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Gonzalo Chávez A.
Raíces y antenas

Y los lobos cambiaron el curso de los ríos

Y los lobos cambiaron el curso de los ríos
En Estados Unidos, en las primeras décadas del siglo XX, la política oficial era matar a los lobos en todo el país, incluso en las reservas naturales, como Yellowstone. Entre 1924 y 1995, el ecosistema natural de este parque fue alterado sustancialmente por la ausencia de lobos. En este nuevo escenario, quienes comenzaron a reinar en el parque fueron los venados, que se comieron toda la vegetación cercana al río, produciéndose la desertificación de la zona y la desaparición de varios otros animales.

A inicios de 1995, el gobierno local y varias organizaciones ecológicas reintrodujeron 12 lobos en el parque nacional de Yellowstone.  Las fieras sueltas comenzaron a cambiar el comportamiento de los venados, quienes empezaron a evitar ciertos lugares del parque, donde ellos podrían ser fácilmente atrapados. ¡Y esas áreas comenzaron a regenerarse! Los bellos árboles crecieron cinco veces más que antes y los lugares estériles se convirtieron en bosques frondosos con nuevos animales. Con la nueva vegetación volvieron los pájaros poblando con sus cantos el parque. Reaparecieron los castores de filosos dientes construyendo represas. Patos, ratas, nutrias y peces volvieron a poblar las cristalinas aguas del río.
 
 Los lobos formaron manadas que se comieron los coyotes. Con menos de estos depredadores volvieron los traviesos conejos y saltarines ratones. Estos roedores trajeron zorros, comadrejas y búhos de vuelta al parque. Las águilas y los halcones volvieron a reinar en Yellowstone. Luego, los osos pardos se unieron y se alimentaron de las fresas de los nuevos árboles. El retorno de los lobos comenzó a transformar el ecosistema. Pero lo más increíble que sucedió,  con la vuelta triunfal de los lobos, fue el cambio del curso de los ríos. En efecto, con menos erosión y más pozas formadas, dejaron de ser caudalosos y su curso se ordenó.
 
Así los lobos reordenaron el ecosistema a su alrededor. Esta sorprendente modificación de la naturaleza se conoce como cascada trófica. "La cascada trófica es una serie de efectos indirectos amplificados que los animales que están en la cima de la cadena alimenticia ejercen sobre aquellos organismos que están en niveles inferiores. Este fenómeno regula la densidad de los herbívoros y el bienestar del ecosistema”.
 
Lo que usted acaba de leer amable lector es la descripción de un video elaborado por Sustainable man, cuyo título toma esta columna, que me permito recomendar, enfáticamente, que lo vea. https://www.youtube.com/watch?v=nHdBB9zTuNA
 
 En el ecosistema del desarrollo económico boliviano, en los últimos 200 años, las políticas públicas centradas en el extractivismo, de izquierda y derecha, en algunos casos han matado o en otros no han permitido que nazcan un tipo de emprendedores vitales en la cadena de la revolución productiva. En las praderas económicas nacionales, pesados paquidermos estatistas o privados han destrozado el ecosistema, impidiendo que otros actores del desarrollo abran sus alas creativas e innovadoras. 
 
 Los ríos de la generación de riqueza y justicia social han perdido fuerza y curso. Se ha producido una desertificación en el tejido productivo. Los bolivianos tenemos pocos árboles para cosechar desarrollo. Minería, hidrocarburos, servicios, algo de agroindustria, para mencionar los más importantes. La fauna y flora es escasa y pobre. 
 
 En estas circunstancias,  uno de los desafíos más importantes de las políticas de desarrollo es restablecer las cascadas tróficas de la creatividad, la innovación y el emprendedurismo, creando nuevos territorios productivos e inteligentes. Reinventando los ecosistemas. 
 
 Según una metodología desarrollada por Gulliver, una agencia de innovación, los ecosistemas de la innovación y el desarrollo también pueden ser acelerados, promoviendo el nacimiento de los nuevos lobos del siglo XXI, los emprendedores productivos y sociales de base tecnológica. Para ello se requiere pensar el ecosistema a partir de estrategias que afecten su entorno y estrategias que impulsen a los actores. 
 
 En el primer caso se requiere cultivar un nuevo sentido para el desarrollo económico. Cambiar el chip del extractivismo rentista que ordena los imaginarios políticos, económicos y sociales del país a partir de la explotación de los recursos naturales, y sustituirlo por un chip de la innovación vinculado a la producción y también a los servicios, de preferencia aquellos vinculados a las tecnologías de la información. Es decir, crear un nuevo mantra, un nuevo credo. 
 
 Asimismo, se requiere enraizar una cultura de la innovación y emprendimiento en toda la sociedad. Cambiar la geografía de las ideas, reinventar el lenguaje a través del cual hacemos los negocios. Abandonar la cultura del rentismo desde la academia, el  sector público y también privado.  Con los nuevos decodificadores del desarrollo económico debemos ser capaces de fomentar la polinización cruzada,  para que todos los actores involucrados en este ecosistema se comuniquen e interactúen y reproduzcan el ciclo de la vida empresarial, social y productiva. 
 
 Pero, tal vez, el desafío más complejo para reinventar el ecosistema es incubar personas,  nuevos líderes apasionados que busquen generar valor en su sociedad y, como los lobos de Yellowstone, permitan la creación de una nueva fauna y flora del desarrollo. Parte de la responsabilidad de estos nuevos liderazgos recae en el sistema de educación (escuelas, colegios, institutos técnicos y universidades). 
 
 Pero el ecosistema de la innovación y el emprendimiento también debe incubar nuevas tribus;  es decir, un novel tejido social. En términos más técnicos: un nuevo capital social de castores-ingenieros, halcones-financiadores, nutrias-creativas, conejos-ONG, zorros-universidades, osos-públicos, pero, sobre todo,  lobos-emprendedores que cambien el curso de los ríos del desarrollo, poblando así territorios inteligentes; es decir,  espacios que buscan sintonizar competitividad económica,  cohesión social y sostenibilidad ambiental.
 
Gonzalo Chávez A. es economista.
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