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Brotons, lo jurídico, lo político y los políticos cortoplacistas

Brotons, lo jurídico, lo político y los políticos cortoplacistas
Estamos siendo espectadores –no podemos ser nada más porque la demanda tiene singulares poseedores de la verdad absoluta– de un manejo muy peculiar de un tema extremadamente delicado que, todos, sin excepción, deseamos fervientemente tenga resultados positivos para con los altos intereses del país.

El tema de nuestra demanda en La Haya, si bien es de carácter jurídico, ha trascendido ese ámbito y se ha colocado en el comunicacional detonando constantes escaramuzas verbales entre altos funcionarios, políticos y legisladores de ambos países, cuyo único resultado ha sido el distanciar más la posibilidad de algún arreglo político en el mediano o largo plazo.

Lo jurídico, tanto en el caso boliviano como en el de Chile, está siendo acompañado por destacados juristas internacionales. En el caso de Bolivia hay una notoria ausencia de especialistas bolivianos en materia internacional; de ahí que el peso de la responsabilidad sustantiva recae en los asesores extranjeros, sin que ello signifique que el país haya relegado en momento alguno su capacidad de definir los cursos de acción.

Desde un inicio, Bolivia argumentó que presentó la demanda no sólo porque Chile incumplió sus compromisos de negociar, sino porque una demanda es un mecanismo de solución pacífica a las controversias.

Asimismo, y a pesar de haber presentado la demanda, Bolivia dejó abierta la posibilidad de la negociación, aspecto que fue rechazado sistemáticamente por Chile aduciendo que no se puede demandar y negociar.

Pese a los piropos recíprocos, es evidente que hay una suerte de ruptura en el equipo boliviano con el alejamiento del expresidente Carlos Mesa que cumplía, pese a quien pese, una labor eficaz y eficiente en el ámbito comunicacional y, a veces, más allá. Se ha sostenido que - para justificar la no necesidad del vocero - de aquí para adelante las acciones son mayormente de tipo jurídico y no comunicacional.

Siendo que - según los que manejan o dirigen la demanda - se está en una etapa mayormente jurídica y habida cuenta que el peso de ésta parte recae en los asesores extranjeros, sorprende, por decir lo menos, las declaraciones efectuadas nada menos que al principal diario chileno El Mercurio, el pasado 16 de junio, por el principal especialista del equipo boliviano, el español Antonio Remiro Brotons.

Brotons fue consultado tanto sobre la demanda boliviana sobre la cuestión marítima y la demanda chilena sobre las aguas del Silala. De entrada, el jurista español resaltó que en ambos casos hay elementos emocionales importantes y - según él - "los dos son casos que podrían solventarse mediante una negociación que se abriera con ocasión de estos procedimientos judiciales”.

 Introdujo la posibilidad de que ambos países podrían apartarse del procedimiento judicial internacional al señalar que "La Haya está ahí, pero el ideal sería que en un momento dado las partes pudieran decir ‘vamos a aplazar el procedimiento para ver si nos entendemos o vamos a negociar sustancialmente para ver si nos ponemos de acuerdo por la vía del desistimiento’ y se acaba el caso”. 

Justificando su posición explicó que "los juristas somos unos técnicos que tratamos de sostener con la mejor argumentación posible las causas de aquellos que creen en nuestras capacidades profesionales, pero no podemos sustituir a la política. La política debe ser ejercida por los políticos”.

De donde resultaría, según Brotons, que la mejor forma de llegar a un acuerdo no es por la vía de la demanda, sino por la negociación.  En otras palabras, la solución, si bien puede pasar por lo jurídico, es esencialmente política.

Pero Brotons no se quedó allí y al refrendar que no se puede sustituir a la política –y esto es lo que realmente asombra– ésta, "si encuentra políticos con sentido cortoplacista para resolver su propio mandato electoral a corto plazo, para ser reelegido inmediatamente, entonces no vamos a ninguna parte”.

Dos frases suyas dan la pauta de lo que está pensando el principal asesor del equipo boliviano: "vamos a negociar sustancialmente y se acaba el caso” y "con políticos con sentido cortoplacistas no vamos a ninguna parte”.

Nadie puede estar en desacuerdo con la primera frase, salvo tal vez los políticos con sentido cortoplacista, pues la negociación requerirá no sólo tiempo, sino asumir posiciones políticas que sólo los estadistas con gran visión de futuro podrán comprender y correr el riesgo de responsabilizarse por ellas. Como sostiene mi amigo Alberto Zelada Castedo, éstas decisiones implicarán buscar una solución, una cultura para la paz y la integración que entienda que negociar es ceder para ganar mucho y así construir un futuro compartido.

Sobre la segunda frase, uno podría conjeturar que el español tiene algún pálpito secreto que le impulsó a curarse en sano, de ahí su declaración. No obstante, habría que auscultar en profundidad el verdadero leit motiv que le estimuló a hacer una referencia que podría ser peligrosa en sí misma, si es interpretada maliciosamente. En todo caso, sobre la frase, más allá de sorprenderme con su contenido y alcance, prefiero mantenerme entre lo que veo y digo, entre lo que digo y callo… como diría Octavio Paz.

Fernando Salazar Paredes es abogado internacionalista.
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