La Paz, Bolivia

Viernes 24 de Marzo | 10:05 hs

Recuerde explorar nuestro archivo de noticias
Folio político

Reformar el Estado: agenda del Leviatán

Reformar el Estado: agenda del Leviatán
Las reformas al Estado constituyen una tarea siempre riesgosa y al mismo tiempo fundamental, no solamente para orientar las políticas públicas, sino para reconciliar permanentemente la comunicación entre la sociedad civil y la legitimidad de las estructuras estatales. La agenda de reformas estatales, junto con sus construcciones conceptuales, adquirió un especial énfasis en la década de los años 90. En aquel entonces, se hablaba de generar las mejores condiciones institucionales para la gobernabilidad y las transformaciones económicas en el marco de la economía de mercado. 

Fue aquí donde surgió una burda desorientación porque se asumió que el núcleo de las reformas del Estado giraba en torno a la reducción de su participación en la economía y  la desburocratización. Si bien estos retos eran importantes, todo se desvió para privilegiar la gobernabilidad como equilibrios políticos en los regímenes que detentaban el poder, relegándose la reforma estatal, negándose su fortalecimiento político y afectándose mucho más su débil autoridad y capacidad institucional. 

Las reformas del Estado durante la implementación de las políticas de mercado, contrariamente debilitaron las instituciones estatales, promoviéndose los arreglos estratégicos del sistema de partidos políticos, los procesos electorales, las coaliciones gubernamentales y la integración de los actores marginales: indígenas, mujeres, pobres y algunos movimientos sociales. La integración, supuestamente, democratizaría más el sistema, siempre y cuando todos se adapten a la economía de mercado. 

Esto fue una falacia porque la integración representó, en muchos casos, desmovilización de la oposición y la gobernabilidad se transformó en una lógica de élites y oligarquías competitivas para conquistar el poder. El Estado no superó su debilidad como autoridad soberana y cuando las reformas de mercado no generaron los ingresos y los éxitos esperados, todo se derrumbó sin que el Estado pueda controlar las crisis. 

Hoy, la agenda de las reformas estatales se debate entre el replanteamiento de la gobernabilidad, y la identificación de nuevas propuestas para reconstruir las capacidades del Estado como escenario de lucha de clases, integración de actores sociales y complemento para el desarrollo de la sociedad civil. 

Las reformas del Estado requieren que éste sea más él mismo, es decir, un "Leviatán” de verdad. Ahora bien, es aquí donde se perdió la brújula. Muchos temen que al fortalecerse el Leviatán, rebrote la violencia y la democracia se destruya. Sin embargo, los regímenes democráticos están siendo erosionados, precisamente porque el Estado funciona mal. La agenda de reformas necesariamente debe devolver al Estado sus derechos como autoridad legítima y, sin duda, el Leviatán tiene que consolidarse, por la razón o por la fuerza. Desde el siglo XVII, cuando Thomas Hobbes publicó El Leviatán en 1651, debemos entender que el poder del Estado representa una necesidad imprescindible, tanto para el funcionamiento institucional de la burocracia, como para estar convencidos de que el Estado constituye el cerebro de la sociedad.

Asimismo, debemos analizar con mucho cuidado cómo manejar los instrumentos característicos de la gestión pública, dentro de una coherente "gestión estatal”. Esto es totalmente diferente. La gestión estatal se conecta con una comprensión sobre las deficiencias del Estado que se remiten a su origen histórico. Gestionar el Estado (Leviatán) significa comprender que las transformaciones en la gestión pública pueden no tener ningún impacto de largo plazo, así como si se logra un cambio substancial en la gestión estatal, históricamente el conjunto de la sociedad avanza y efectiviza el éxito de la gestión pública.

La gestión pública es más coyuntural, episódica políticamente, eficiente en la planificación y el control de situaciones concretas para el Estado; empero, la gestión estatal es mucho más estratégica, profunda en el largo plazo, y más difícil en cuanto a la posibilidad de sugerir reajustes estructurales que ejerzan un impacto verdaderamente duradero en la misma sociedad civil.

Franco Gamboa Rocabado es sociólogo político, catedrático de Ciencias Políticas de la Universidad Mayor de San Andrés.
37
5

También te puede interesar: