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Cartuchos de harina

Un Nobel para el cumpa Dylan

Un Nobel para el cumpa Dylan
Con el Nobel a Dylan ocurre lo que con el Nobel de literatura conferido a Churchill en 1953. Se recelan razones extraliterarias o subalternas por la fama o influencia del premiado. Y surge una crítica de retrogusto elitista: nada que sea significativo en la calle puede ser de verdad bueno. Es como si el Nobel se lanzara a los brazos sudorosos de la política, de la popularidad, de los fans.

No obstante, Churchill confirma las razones de la academia sueca, que lo llamó "maestro de la biografía y la descripción histórica”. Los desafío a leerlo, aunque sus libros no pueblen ya las bibliotecas como antaño las de los abuelos. Algo así pasa con Dylan. Y hay también un mensaje irónico de los suecos en el premio a Dylan. Él es lo opuesto a la estrella de rock servicial con las hordas que lo siguen. 

Al contrario, Bob se ha encargado de cambiar de "electorado” musical según su voluble ánimo o sus zigzagueantes estilos, todos en medio de su veta de artista dotado. Es Dylan, cuya voz me hacía repetir de adolescente que era el único compositor incapaz de sacar provecho de sus canciones, siempre mejoradas por otros, como Hendrix o The Byrds. Después, Dylan se encargó de ilustrarme en décadas que lo suyo es la expresión que no se halla en las melodías sin golpes.
 
Sus peculiaridades, su tratamiento literario y poético, sus fuentes en la poesía británica y norteamericana, harían trastabillar a los que reclaman por la trivialización del Nobel a causa de Dylan. No es sólo un premio a su estrella, no pues.

Más bien hace años, después de que ganara el Príncipe de Asturias en 2007, temí que Dylan ya no alcanzaría el Nobel por las acusaciones de que lo suyo era un collage de textos de terceros, lindante con el plagio. Dylan refutó que inspirarse en escritos ajenos es la historia de la literatura, pero las acusaciones lastimaron el prestigio del personaje, aunque no tanto, por lo visto.

Su primer libro autobiográfico Crónicas, publicado en 2004 y best seller del año, está escrito también en prosa grata, aunque quien sabe si con excesiva atención a la germinación de sus canciones. Les transcribo en traducción libre mía un pasaje de muestra, para que lo saboreen: "Había leído el Príncipe y me gustó mucho. La mayor parte de lo  que dice Maquiavelo tiene sentido, pero algunas cosas suenan erradas, como cuando ofrece la sabiduría de que es mejor ser temido que amado. Casi te hace pensar si Maquiavelo realmente pensaba en grande. Sé lo que quería decir, pero algunas veces en la vida alguien que es amado puede inspirar más temor del que Maquiavelo nunca soñó”.

Dylan es una efigie del arte contemporáneo, lo que deja paralogizados a quienes esperan del Nobel designaciones menos multitudinarias. Se inició en el folk norteamericano, para después entrar en la onda eléctrica y sufrir los abucheos de bienintencionados jóvenes idealistas que creyeron ver en ese tránsito una traición, ejemplificada en el famoso concierto en Manchester -hace exactamente 50 años- en el que uno del público le grita "¡Judas!” a Dylan y éste responde pidiendo a su banda (los formidables The Band, que le hacían de músicos entonces): "play it fucking loud” ("toquen putamente fuerte” sería una idónea traducción no literal).

Dylan, el que abjuró de su fama y se rehusó a continuar como emblema de las protestas civiles de los años 60, razón por la que dicen que rompió su romance con la hiperglucosa Joan Baez. Su libertad o capricho lo han alejado tantas veces de sus huestes. Como cuando pasó por su fase cristiana. Entonces escribió textos corrosivos como el que les dejo al final, criticando a los que apelan al status de sentirse dichosamente antirreligiosos, tan especiales ellos. 

Claro que después Dylan abandonó igual el cristianismo en pos de alguna otra veleidad genial. Qué le vamos hacer, es reacio a las corrientes el hombre. Lo suyo es sólo y con su rollo. Ahí les va un fragmento de esa canción; se llama Propiedad de Jesús:

Ve por ahí y habla de él (Jesús) porque te hace dudar/
Porque él se ha privado de las cosas sin las cuales tú no puedes vivir/
Ríete de él a sus espaldas como los demás hacen/
Él es de propiedad de Jesús/
Resiéntelo hasta en los huesos/
Porque tú tienes algo mejor/
Tú tienes un corazón de piedra/


Gonzalo Mendieta Romero es abogado.
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