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Precisiones

“La Haya no regala mar, ni da mar”

“La Haya no regala mar, ni da mar”
El expresidente Jaime Paz Zamora es un hombre ocurrente. Es dueño de muchas frases que han pasado a ser una suerte de patrimonio histórico. Hay algunas que me gustan y otras que no, pues, como bien dice Mauricio Aíra, contienen una mezcla de "sabiduría y cinismo”.

Entre las que evidencian lo segundo, cabe recordar aquellas de que se "cometieron errores, no delitos”, o que "somos un país de ganadores” o que se "cruzaron ríos de sangre”, etc…  No obstante, están las otras que reflejan un dilatado conocimiento de la política boliviana como aquella de que "en Bolivia la división no es de izquierda y derecha, de socialistas o neoliberales, sino entre los de arriba (en el poder) y los de abajo” (en la oposición).

Últimamente, Jaime Paz Zamora se ha referido al tema marítimo: "Lo primero que tenemos que hacer es no pelearnos con Chile. La Haya no regala mar, ni da mar, porque no tiene mar.
 
Cualquier arreglo va a ser con Chile y Perú; entonces de nada sirve que vayamos a La Haya, si nos peleamos con los chilenos.  Sinceramente, nos van a decir, váyanse al diablo, o que nadie los puede obligar y, listo… ir a La Haya e insultarnos con Chile o no ir a la posesión del presidente del Perú hace semanas, está mal pues”.

Acá el expresidente demuestra un desideologizado realismo político y un acertado sentido común.

El sentido común son los conocimientos y las creencias compartidos por una comunidad y considerados como prudentes, lógicos o válidos. Se trata de la capacidad natural de juzgar los acontecimientos y eventos de forma razonable.

Si estamos solicitando a la Corte de La Haya que falle y declare que Chile tiene la obligación de negociar con el objeto de alcanzar un acuerdo que otorgue a Bolivia un acceso plenamente soberano al Océano Pacífico, ¿estamos coadyuvando correctamente esa solicitud ante un tribunal exacerbando los ánimos de nuestro potencial interlocutor de manera pública y sistemática?

No se puede negociar con alguien a quien se le provoca constantemente. No se puede pretender alcanzar un acuerdo -resultado de una negociación diplomática- con alguien a quien se está acosando mediante calificativos y acciones reñidas con la diplomacia.

Con mucho sentido común y de manera sencilla y directa, Jaime Paz resume lo que hay que hacer: no pelearnos con Chile. No es la Corte la que nos va otorgar la salida al mar. Lo máximo que hará La Haya será decir que nos sentemos a negociar, nada más.  El resto es parte de un proceso que empieza en La Haya y, si nos va bien, continúa en la mesa de negociación. Negociar solo con el aval de una orden judicial es ingresar a la negociación con un hándicap en contra.

Como lo he venido sosteniendo, en materia de relacionamiento internacional, no existe borrón y cuenta nueva; todo queda registrado e incide en futuras negociaciones. Peor aun si no se tiene un norte definido, una estrategia clara e idoneidad negociadora.

La negociación, en sí, será larga, muy larga y nosotros, con la pendencia que el gobierno está exhibiendo, nos estamos condenando  -repito, si nos va bien y ojalá sea así- a que la negociación sea más larga todavía porque para negociar hay que tener una voluntad negociadora que, al paso que vamos, nos costará mucho tiempo conseguir y, sólo entonces, se podrá iniciar la negociación.

No hay que perder de vista que, en las relaciones internacionales, la voluntad está vinculada a lo que una unidad política desea realizar y al entendimiento de las razones por las cuales esa unidad escoge hacerlo, es decir el libre albedrío. La voluntad de una unidad política no está condicionada por un impulso externo. De ahí que, si nos va bien, Chile podrá acatar el fallo de La Haya pero nadie podrá influir en su voluntad negociadora, si mantenemos ese clima hostil con el que estamos aderezando nuestra demanda en la Corte Internacional.

Siempre con la premisa de que nos irá bien, hay otros aspectos esenciales y necesarios para la negociación: saber, a ciencia cierta, qué es lo que se va a negociar, cómo se negociará y quienes negociarán, sin olvidarnos el cuándo, un aspecto que también está librado a la voluntad negociadora del interlocutor porque eso del plazo razonable -si es que nos lo conceden- es algo muy relativo.

Para cuando nos sentemos en la mesa negociadora con ese Chile, que ahora atacamos imprudentemente, no debemos cometer el error, eso sí, de pensar de que si La Haya fallara a nuestro favor, que la negociación se reducirá a imponer nuestro deseo sin tomar en cuenta el del interlocutor. Tendremos que estar preparados para tomar decisiones difíciles y quizás hasta impopulares y, además,  hacer concesiones justas y recíprocas… porque, a pesar de los cálculos de política interna, la Corte de La Haya no regala, ni da mar. 

Fernando Salazar Paredes es abogado internacionalista.
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