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Folio político

El fin del giro a la izquierda

El fin del giro a la izquierda
El famoso giro a la izquierda que comenzó en América Latina a comienzos de los años 2000 llegó a su fin.
 
Primero porque casi todos los partidos de izquierda en América Latina, como el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), cayeron en un profundo desprestigio debido a las estrategias autoritarias que practicaron y, en segundo lugar, porque decepcionaron a sus bases con la promesa populista de un socialismo que terminó reviviendo una conducta irresponsable, donde destaca la violencia, intolerancia e ineficiencia secular en el manejo de un Estado exhausto frente al gasto público e inerme ante una burocracia que jamás derrotó la corrupción.

Después de caído el Muro de Berlín (1989) y desaparecida la Unión Soviética (1991), la izquierda desmanteló sus movimientos armados y trató de orientarse hacia una dirección que archivó para siempre las utopías revolucionarias. Éstas intentaron alimentar la creencia donde el capitalismo podía y debía desaparecer. El giro a la izquierda dejó de desarrollar la ideología como interpretación teórica para visualizar un hombre nuevo y una sociedad sin formas de explotación. La izquierda armada hizo todo lo posible por destruir los sistemas democráticos para permanecer en el poder, como si enriquecerse y aprovecharse de las facilidades que permite administrar un Estado fueran el objetivo más preciado.

Lo que liquidó al giro a la izquierda fue el impulso caudillista y antidemocrático de Hugo Chávez (1954-2013) en Venezuela, el cinismo de Daniel Ortega en Nicaragua y la persistencia de Raúl y Fidel Castro como la dictadura cubana más tradicional que se acostumbró a gobernar sobre una sociedad profundamente desigual. 

La utopía de izquierda en el siglo XXI se caracteriza por desvirtuar la teoría de la revolución para promover tácticas banales de hacer política, como la negociación con todo tipo de actores sociales únicamente en función de otorgar prebendas e inutilizar las ideologías marxistas y leninistas. Las acciones políticas dejaron de identificarse con las convicciones que buscaban derrumbar el orden capitalista.

El giro a la izquierda latinoamericano tuvo resultados despreciables debido a que los gobiernos, como el de Hugo Chávez, alentaron la idea de un socialismo retórico donde quedaba eliminado el mínimo respeto de una oposición que piense diferente y proponga alternancia en el poder. El chavismo desplegó una intensa comunicación política con el fin de mostrar que sólo Chávez tenía la razón y así justificar su reelección indefinidamente. La izquierda del siglo XXI es reacia a pensar en las contradicciones y evaluar un entorno político sobre la base de conocimientos pluralistas.

El mandato de Chávez en Venezuela, de 1999 a 2013, mostró claramente cómo se reprodujo una cultura autoritaria que instaló en el poder a una élite militar, la cual nada tenía que ver con el pasado revolucionario que dominó la historia desde 1917 hasta la destrucción del comunismo en Europa del Este. La revolución bolivariana fue una extraña mezcla de radicalismo discursivo y promesas de un mundo mejor, a partir de una visión de gastos dispendiosos desde el Estado que desembocaron en un chantaje emocional permanente. El giro a la izquierda vendió la idea del fracaso democrático del sistema de partidos tradicionales de orientación liberal y centro-derechista, nutriéndose de los resultados perversos que generaron las políticas de mercado entre 1989 y los años 2000.

La izquierda de Daniel Ortega con el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) en Nicaragua, el mismo Partido de los Trabajadores (PT) de Ignacio Lula da Silva en Brasil, Evo Morales en Bolivia y Rafael Correa en Ecuador, solamente expresan que la toma del poder no fue capaz de sobrepasar el pensamiento conservador (atrapar el poder y chuparlo para beneficio personal). Difundieron el socialismo del siglo XXI sin considerar la solidaridad, ni el compromiso con los principios de humanidad igualitaria, anulando así la reinterpretación utópica de la política porque se negaron a ver el largo plazo como democracia abierta a ideas distintas y demandas para derrotar la pobreza.

La izquierda del siglo XXI terminó por apuntalar la influencia del capitalismo financiero post-industrial. Ni Brasil, Argentina, Bolivia, Cuba, Venezuela, Ecuador o Nicaragua redujeron la pobreza en 50% de la población que vive con menos de un dólar al día. Dilapidaron los recursos fiscales sin diversificar la economía, nunca reformaron las universidades y tampoco impulsaron una nueva generación de dirigentes demócratas con el fin de articular un programa de gobierno que posibilite el acercamiento a diferentes grupos de la oposición y a sectores intelectuales, cuya legitimidad radica en la moral y no en el cálculo para eternizarse en el poder.

Franco Gamboa Rocabado es sociólogo, doctor en ciencia política y relaciones internacionales, miembro de Yale World Fellows Program.
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