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Folio político

La derecha: pálida imagen

La derecha: pálida imagen
Transcurrieron 11 años desde que la derecha dejó de ser una opción de poder en el ascenso a la presidencia dentro del sistema político. Su posicionamiento a la cabeza del Estado durante el periodo neoliberal (1985-2005) estuvo fuertemente marcado por tres influencias decisivas: la primera tiene que ver con la articulación política de coaliciones de gobierno entre el MNR, NFR, ADN, MBL, MIR, UCS y Condepa. Supuestamente, esto garantizaba las exigencias de gobernabilidad para afianzar la elección de presidentes y otorgar así estabilidad al sistema democrático representativo. Sin embargo, estas coaliciones nunca lograron un consenso político acerca de planes de gobierno serios. 

Tampoco tuvieron visiones de reforma estatal a largo plazo y solamente se dedicaron a reclamar cuotas de poder clientelar para los partidos que pensaban en construir una hegemonía al margen de las demandas de una democracia más inclusiva.

La segunda influencia fue la percepción y diagnóstico equivocado que hizo la derecha sobre las condiciones de la economía de mercado, endiosando irreflexivamente las políticas de privatización de empresas y servicios públicos. Las diferentes versiones de la derecha reeditaron un viejo estilo caudillista e ingenuo: descartar, de golpe y sopetón, otras formas institucionales de la democracia, como el referendo, las asambleas constituyentes y el control social en presupuestos participativos, descalificando las ideologías indianistas y todo tipo de concepciones que legitimen de mejor manera la toma de decisiones gubernamentales. La derecha fue elitista en exceso, prebendal con sus correligionarios y poco consecuente con la modernización de sus partidos, que siguieron siendo máquinas para canalizar intereses personales.

El tercer aspecto que marcó buena parte de las gestiones gubernamentales de la derecha: las administraciones de Víctor Paz Estenssoro (1985-1989), Jaime Paz Zamora (1989-1993), Gonzalo Sánchez de Lozada (1993-1997, 2002-2003), Hugo Banzer (1997-2001), Jorge Quiroga (2001-2002) y Carlos Mesa (2003-2005) fue su estilo de liderazgo: no convertir sus estrategias presidenciales en mecanismos que sean más receptivos hacia el carácter multicultural e indígena de la ciudadanía democrática. Estos gobiernos representaron a una ideología conservadora en el momento de imponer diferentes políticas públicas. Fueron extremistas en la privatización y poco flexibles para reformar las instituciones democráticas con capacidad de gestión sin caer en atolladeros autoritarios.

El discurso político de la derecha hundió en el desprestigio porque las grandes masas del país creyeron que el modelo neoliberal nos entregó al endeudamiento, al estancamiento productivo, a la estigmatización de ser un país indígena sin posibilidades de modernización homogénea y a la burocratización de un Estado centralista que nunca se reconciliaba con la diversidad del pueblo.
 
La derecha perdió iniciativas hegemónicas y se negó sistemáticamente a incorporar en sus visiones de futuro a los valores de igualdad de oportunidades, dignidad, equidad, institucionalidad e interculturalidad.

En todas las coaliciones de la gobernabilidad neoliberal reinó un ambiente de pugnas internas por fracciones de poder. La derecha exageró la evaluación del país para llamar la atención popular y aparecer como los superiores que estaban destinados a dominar el Estado porque tenían mejores instrumentos, y conocimientos. Todo representó una quimera. Nunca fueron una fuerza unida y bien articulada. La derecha no pudo controlar a sus socios políticos en función de compromisos futuros y lealtades legítimamente democráticas. Las coaliciones fueron débiles para estructurar un solo plan de gobierno debido a la ausencia de mecanismos de coordinación política. Cada partido era  una isla que buscaba sacar provecho inmediato y unilateral.

A la derecha le faltó una capacidad de control racional y estratégico del Estado. Aplicaron algunas directrices de la economía de mercado, junto con objetivos gubernamentales extremadamente generales y ambiguos. La derecha tiene una profunda crisis de credibilidad ideológica, abandonó la innovación y la renovación de líderes, dejando de transmitir una imagen de dirección al no presentar metas y propuestas precisas de consolidación democrática. Lo que queda es únicamente una lista de intenciones sobre reformismo democrático y retóricas que apelan a la igualdad, y lucha contra la pobreza que ya no responden a las demandas de una sociedad hastiada con las caras de Paz Zamora, Tuto Quiroga, Doria Medina y Sánchez de Lozada. La derecha está ante su peor crisis de identidad política e ideológica.


Franco Gamboa Rocabado es sociólogo político, catedrático de ciencias políticas de la Universidad Mayor de San Andrés.
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