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No es problema de diferencias ideológicas, sino de coeficiente intelectual

No es problema de diferencias ideológicas, sino de coeficiente intelectual
Con frecuencia y con mucha razón la gente me dice que debemos pasar de la problemática a la solucionática. Del diagnóstico o de la  crítica a la propuesta. Está claro que desde el Estado central hay un déficit de ideas estructural. Hace más de 11 años se repite el mantra de nacionalización de los recursos naturales y se presenta, como algo nuevo, al ya agotado modelo primario exportador, un abuelito económico que por lo menos tiene 500 años. 
 
Desde esta humilde columna se han hecho varias propuestas en el pasado. Hoy domingo de azul invierno volvemos a esa línea. Por demás está decir que un nuevo modelo de desarrollo debe partir de la revolución de lo local y de lo participativo, focalizarse en las ciudades, apostar a la innovación tecnológica, y hacer, tanto de la sostenibilidad medioambiental como de la inclusión social, sus principales estandartes de la esperanza y movilización. En Bolivia, más del 70% de la población viven en urbes medianas y grandes, y esto sólo tiende a aumentar. 
 
En estas circunstancias, nuestros espacios regionales deben convertirse en territorios inteligentes que a través de la promoción de la creatividad, la innovación y el emprendimiento redefinan las fronteras del desarrollo económico y social. En la nube de internet, en el ciberespacio de los servicios y el imaginario del futuro, Cochabamba del software colinda como Bangalore o San Francisco. La Paz del turismo y la gastronomía está a lado de Barcelona o Lima. Sucre de la historia hace frontera con capitales culturales, como Partí  o Cartagena. San José de Chiquitos de la música barroca  tiene vista a Ouro Preto o Bilbao y un largo etcétera para decenas de regiones o ciudades. 
 
Lo local se hace global, la comunidad  identifica un diferenciador histórico, tecnológico o cultural y éste se convierte en el motor del desarrollo. Así surge la idea fuerza de glocal; es decir, un territorio inteligente que mira y conecta al mundo a través del fomento y la promoción de nuevos ecosistemas, emprendimiento social y empresarial.
 
Un ecosistema es un tejido social de actores e instituciones de diverso tipo que se articula a través de las principales etapas de la creación de emprendimientos sociales y empresariales. A saber: 1) Creatividad e innovación, donde interactúan universidades, centros de investigación, laboratorios, corporaciones y organismos públicos. 2) Emprendimiento, donde se articulan enseñanza, investigación aplicada, políticas públicas y tanto la experiencia como el talento empresarial. 3) Diversos tipos de financiamiento público y privado, como ser capitales ángel, semilla, de riesgo e inversión patrimonial.
 
Según Daniel Isenberg,  del Babson College, un ecosistema de emprendimiento además de redes de personas y organizaciones, se compone de varios dominios: una cultura favorable a la innovación, liderazgos claros, capital humano de calidad, mercados desarrollados y una gama de apoyos institucionales  y de infraestructura, tanto públicos como privados. Estas tareas corresponden a un Estado emprendedor, local o regional,  que crea, fomenta, complementa las diversas capas de las inteligencias de los territorios. Veamos algunas de ellas siguiendo autores como Chourabi: 
 
Inteligencia competitiva y económica. Aquí,  la política pública y la acción privada promueven en el territorio el espíritu innovador en todas sus dimensiones, la cultura de cambio y transformación como práctica cotidiana  y, sobre todo, la capacidad creativa de acuerdo  con  la vocación local. Cada localidad, ciudad o región buscará su diferenciador, que puede ser en el folklore, la cultura, la historia, la tecnología, las artes o sectores más tradicionales como el turismo y la agricultura. 
 
Inteligencia medioambiental. El desarrollo local y urbano requiere de políticas ambientales transversales en el desarrollo inmobiliarios, en infraestructura, energía, seguridad, transporte, redes de comunicación y otros sectores. 
 
Inteligencia para la calidad de la vida. Esta capa tiene que ver con la dimensión ciudadana y de participación de la gente en el territorio, y busca mejorar las condiciones diarias de las personas,  y promover una interacción sana y respetuosa entre los componentes de la comunidad. 
 
Inteligencia social. Aquí se desarrollan conceptos como: e-salud, e-cultura, e-educación, e-seguridad, entre otros, que traducidos en acciones públicas concretas mejoran cualitativamente la inclusión social e igualdad. 
 
Inteligencia administrativa. En esta capa las políticas públicas y acciones privadas van destinadas a mejorar la administración de la República, promover la transparencia, el gobierno participativo e incluyente. Por supuesto, esto está vinculado a la seguridad, sostenibilidad financiera y planificación urbana. En suma, se trata de promover la gobernanza y gobernabilidad inteligente de instituciones, y el conjunto del gobierno, respectivamente. 
 
Finalmente y por eso no menos importante: inteligencia móvil y comunicacional. Esta dimensión tiene que ver con el transporte sostenible y ambientalmente responsable, además incluye la conectividad soportada por fibra óptica, redes de IP y accesos de bandas de alta velocidad.
 
Algunos ejemplos de territorios o ciudades inteligentes son ciertos distritos de San Pablo vinculados a la moda. Lima como cluster gastronómico. Teanjin en China, llamada la ciudad verde. Paju-Si en Corea, la ciudad de la Felicidad. Paratí en Brasil, el poblado de la poesía. Singapur, la ciudad de los negocios. Bangalore, el territorio del software, para mencionar sólo algunos ejemplos de desarrollo glocal.  
 
Como se puede concluir, esta visión de desarrollo basado en la potencia de lo regional, el poder de las ideas y la innovación tecnología no tiene diferencias ideológicas (mercado versus Estado) con la propuesta del modelo primario exportador,  sino de coeficiente intelectual, literalmente. Las capas de inteligencia de estos nuevos territorios son una construcción colectiva basada en la triple hélice: sector público, privado y academia.


Gonzalo Chávez A. / es economista.
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