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Raíces y antenas

En la luna de Paita

En la luna de Paita
Altos funcionarios públicos y ejecutivos del sector privado generalmente tienen agendas de trabajo amplias,  y complejas. Para lidiar con estas abigarradas realidades, en la mayoría de los casos, el Estado y las empresas  elaboran planes de desarrollo, programas de gobierno  o estrategias empresariales que contienen la visión, la misión y los objetivos. En estos documentos se concentran los grandes lineamientos de gestión y sus metas concretas. 

En el caso del sector público encontramos temas como el agua como derecho humano,  la estabilidad macroeconómica, la reducción de la pobreza y decenas de otras metas. En el ámbito empresarial,   la agenda puede ser el lanzamiento de un nuevo producto, la ampliación del mercado externo, el desarrollo de los recursos humanos o la innovación tecnológica. 

Las estrategias y agendas de trabajo son conducidas  por el presidente o el gerente general (CEO), con el apoyo de equipos de trabajo: en el primer caso, el gabinete de ministros, en el segundo, la alta gerencia. Conocer e implementar las estrategias y metas es responsabilidad de los ejecutivos y, por supuesto, de la cabeza de la institución. En el caso del Estado, ese mandato está en la Constitución  y en el plan de gobierno.  En el ámbito privado, la  responsabilidad está establecida en los estatutos de la empresa y en el plan estratégico. Generalmente, el instrumento de implementación de planes es un presupuesto, donde se establece fuentes de ingresos y destinos de gastos e inversiones. Así mismo, existen los mecanismos institucionales  de seguimiento, control y supervisión de la gestión. En el caso de la administración pública, el Poder Legislativo aprueba el presupuesto de una gestión. La Contraloría hace la evaluación a posteriori.  
En el sector privado, un consejo directivo, cumple una función similar y también  aprueba el presupuesto. 

Cuando hablamos del Estado, esto representa la calidad de la gobernabilidad y transparencia del gobierno, que debe rendir cuentas frente a los ciudadanos que los eligieron. En el ámbito privado, esto nos refiere al gobierno corporativo, que en última instancia vela por los intereses de los accionistas y grupos de interés de la empresa. Por supuesto, existen también grandes diferencias entre la lógica de funcionamiento del área pública y privada, pero en última instancia la ciencia de la gestión, en ambos ámbitos,  establece líneas de comando muy claros y responsabilidades bien determinadas. En este contexto y nivel de decisión, los ejecutivos muy difícilmente pueden aludir desconocimiento de las líneas estratégicas, los objetivos de política y las inversiones. Esta es la esencia del trabajo del presidente o el CEO y su equipo de alta gerencia, ministros y gerentes.
   
Preocupa de sobremanera que altas autoridades del país, con mucha frecuencia y en diferentes ámbitos, reconozcan que desconocen de temas estratégicos del Estado, que estén en la luna de Paita, como es el caso de la crisis del agua en La Paz y otros. 
 
Con el ánimo de contribuir a hacer un mejor seguimiento de ciertos temas críticos para el futuro del país, me permito elaborar una ayuda memoria para los dueños del poder y así evitar que repitan con tanta frecuencia la muletilla, cada vez más desgastada y poco creíble: "Yo no sabía”.   Ciertamente se trata de una lista parcial de asuntos, pero esto podría inspirar a los gerentes públicos y otros ciudadanos para crear un sistema de alerta temprana.  
 
Comencemos por los temas macroeconómicos. El nivel de reservas internacionales del Banco Central está bajando a una razón promedio de 40  millones semanales. A finales del 2014, estas estaban cercanas a 14.000 millones de dólares. Hoy llegan a 10.700 millones de verdes.  Al igual que el agua, las reservas no son infinitas. Sería muy prudente rebajar la velocidad de estas pérdidas, especialmente si van a financiar el déficit público. Así que, papel y lápiz compañeros, y tomemos nota. Después no vale decir ¡Uy caray! A mí nadie me ha dicho. 
 
Por cuarto año consecutivo y desde el 2014, el déficit fiscal está en aumento. En el 2017, la pérdida llegará a 3.000 millones de dólares, esto es el 7,8% del Producto Interno Bruto (PIB). Esto no es sostenible. Urge realizar cortes en gastos dispendiosos: propaganda, viaje, palacios y alfombras. Rezar para que el precio del petróleo suba nuevamente no es una política pública, es irresponsabilidad ideológica. Se requiere un ajuste fiscal a las nuevas condiciones del contexto externo, sin sacrificios sociales, pero cortando la fiesta del rentismo. El tamaño del agujero fiscal es gigante y después no se podrá aducir desconocimiento y no vale echarle la culpa al imperio. 
 
Cabe también informar a los del árbol del poder que en 2019 debemos renegociar el contrato de venta de gas natural al Brasil y que los temas álgidos son: 1) Bajos niveles de reservas del energético y se requiere fuertes inversiones de exploración. 2) Nuevo precio del gas, los brasileños ya no aceptarán la indexación al precio del petróleo, ya existe  un mercado independiente del gas natural, cuyo precio es más bajo que aquel que está conectado al crudo. 3) Es muy probable que el comprador de nuestro gas no sea Petrobras, sino varias empresas públicas y privadas.  Esta será una negociación más compleja, por lo que se requiere de equipos técnicos y muy sofisticados. Ahora de los qiubos, no podemos decir que no sabíamos que se necesitan gente competente y con experiencia para estos menesteres.  
 
Una de política sectorial, vinculada a la crisis del agua y esto es válido tanto para los gobiernos locales como nacional. La rápida urbanización y el boom de la construcción, en curso, hará colapsar los servicios básicos. Donde antes había una casa en la vivían máximo 10 personas, ahora hay un edificio donde habitan 200 almas. Los desagües y  alcantarillas son infraestructuras que tienen más de 50 años. El rato que este sistema colapse, no vale decir algo huele mal, pero yo no fui, fue Tete.
 
Gonzalo Chávez A. es economista.
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