, nos separan.

 Con Argentina, no por política, sino mas bien por esfuerzos personales, se mantuvo una suerte de  pacto de no agresión por razones ideológicas que, aparentemente, ha terminado pues ese país empieza a hacer valer sus intereses. Con Paraguay por mucho tiempo no tuvimos embajador acreditado de ese país y, ahora, lo ideológico empieza a tensionar la débil relación que hay. Chile es tema aparte pues, por lo general, más que país limítrofe parece servir como buena excusa para marear temas internos.

 La relación con otros países de la región se complica cada vez más. Un tradicional aliado, Colombia, ya no lo es más. Con Panamá y México las relaciones son frías.  Cuba, Ecuador y Nicaragua, por razones ideológicas, convergen, en ocasiones -sólo en algunas- con nuestra política exterior.

 En los organismos internacionales nuestra presencia es permanente porque pagamos cuotas,  acreditamos representantes  y cumplimos algunas rutinas que nos dan, cuando nos toca, posibilidades de participación extraordinaria en ciertos niveles de importancia… pero nadie nos toma en cuenta.  En las reuniones de la OEA, ni los aliados ideológicos se alinearon en el tema marítimo.

 Con las grandes potencias nuestra relación está en concordancia con nuestra gravitación en el ámbito internacional. A Estados Unidos poca falta le hace que tengamos o no relaciones; los rusos, en su juego de ajedrez internacional, alguna vez nos dan el rol de transitorios peones. Eso sí, la China, poco a poco, está reemplazando el rol imperialista de Estados Unidos, hipotecándonos por varias generaciones venideras.

 Se ha judicializado el tema marítimo. En el mejor escenario posible, la CIJ podrá definir que Chile debe, de buena fe y en un plazo razonable, negociar con Bolivia. ¿Ilusionar al pueblo, gastar dinero, entregar nuestra política exterior a expertos de países coloniales para conseguir una probable victoria pírrica?  En política exterior, como en el fútbol, lo que cuenta son los goles.  Se dice que conseguimos un triunfo al decidir la CIJ que era competente… la verdad es, siguiendo con la analogía futbolística, lo que conseguimos es que no se cambie la cancha, nada más; recién ha empezado el partido y, en realidad, es un partido amistoso, que no aporta puntos, ni es clasificatorio.  El verdadero partido será en la mesa ión y allí tendremos que medirnos con el adversario.  Allí la victoria será producto de la negociación y en una negociación la imposición deja de ser componente, si es que se quiere ganar algo.  

 El origen de la década perdida está claro y aún persiste, pues al no haber planificación de la política exterior, tampoco hay evaluación o análisis crítico: la excesiva ideologización aderezada con una sistemática improvisación que hizo abstracción de la diplomacia, sustituyéndola por la pendencia y la locuacidad. 

 El resultado de la década perdida, en términos generales, es un evidente aislacionismo internacional del país, cuyas consecuencias podían ocultarse en épocas de vacas gordas, pero ahora que las flacas están haciendo su aparición será el detonante de momentos críticos que tendremos que enfrentar con otros actores en el ámbito internacional. ¿Estaremos preparados?

Fernando Salazar Paredes es abogado internacionalista.
118
10

También te puede interesar: