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El Árbol de la Rerere

El Árbol de la Rerere
La Primera Pareja, autodenominada "Yunta”, se estableció en el Jardín del Edén, repleto de toda clase de animales domésticos y salvajes, fruta para alimentarse, y hojas para "pijchar”. En el centro del Jardín, su dueño, el Pueblo, plantó el Árbol de la Rerere, protegido por alambres de púas, marca Copolma, de sólida Constitución. 

El Pueblo dispuso que el jefazo Adán y su pareja permanecieran a cargo del Jardín durante 14 largos años, al cabo de los cuales debían retirarse. La advertencia fue clara: "no se atrevan a comer del fruto del Árbol de la Rerere, porque,  si lo hacen, enloquecerán”.

La Serpiente Conalcam era el más obsecuente de los animales del Jardín. Un día se acercó a la Yunta y preguntó al Adán: "¿Es cierto que el Pueblo les ha prohibido comer de todos los árboles del Jardín?” Respondió: "¡No! Sólo nos prohibió comer del Árbol de la Rerere, para que no enloquezcamos”.

Conalcam replicó: "¡Mentira! Al contrario, si comes de ese árbol te quedarás para siempre dueño del Jardín y podrás deforestar y plantar 20.000 hectáreas de coca; explotar petróleo; erigir Museos a tu nombre; construir plantas nucleares y levantar megarrepresas hidroeléctricas para vender energía y calor al infierno”. 

El Adán vio que el Árbol de la Rerere era bueno para comer, apetitoso a la vista y excelente para lograr perpetuarse a cargo del Jardín. Lo comió y lo ofreció a su pareja de Yunta, quien también comió.

En ese instante se les abrieron los ojos y se encontraron desnudos y perdidos. Un reloj que giraba en sentido anti horario (don del jardinero Incadavid) empezó a mostrarles los días, las horas y los minutos que faltaban para que abandonaran el Jardín. Tuvieron miedo. Miedo a perder el control del portón del Jardín; miedo a la prensa libre; miedo a perder su careta indígena de Yunta hecha a imagen y semejanza del Pueblo; miedo a que se descubra su ineptitud; miedo a juicios por los derroches que hicieron con las riquezas del Jardín. Miedo al futuro.

En seguida, ante el Pueblo que les pedía cuentas, conscientes del error cometido pero ya presa de la locura, quisieron negar el haber comido el fruto prohibido; sin éxito. Discutieron y riñeron, buscando un culpable. El Adán repetía que no sabía nada, que nunca fue informado. Juntos gritaron que ese acto de locura no fue obra de ellos, sino de la Serpiente Conalcam que los sedujo con mentiras, mas nadie les creyó.  En sus alucinaciones, intentaron mostrar que el árbol y su fruto nunca existieron, que fueron un hechizo de Gazapata, mitológica y mitómana diosa china de la telenovela, una cara-muy-conocida en el Jardín. Desesperados, convocaron a sus abogados, fiscales y jueces para que arreglaran la bobada cometida, pero, ante la severa mirada del Pueblo, esas tristes figuras se hicieron gas, al igual que las reservas monetarias e hidrocarburíferas del Edén que la Yunta heredó sin méritos propios.

Entonces el Pueblo sentenció: la Serpiente Conalcam fue condenada a arrastrarse en el suelo y amarrar eternamente los zapatos del jefazo. Al compañero de Yunta el Pueblo lo obligó a salir al exterior del Jardín para terminar sus estudios de astrología y a ganarse la vida con el sudor de su frente. Al Adán, por haber confiado en charlatanes, lo escarmentó a vivir bajo el miedo a perder nuevas elecciones, a ser el escarnio de las redes sociales y a mirar para el resto de su vida las "entrevistas” de ATB y los "noticieros” de Bolivia TV, junto a la diosa que -lo reveló ella misma en una entrevista-  solía salir cada viernes de la costilla de su amado. 

Finalmente, para que la Yunta no reincidiera en su pecado, el Pueblo la expulsó del Jardín y la envió a bailar con la Diablada Fondioc en la Entrada de Oruro.

Francesco Zaratti es físico y analista.
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