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El satélite de la luna

Antes y ahora

Antes y ahora
"Antes”, cuando ingresé a la docencia universitaria, en el lejano 1974, tenía 27 años; "ahora”, a poco tiempo de haberme jubilado, me acerco con más experiencia y sabiduría a los 70, un asombroso incremento del 160% de años de vida.

Antes las pizarras eran de piedra y se rayaban con tiza blanca (las tizas de colores eran un lujo); ahora se usa pizarras acrílicas y marcadores, con innegables mejoras en la salud y la calidad de vida de estudiantes y docentes.

Antes mis estudiantes tomaban apuntes en cuadernos y blocks de notas, fomentando la tala de árboles; ahora pueden grabar, fotografiar, filmar y borrar cada detalle de la clase, incluso los desvaríos del profesor. 

Antes los alumnos hacían sus tareas en casa con la ayuda de un libro prestado de la biblioteca y una "regla de calcular” (niños que me leen – ¿me leen? -  pregunten a sus abuelos qué es ese artefacto prehistórico). Ahora las hacen - cuando las hacen - en cualquier lugar, sentados frente a un computador, con la ayuda de sofisticadas calculadoras, navegando por internet,
principalmente Google y Wikipedia. ¡Cómo hemos facilitado la vida y los estudios! Infelizmente, para que los alumnos aprendan cada vez menos y precisen estudiar durante más años.

Antes el docente dictaba clases con una mezcla de conocimiento, memoria y chanchullo. Ahora se ha vuelto un artista de karaoke: lee lo que se va proyectando en la pizarra. Clases perfectas, sintéticas, rápidas e inservibles.

Para vencer un examen, antes los alumnos estudiaban la materia; ahora estudian al profesor.

Antes las notas se exponían en una vitrina, escritas con una "máquina de escribir” (niños, sigan preguntando); ahora se colocan en un archivo electrónico que los estudiantes consultan mediante una clave personal. Gran ahorro de tiempo, papeles y papelones.

Antes para algunos trámites te pedían la cédula de identidad, ahora te exigen para todo trámite dos fotocopias de carnet, con destino a un agujero negro de la burocracia.

Antes las prácticas y exámenes se imprimían con el "ciclostile” o mimeógrafo (jóvenes, a seguir molestando a los abuelos); ahora se lo hace con fotocopiadoras de color o por whatsapp. 

Antes había agua en los baños y laboratorios; ahora se depende del turno de EPSAS.

Antes había bancas en los patios para conversar, discutir y enamorar; ahora hay "smartphones” para chatear hasta en las clases, sin acariciarse siquiera la mano. ¡Vaya avances!
Antes había asambleas estudiantiles y docentes para debatir los problemas de la universidad y del país, y actuar con valentía y altruismo ante las injusticias sociales y la prepotencia de las autócratas. Ahora hay avisos de fiestas para todo gusto en cada fin de semana.

En suma, antes había jóvenes en las universidades, ahora hay pre-adultos.

Con este "informe de gestión” pretendo realzar los grandes logros de mi paso por la UMSA durante 41 años. No estoy lejos de la verdad si afirmo que esos avances superan con creces los que la UMSA y sus docentes lograron antes, durante 144 años.

Admito que quedan aún pequeños problemas que los brillantes profesionales formados en este tiempo no han logrado solucionar y en contados casos han empeorado.

Presumo que son pocos los profesionales que creen que hay una manera correcta de violar la ley; que es justo recibir un salario sin dar nada a cambio; que es astuto aceptar un cargo para el cual no se tiene la más mínima competencia y aptitud; que es normal definirse periodista poniéndose al servicio del poder; que se puede mentir impunemente; que hay que hacer la vista gorda ante la existencia de exiliados, presos y acosados políticos en democracia. 

La mayoría, lo sé, no son así. Entonces, ¿por qué muchos de ellos han embargado su voz?

Francesco Zaratti es físico y analista. Twitter: @fzaratti
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