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Raíces y antenas

Matando a Sócrates con un iPad

Matando a Sócrates con un iPad
Jorge Patiño tuvo la gentileza de responder en el suplemento Ideas del anterior domingo a uno de mis artículos sobre los desafíos de la educación en siglo XXI.

 Patiño retoma un viejo debate. Contrapone la idea de una educación que permite el desarrollo del pensamiento abstracto, siendo éste el sendero correcto a seguir, versus una educación práctica, que habría recuperado cierto (falso) estatus debido a la incorporación de la tecnología de la información y la comunicación. Afirma que: "una parte significativa de los jóvenes teme la teoría y prefiere ser entrenada en la realización de tareas prácticas. La educación que describe Chávez responde a esos temores haciéndole el quite al desafío de desarrollar el pensamiento abstracto, esencial en el proceso creativo y la capacidad analítica compleja”. 

 Jorge propone una falsa dicotomía.  Sostengo que experimentación y teorización son un binomio inseparable que permitió la aparición del homo sapiens y el avance de la ciencia en diversas áreas. Es equivocado sostener que el pensamiento abstracto es el único camino para la creatividad. Parte del supuesto, también erróneo, que la única inteligencia de las personas es la lógica-matemática y deductiva. 

 Las nuevas generaciones, a las que se refería mi artículo, para Patiño serían una bando de monitos simpáticos a los cuales los seducimos con bananas digitales y les enseñamos a apretar algunos botones con afanes mercantiles. 

 La idea totalmente pifiada de Patiño es que a través de la experimentación no sería posible la abstracción, la creatividad y la capacidad analítica compleja. Sin decir Jesús, Jorge ignora la historia de la humanidad. Nuestros ancestros descubrieron el fuego, la flecha, la agricultura, justamente experimentando, probando y "haciendo y aprendiendo”, desarrollando la creatividad a partir de la práctica. Así mismo, a través de la cooperación -trabajo en equipo diríamos ahora- crearon órdenes imaginados, mitos compartidos, abstracciones de diversos tipos, que después moldearon prácticas sociales y, por supuesto, crearon teorías que después volvieron a la práctica como innovaciones tecnológicas. Ahora bien, su acusación de mercantilismo es liviana y no se aplica a las experiencias que conozco.

 Patiño tiene una visión aria del conocimiento, donde sin "la suprema teoría” nada es posible.
 
Pero entonces ¿cómo entrenamos a los poetas, periodistas, columnistas que se pasarán la vida leyendo, escribiendo y reescribiendo miles de páginas, aprendiendo el oficio en la práctica y la reflexión constante? Su inteligencia lingüística no cabe en el enfoque educativo de Patiño. ¿Qué de aquellos que tienen inteligencia visual-espacial y frecuentan facultades de arquitectura o escuelas de pilotos? Es decir, aquellos que reciben un entrenamiento fuertemente basado en el seguimiento de procesos, protocolos y mucha práctica. ¿Manís para ellos? ¿Y los futbolistas, los cirujanos, los botánicos, los biólogos, los geólogos, los chefs de cocina que desarrollan sus habilidades a través de  la observación, la repetición y la experimentación? Aquí hablamos de la inteligencia corporal, natural y cinestésica. 

¿Se puede imaginar cuántos miles de tiros libres entrenó Neymar antes de meter el golazo frente al PSG? O alguien en sano juicio cree que pasó estudiando la teoría de las parábolas en el fútbol escrita por un matemático que calculó la trayectoria perfecta de la bola? Aquí sugiero leer a H. Gardner.

 Pero lo que más parece incomodar a Patiño son las Escuelas de Negocios, donde es más valido -aunque también se trabaja con pensamiento abstracto- aprender de casos exitosos y fracasos de empresas, o practicar en negocios reales, en el modelo de aprender haciendo. Siguiendo a Xavier Sala i Martin: ¿de qué teoría del circo y sus payasos habrá sacado la idea Guy Laliberté para juntar teatro, danza y mímica, y crear el Cirque du Soleil? O ¿habrá estudiado Amacio Ortega el signo de la segunda derivada de la curva de costos para descubrir que Zara podía sacar colecciones de ropa semanales y no solamente por estación? O ¿el cocinero Ferran Adria habrá teorizado sobre la química para inventar la nueva cocina molecular? En el campo de emprendimiento, la creatividad surge de la observación y la experiencia; por supuesto, también va de la teoría a la acción. 

 Patiño, muy condescendiente, sostiene que "el sesgo en las reflexiones de Chávez (que la educación actual debe enfatizar la experimentación  con el uso de las TICs) no viene de falta de inteligencia ni conocimiento. Es más bien el resultado de una actitud de jáganhou (¿triunfalista?) del hubrisacrítico de creer que las frases compartidas entre iniciados agotan la verdad, que hay realidades incontestables que implican conclusiones obvias; las aplicables al entorno en que se aprende haciendo”. En palabras sencillas: a pesar de mis dotes intelectuales y 25 años de experiencia en el campo educativo, yo habría sido poseído por un híbrido entre Peter Druker y Steve Job para crear la Iglesia de los Hombres prácticos de los últimos días, y que ahora hablo en lenguas pendencieras, como el trípticortes (idioma de los trípticos, y prospectos de remedio), desarrollado para embaucar a  jóvenes, disidencias del homo sapiens, y que ahora como pastor cibernético  estaría en una trama siniestra de matar el pensamiento abstracto, representado por Sócrates, con la cicuta contemporánea: el IPad. ¡Pamplinas prejuiciosas y claro, pretensioantiquis! Coba Dixit. 

No creo en el falso debate que plantea Patiño, pero just in case, rezaré, a los Orishas del buen pulso para que el médico que me opere de aquí a 20 años, manejando un robot, de niño haya jugado miles de horas videojuegos en su iPad y que haya practicado la misma cantidad de tiempo durante su internado en un instituto técnico, como llama Patiño, de manera peyorativa,  a las escuelas de medicina. También le pondré una velita en agradecimiento al científico que desarrolló los conceptos matemáticos para construir el equipo. 


Gonzalo Chávez A. es economista.
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