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El Sí de Bojayá al Acuerdo de Paz

El Sí de Bojayá al Acuerdo de Paz
En abril de 2002, dos centenares de paramilitares habían ocupado parte del territorio que corresponde al municipio de Bojayá (departamento del Chocó, Colombia). En consecuencia, su principal enemigo militar y político, las FARC-EP (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-Ejército Popular), decidió implementar su ofensiva para contrarrestar el avance de las llamadas Autodefensas Unidas de Colombia (AUC).   

Así, a las 10:15 del 2 de mayo de ese año, el grupo guerrillero lanzó un cilindro de gas con dinamita a un escenario que consideraba cooptado por paramilitares: la capilla San Pablo Apóstol de Bellavista. No obstante, el grupo guerrillero desconocía que ahí se encontraban 300 civiles que buscaban protegerse del fuego cruzado. 

"¡Dios mío!, ¿qué hemos hecho?”, atinó a decir una guerrillera, luego de percatarse del garrafal error cometido: 119 ciudadanos asesinados; 114 heridos (19 de gravedad) y el consecuente desplazamiento de 6.500 chocoanos. Esta quizás sea una de las peores equivocaciones de las FARC-EP y uno de los capítulos más dolorosos del conflicto armado en Colombia.  

Sin embargo, 14 años después, la sufrida población de esta región cercana al pacífico colombiano, en un acto admirable y valiente, decide votar en un 95,76% a favor del Acuerdo de Paz, pactado en La Habana, Cuba, entre el Estado colombiano y las FARC-EP. ¿Por qué? 
¿Por qué frente a otros ciudadanos colombianos -muchos de ellos ajenos directamente al conflicto armado- que decidieron votar No o simplemente no votar en el plebiscito del pasado 2 de octubre, la población de Bojayá, así como el resto del departamento del Chocó, dio un mayoritario apoyo al Acuerdo de Paz? 

La razón para explicar este comportamiento electoral se debería a la respuesta transversal que representa el Acuerdo de Paz en función a tres demandas fundamentales de los afectados por el conflicto armado: verdad, justicia y reparación. 

El primer punto se vincula con el noveno principio del Acuerdo sobre Garantías de Seguridad, pactado en La Habana: "la rendición de cuentas”  y con dos puntos del Acuerdo sobre Víctimas, "el reconocimiento de responsabilidades” y "el esclarecimiento de la verdad”. Se establece que los guerrilleros desmovilizados deberán declarar para esclarecer capítulos aún inciertos del conflicto armado. Esto se relaciona con la demanda de ciudadanos, como Macaria Ayín o Lucero Álvarez, mujeres de Boyacá, que expresaron la importancia de un sepelio digno para las víctimas, a partir de la identificación pendiente de muchas de ellas.

El segundo elemento se evidencia en los mencionados acuerdos. Particularmente en el primero, que establece "el diseño y puesta en marcha de una política de sometimiento a la justicia para las organizaciones objeto de este acuerdo”. Una Justicia Restaurativa, amparada en el Estatuto de Roma (instrumento constitutivo de la Corte Penal Internacional) y en todos los marcos legales vigentes. Contrario al criterio de muchos adversos al Acuerdo de La Habana, esta justicia se  aplicaría a todos los integrantes de las FARC-EP para que puedan clarificar los crímenes cometidos, responder por ellos a través de acciones que beneficien a la comunidad y, principalmente, contribuir al tercer punto del argumento planteado: la reparación.

Este último elemento está relacionado con uno de los principios del acuerdo pues éste pretende "presta(r) especial atención a los derechos fundamentales de las mujeres (…) pueblos indígenas, niñas, niños y adolescentes, comunidades afro descendientes y otros grupos étnicamente diferenciados; (…) campesinos y campesinas, personas en condición de discapacidad (…) desplazados por razones del conflicto; (…) personas adultas mayores y la población LGBTI” y contribuir a la resolución de sus históricas demandas de inclusión.  

Por ello, Bojayá, así como la mayoría de poblaciones afectadas directamente por el conflicto armado, habrían dicho Sí al Acuerdo de La Habana, pues éste permitiría un mejor futuro para Colombia al aplicar la "Paz con Justicia Social”. 

En este escenario, no es tan difícil pensar por qué los otros, muchos conservadores, muchos urbanos, muchos latifundistas, muchos dueños históricos del poder, votaron por el No. Simplemente no les convendría un cambio…  

Guadalupe Peres-Cajías es docente universitaria y especialista en investigación en comunicación. 
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