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El Otro y yo

El Otro y yo
"Si quieres ser gran hombre, la identidad está en la ropa, en la forma de vestirse y en la forma de identificarse, de decir yo soy tal persona y necesariamente tengo que identificarme. La forma en cómo eres tú, de vestirte, de hablar lo dice todo y en otra no cometan el error (…) Qué les costaba a ellos, al ver el uniforme, a un capitán con grados, por qué no han sido obedientes (por qué no han dicho): ‘Es su orden capitán’. La obediencia es básica para tener una salud mental sana”. 

De esta manera, Jorge Pérez, comandante de la Unidad de Conciliación, agudizaba aún más el atropello cometido el pasado martes 1 al periodista  Sergio Mendoza  y al fotógrafo Álvaro Valero, de Página Siete. Estos reporteros habían sido retirados violentamente de la audiencia del general Omar Salinas, cuando intentaban cumplir con su labor periodística. Según Pérez, el proceder agresivo de la Policía se justificaría por la apariencia y una desobediencia (sin fundamento, pues la audiencia era pública) de Mendoza y Valero.  

Tales declaraciones no sólo contradicen el supuesto paradigma contra el racismo y toda forma de discriminación (al valorar a un sujeto por su vestimenta por ejemplo), sino que evidencian un síntoma latente en el escenario social y político actual: la intolerancia y la consecuente marginación y/o abuso al Otro. Por ello, hoy quisiera analizar ¿por qué nos cuesta respetar y tolerar al Otro?   

Como bien afirmarían las propuestas de la antropología social contemporánea (N. Rapport y J.
 
Overing, 2003), el Otro es temido por el yo y por el nosotros por tres razones fundamentales: representa la diferencia, evidencia nuestras propias carencias y, fundamentalmente, porque limita nuestro poder, al obligarnos permanentemente a lidiar con ese Otro.  

Desde que se producirían los primeros intercambios culturales -muchos de ellos atravesados por masacres y sometimientos- los sujetos han temido la presencia y la interacción con el Otro por representar la diferencia. Los hunos para los germanos, los moros para los ibéricos, los amerindios para los europeos, etc. Por supuesto, este proceso también ha ocurrido a la inversa, del Otro frente al sujeto. Sin embargo, entre el sujeto y el Otro se producen diferencias "válidas” y las que no lo son. Todo depende de  quién tenga la mayor fuerza. Así, se invalidó la tradicional desnudez indígena y se posicionó a la pomposa vestimenta colonial como legítima.

Pero ¿qué daño traería ver cuerpos desnudos a los colonos? ¿Por qué la diferencia tendría que ser eliminada o cooptada?

Porque la diferencia además de incomodarnos por representar aquello que supuestamente no es "propio”, nos recuerda aquello que no somos, aquello que nos falta o, incluso, aquello que somos y negamos. En cualquiera de los escenarios, el ver al Otro nos inquieta porque ilumina nuestras propias tinieblas, ilustra nuestras propias carencias y manifiesta nuestras debilidades y fragilidades. Así, el Otro nos recuerda que somos seres imperfectos y volubles. Una verdad casi siempre difícil de asumir. 

Más aún, cuando admitir nuestra imperfecta condición humana y social, nos insta a negociar con el Otro, su diferencia y nuestras carencias. Y aquí está el punto más álgido para poder "asimilar al Otro” -como dirían Rapport y Overing-: porque el negociar con el Otro implica necesaria e invariablemente limitar nuestro poder. 

Por eso, el Otro siempre ha sido temido y marginado por quienes poseen el poder. Porque sin el Otro, el dominio del yo puede ser absoluto. Esto explicaría cómo los principales regímenes absolutistas han sido construidos y mantenidos. Regímenes que no sólo son establecidos a gran escala, sino que pueden ocurrir en microesferas de poder, como la de un policía con dos jóvenes periodistas, en una audiencia pública.  

Sin embargo, aquello que olvidan quienes intentan negar al Otro para mantenerse en el poder es que, como bien afirmaba Lacan (1949), "el yo es el resultado del Otro”. Por ese mismo motivo, en este artículo el Otro se escribe con mayúscula.  

Guadalupe Peres-Cajías es docente universitaria y especialista en investigación en comunicación. 
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