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Guadalupe Peres Cajias
Alias agatha

Hacerle frente a la amenaza conservadora

Hacerle frente a la amenaza conservadora
"Yo amo a mi familia. Yo amo a mi hijo y desde kínder no quiero que le enseñen a ser hombre o mujer, independientemente de su sexo biológico. Mi familia marchará el 22. Te invito a que tú también lo hagas”. Así, la Plataforma por la Vida y la Familia, apoyada por la Asociación de Evangélicos en Bolivia, el Comité Pro Santa Cruz y otras entidades, convocó a una movilización -realizada hace dos días en la capital cruceña- para solicitar la derogación de la recientemente aprobada Ley de Identidad de Género. 

Esta protesta se suma a una serie de discursos, sobre todo religiosos, que han expresado su rechazo a la Ley 807. Argumentan que esta normativa es una "amenaza” para la "cultura familiar”; la "naturalidad” y la "dignidad del ser humano”. 

Estas manifestaciones atemorizan por el concepto que las guía: una intolerancia fundamentada en una mentalidad conservadora y en una evidente malinterpretación de la norma. Mientras otros países de la región celebran el avance en las políticas de equidad, particularmente vinculadas con el tema de género y sexualidad, Bolivia aún parece resistirse… ¿por qué se produciría aquéllo? 

La explicación que desarrollaré está relacionada con el desconocimiento de la normativa internacional (relacionada a la cuestionada ley), así como la vigencia de producciones discursivas sobre la sexualidad y una consecuente resistencia a lo diferente, vigente en nuestra sociedad. 

"Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos. Todos los derechos humanos son universales, complementarios, indivisibles e interdependientes. La orientación sexual y la identidad de género son esenciales para la dignidad y la humanidad de toda persona y no deben ser motivo de discriminación o abuso”.  

Ésta es la introducción de "Los Principios de Yogyakarta”, amparados por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y la Comisión Internacional de Juristas, desde su publicación en 2007. En 29 puntos sintetiza una serie de recomendaciones para que los Estados trabajen internamente la normativa sobre identidad de género y orientación sexual. 

Bolivia no puede ser la excepción y no puede desconocer este documento. No sólo porque forma parte de la ONU, sino porque en su territorio se evidencia uno de los fundamentos de estos principios: "la vigilancia en torno a la sexualidad continúa siendo una de las fuerzas principales que sustentan la perpetuación de la violencia basada en el género y de la desigualdad entre los géneros” (pág. 6).

Cabe aclarar que esta vigilancia -y la consecuente violencia que produce- no sólo se expresa en un nivel práctico, sino también subjetivo. Esto a consecuencia de determinadas producciones discursivas, consolidadas como "verdaderas”, al ser promovidas por instituciones sociales legítimas, para fortalecer redes de poder, como explicaría Foucault (1977). Los pronunciamientos de diferentes religiosos sobre la Ley 807 son un ejemplo, así como algunas declaraciones del presidente Evo Morales sobre la homosexualidad, contradictorias con el carácter ontológico de la mencionada normativa.   

Además, estas producciones discursivas han incidido en el fortalecimiento de una resistencia a la innovación y también a lo diferente. Bajo diferentes estandartes se ha posicionado a la tradición y al pasado como el deber ser apropiado, lo cual también impediría que normativas como la 807, y otras iniciativas futuras, puedan ser legítimamente asumidas.  

Por ello, sugiero que -como colectivo social- evaluemos aquello que nos sirve del pasado y la tradición y que se reconsidere lo que hemos mantenido sólo por representar lo cómodamente conocido. Así, hacerle frente a la amenaza conservadora y promover políticas de equidad, que no sólo sean legalmente aprobadas, sino legítimamente apropiadas. 

A propósito del último argumento de este artículo, invito a mis estimados lectores a una conferencia que dictaré hoy a las 8 pm en la Alianza Francesa de Achumani. Los espero.

Guadalupe Peres-Cajías  es docente universitaria y especialista en investigación en comunicación. 
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