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Raíces y antenas

La escuela castrense Adam Smith

La escuela castrense Adam Smith
Tal vez la derrota más importante sufrida por el antiguo régimen económico y político, denominado neoliberalismo, fue el derrumbe de la dirección intelectual de la sociedad; es decir, la pérdida de la hegemonía ideológica. A partir del 2006, un nuevo bloque social y político en el poder viene buscando construir un nuevo andamiaje conceptual, simbólico e ideológico en el país. Siguiendo a Antonio Gramsci, conquistada la sociedad política, que tiene la capacidad coercitiva, corresponde   también controlar la sociedad civil, entendida ésta como un conjunto de organismos privados desde donde se gesta, se crea y difunde la ideología dominante a través del sistema de educación y cultural, los medios de comunicación  y otros. 

 En esta concepción, sólo se controla el Estado si se tiene el palo de la coerción y si se administra del poder suave de la hegemonía. Hace más de 10 años se trabaja en esta línea. Los cambios en la Constitución y las diversas leyes promulgadas, la compra  y control de los medios de comunicación son los instrumentos para construir una imaginario económico, social y político. 

 La última perla en la tentativa de avanzar en el control el poder de Estado es el caso de la creación de la Escuela Antiimperialista. Aquí se busca el mejor de los mundos, adicionar al dominio legal de la Fuerzas Armadas, dictado por la Constitución Política del Estado, el control de la dirección intelectual y del sentido común de uno de los factores de poder más importantes de una sociedad: su gente armada. Convertir la ideología del Gobierno en una razón de Estado. 
 Pero hagamos las preguntas sencillas: ¿cómo se define imperialismo? ¿la lectura antiimperialista es de exclusividad de la escuela marxista?, ¿se puede enseñar a alguien a ser antiimperialista?, ¿cómo debería lucir un programa académico de una escuela como ésta?, ¿tendrá el adoctrinamiento ideológico efectividad?  

 El imperialismo es una forma de dominio económico, militar y político de una nación sobre otras que existe desde épocas remotas. Es así que imperios como el incaico florecieron entre los siglos XV y XVI y controlaron todo el Tahuantinsuyo; es decir, parte de Sudamérica. Si adoptamos esta perspectiva, ser antiimperialista sería condenar estas practicas de los pueblos de la región, que son los ancestros de las naciones aymaras y quechuas de la actualidad. 

 En otras latitudes del planeta también hemos tenido imperialismos feroces que han controlado regiones muy grandes (el otomano, el persa o el mongol). Es el caso de la Dinastía Ming que gobernó entre los años 1368 y 1644 y controló de manera imperial buena parte de Asia. En la actualidad, autores como Martin Jacques (When China rules the world) sostienen que China estaría en proceso de recuperación de su hegemonía imperial y parte de ellos sería su agresiva presencia en América Latina. En este contexto, ¿ser antiimperialista sería condenar el resurgimiento chino? 

 Ignorando estos hechos históricos, existe una tendencia actual fuertemente influenciado por el pensamiento marxista-leninista  a limitar como imperialismo al proceso de expansión económica que tuvo lugar en Europa a mediados del siglo XIX, sobre todo a partir de 1870, y éste fue conocido como imperialismo capitalista. Por supuesto que existen muchas interpretaciones y escuelas que definen el fenómeno del imperialismo y que éste es mucho más antiguo que su versión capitalista. Si uno adopta esta perspectiva histórica, que en todos los casos está asociada a violencia y saqueo, se puede enseñar a ser antiimperialista adoptando una posición de condena frente a este modelo de dominación.

 Pero como la historia para algunos, entre ellos los promotores de la escuela antimperialista,  se inicia donde comienza su ideología, es entendible que se asocie imperialismo al capitalismo y, más concretamente, a la acción internacional de Estados Unidos. En este sentido, es previsible que la propuesta académica de la nueva escuela esté dominada por Carlos Marx y sus seguidores. 

 Pero, a rigor, no existe en este autor una teoría del imperialismo. Como es ampliamente conocido, su trabajo fue interpretar y denunciar el modo de producción capitalista inglés. Es Lenin, en su libro El imperialismo fase superior del capitalismo, quien desarrolle el concepto de imperialismo, describiendo las fases de este fenómeno, que fueron de la concentración de la producción y el capital hasta la exportación de éste y el reparto del mundo, pasando previamente por la fusión del capital bancario e industrial.  Posteriormente, a partir de los años 60, muchos autores de países en vías de desarrollo ampliaron y polemizaron la teoría del imperialismo.
 
Algunos de  ellos fueron Samir Amin, Ruy Mauro Marini, Theotonio dos Santos, Immanuel Wallerstein o marxistas más contemporáneos como Atilo Boron o Michael Hard. Por lo tanto, para formar un pensamiento y actitud antiimperialista genuina el pénsum de materias deberá entrar en profundidad en los autores señalados. 

 Ahora bien, ¿qué de la educación musical antiimperialista?  Seguramente los oídos castrenses deberán ser educados con la nueva trova cubana. Silvio Rodríguez por delante. Pero  me preocupa que algunos de los alumnos de la escuela tomen literalmente frases tan fabulosas como "iba matando canallas con su cañón de futuro”.

Por supuesto, para curar tendencias proimperialistas de la niñez, los estudiantes deberán saber de memoria el libro Para leer al Pato Donald, de Ariel Dorfman. 

Por último, ¿será efectivo el adoctrinamiento? Recordemos que la escuela antiimperialista es la hermana antónima de la Escuela de las Américas y ésta, durante muchos años, formó a militares latinoamericanos. No obstante el esfuerzo y las becas, vemos que muchos de ellos resultaron contestones y cambiaron de ideología. Este fenómeno puede repetirse en sentido inverso y a futuro, con este precedente de convertir la ideología en razón de Estado, a alguien se le ocurra crear la escuela castrense Adam Smith.

Gonzalo Chávez A. es economista.
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