La Paz, Bolivia

Jueves 19 de Enero | 00:30 hs

Recuerde explorar nuestro archivo de noticias
Precisiones

El poder en el ámbito internacional

El poder en el ámbito internacional
El poder de un Estado respecto de otros Estados está determinado por tres variables fundamentales: el factor geográfico, el factor humano y el factor económico. De ellos depende que el accionar de los Estados en el contexto internacional logre una presencia real que les permita influir sobre la conducta de otros Estados. El poder  es la capacidad de los Estados para influir sobre las actitudes de los otros Estados. La capacidad para influir deriva, en gran medida, del poderío del Estado

El poder real de un Estado difiere del poder que cree tener o del que muestra que tiene a otros Estados. Sin embargo, en los hechos, es posible la medición del poder, a través de los factores tangibles de poder que incluyen: la geografía, los recursos naturales, la población, la educación, la ciencia y tecnología, la industrialización, el poderío militar existente, etcétera.

El poder en las relaciones internacionales es la capacidad que tiene una nación para usar sus recursos tangibles e intangibles de modo tal en que pueda afectar el comportamiento de otras naciones. Esto es lo que se denomina "ejercicio del poder internacional”, que determina una jerarquía respecto del poder mundial.

Los factores tangibles e intangibles de poder pueden ser duros y blandos. Los duros son los relacionados con la fuerza concreta que un Estado puede ejercer sobre otro u otros Estados, en tanto que los blandos son la habilidad de los Estados para influir sobre otros por medios sutiles de dominación o de persuasión.

El poder duro es la capacidad de imponerse a otros, generalmente con el uso de recursos tangibles, como el poder militar y económico. El poder blando es la habilidad de convencer a otros en lugar de obligarlos a que hagan lo que deseamos. La manera combinada del uso del poder es lo que actualmente se denomina como el smartpower; es la ventaja relativa que las naciones, en general, y las potencias, en particular, tienen respecto de enfrentar y resolver de manera inteligente los problemas y amenazas internacionales contemporáneas.

De esta manera, todo Estado debe considerar sus potencialidades en función del balance del poder de otros Estados. Este es el mecanismo por el que los gobernantes y estrategas fortalecen su poder y disminuyen sus debilidades.

En política exterior no basta con tener un propósito claro y capacidad de poder, es necesario, además, tener la posibilidad de concretar en la práctica nuestros objetivos. La posibilidad de concretar acciones está limitada por las circunstancias en el contexto internacional. Estas pueden ser de orden voluntario e involuntario. Las primeras condicionan las acciones de los Estados desde dentro, en tanto que las segundas son limitaciones generadas en el exterior del Estado.

Bolivia cuenta con valiosos recursos naturales y espacios ecológicos sin par; sin embargo, es un país geográficamente enclaustrado, topográficamente difícil, económicamente estable -algo mejor en sus indicadores con respecto a la última década del siglo XX-, políticamente polarizado, culturalmente abigarrado y con un relativo proceso de inclusión social en marcha. Características que  hace que Bolivia se encuentre entre los países que carecen de capacidad para influir efectivamente sobre procesos de formulación de políticas exteriores.

Sin embargo, pese al salto significativo en los indicadores macroeconómicos, Bolivia no alcanza un importante desarrollo industrial. Cuenta con unas Fuerzas Armadas con capacidad bélica defensiva mínima y ofensiva inexistente, una artificial cohesión interna, producto de su diversidad cultural, y sus regionalismos extremos, que se desarrollan en torno a una accidentada y difícil geografía, con una potencialidad de recursos naturales neutralizados por divergencias internas que hacen de Bolivia un país de débil influencia en el sistema internacional.

A ello se suman problemas de extrema pobreza, corrupción casi generalizada, especialmente en las esferas gubernamentales, discrepancias políticas internas y una evidente ausencia de voluntad de concertación por parte de los gobernantes que hacen perder de vista los intereses nacionales y sus objetivos permanentes de política exterior.

Este sucinto balance del poder nacional nos permite detectar que el poder real de Bolivia; es decir, que su capacidad e influencia efectiva en el sistema internacional son mínimas. Dentro de este contexto realista, el pensar que somos el ombligo del mundo –mitomanía vanidosa– o que lo que nosotros decimos o hacemos será tomado en cuenta por el sistema internacional es una suerte de autoengaño, que podrá tener ocasionalmente consecuencias positivas en lo interno, pero que en lo externo siempre será perjudicial a nuestros intereses.

Persiste, por lo tanto, el desafío de plantearse el desarrollo de una nueva racionalidad política, acompañada de capacidades institucionales y estrategias que permitan a Bolivia ejercer efectiva influencia en el contexto regional e internacional.

Fernando Salazar Paredes es abogado internacionalista.
45
1

También te puede interesar: