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Raíces y antenas

¿Luz al final del túnel o tren en dirección contraria?

¿Luz al final del túnel o tren en dirección contraria?
La coyuntura económica y política mundial ofrece señales muy confusas. Por un lado y desde una perspectiva de corto plazo  tenemos un leve reverdecer del crecimiento económico y del comercio mundial; por otro, se observa la profundización de una incertidumbre sistémica en el orden internacional. Veamos ambas perspectivas.

 Según la Comisión Económica para América Latina (CEPAL), el crecimiento económico mundial para 2017 será de 2,7%, resultado ligeramente superior al año pasado. Estados Unidos crecería en torno del 2%, Europa al 1,7% y China mantendría un producto similar al año pasado, lo cual ya es muy bueno, porque se detuvo la caída del producto en el gigante asiático.  Entre tanto, América del Sur  continúa en problemas debido a las crisis recesivas de países grandes como Brasil. El mejor desempeño de países pequeños como Bolivia no aumenta el promedio regional, que estaría en 0,9% para el año que transcurre.  

 También se observa un mayor dinamismo del comercio internacional con tasas de crecimiento cercanas al 3,11%. Asimismo, hay buenas noticias para la región latinoamericana, en general, y para Bolivia, en particular, en el año 2017: se estima una mejora parcial de los precios de las materias primas, en especial de minerales y cereales, un crecimiento de algo como 2% al año. Existe menos optimismo respecto al precio del gas natural y del petróleo, mercados, donde aún  reina mucha incertidumbre y mucha volatilidad.

 El relativo optimismo en los resultados macroeconómicos internacionales son opacados por el incremento de la incertidumbre en el sistema internacional a nivel estructural, a rigor estaría en jaque el orden liberal creado después de la Segunda Guerra Mundial. Analicemos esta situación concentrándonos en las megatendencias económicas y políticas.  

 En efecto, el orden internacional liberal que surgió después de 1945 fue un conjunto de instituciones multilaterales (Bretton Woods), que encabezados por  Estados Unidos  proporcionaron equilibrios parciales, ofreciendo bienes públicos mundiales como un comercio más libre, seguridad colectiva y la libertad de los mares. A este fenómeno se denominó como  globalización, un sistema de alianzas e imposiciones hecho a imagen y semejanza de los vencedores occidentales de la contienda bélica. Hasta los años ochenta este sistema internacional tenía su contrapeso en la Unión Soviética. A partir de los años noventa, el proceso de globalización  liberal se desarrolló con base en un mundo unipolar en términos estratégico-militares, donde la potencia estadounidense tenía el control en esta área, y un contexto multipolar a nivel económico, donde Estados Unidos compartía la hegemonía con Europa y China. Este orden internacional era cuestionado tan sólo por regiones y países en vías de desarrollo. 

 A partir de la victoria del Breixt y la elección de Trump en Estados Unidos se profundizaron reacciones populistas a la globalización y a los acuerdos comerciales dentro de los países desarrollados. Sectores importantes de estas sociedades comenzaron a criticar el orden internacional liberal como un proyecto de las élites. El origen de la reacciones son tanto económicas como culturales. Las regiones  que han perdido puestos de trabajo ante la competencia extranjera y los hombres blancos mayores que han visto disminuido su estatus social con el aumento del poder de otros grupos demográficos comenzaron a tener un mayor peso político y votar contra el sistema dominante. 

 En este contexto, la megatendencia más compleja y preocupante es la fragmentación del sistema internacional y un creciente incremento del proteccionismo  y el nacionalismo económico, en especial en los países desarrollados. Así mismo, se han instalado en el sistema tendencias centrífugas, donde Estados Unidos pierde fuerza parcial, en cuanto China y otras economías emergentes no tienen todavía la capacidad suficiente para establecer un nuevo orden mundial. 
Vivimos la agonía, que puede ser muy lenta, del sistema económico y político internacional de la postguerra. Lo paradójico es que esta megatendencia tiene su origen en temas internos de la potencia hegemónica, antes que en cuestionamientos externos. 

Al interior de este proceso de transición económica también están en curso cambios estructurales profundos como ser: 

1)  La cuarta revolución industrial,  el desarrollo de la robótica, la biotecnología y la nanotecnología.  Las brechas digitales y tecnológicas se amplían significativamente entre los países desarrollados y los países pobres.

 2) También hay una enorme preocupación en el mundo por los impactos del cambio climático. Los resultados del deterioro medioambiental ya son graves  pero las políticas públicas internacionales no acompañan los desafíos ecológicos del planeta.
3) El terrorismo y el narcotráfico son otros factores de tensionamiento en el sistema internacional de difícil administración, especialmente si se necesita coordinación interestatal.
 4)  La concentración de ingresos en manos de élites económicas sigue siendo un tema significativo,  ahora no sólo en los países pobres, sino también en las naciones desarrolladas.  
5) La transición demográfica y las migraciones han colocado en un nuevo nivel el debate sobre la globalización y la integración de los pueblos, especialmente en Europa. Ahora éstos son temas calientes, tanto desde el punto de vista económico como político, y han generado tensiones internas en los países de la Unión Europea.

 En suma, los ríos profundos  del sistema internacional están en movimiento, impulsados por nuevos populismos y nacionalismos, y por los cambios tecnológicos, lo que genera incertidumbre estructural. La leve recuperación de algunos indicadores económicos mundiales podría ser la luz al final del túnel,  pero si las megatendencias señaladas se consolidan y amplían, la luz en el túnel podría ser un tren en dirección contraria.   

Gonzalo Chavez A. es economista.
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