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Un aplauso para Brasil

Un aplauso para Brasil
 Color, diversidad, música, naturaleza, encanto, belleza y complejidad son sólo algunos de los términos con los cuales se podría asociar a Brasil. Más aún, luego de la impactante inauguración de Río 2016 –realizada el 5 de agosto y orquestada por Fernando Meirelles- que supo expresar la singularidad y la fortaleza de este país, a través de un evento de alcance global. 

Desde esa jornada, y a lo largo de estas dos semanas, Brasil mostró su capacidad de organización y, sobre todo, de superación para organizar los Juegos Olímpicos de este año. Evidentemente, hubo dificultades e imprevistos, retratados en más de una ocasión por la prensa nacional e internacional. Sin embargo, se pudo concretar un anhelo, que hasta hace algunos meses parecía tan difícil. Por ello, hoy creo pertinente analizar ¿cómo Brasil pudo llevar a cabo las Olimpiadas, a pesar de las dificultades de su contexto actual? 

Este año ha sido particularmente complejo para el citado país. La llegada del virus zika; la recesión económica y el impeachment a Dilma Rousseff, fueron los principales eventos que ensombrecieron el contexto previo a Río 2016. No obstante, además del compromiso formal, asumido por Brasil en 2009, considero que estos Juegos Olímpicos pudieron concretarse por la facultad que tiene el deporte para equilibrar situaciones sociales complejas y la capacidad de la mencionada nación sudamericana para superar  escenarios adversos.

En 1986, N. Elias y E. Dunning afirmaron la estrecha relación entre los procesos sociales y las actividades deportivas y de esparcimiento. Afirmaron cómo estas últimas permiten canalizar emociones de los sujetos, que de otra manera no podrían expresarse o experimentarse. Esto generaría un equilibrio entre la racionalidad cotidiana y el juego liberador, que contribuiría al desarrollo social de los sujetos.   

En el contexto actual brasileño, esta posición podría ser discutida por los diversos manifestantes, así como por teóricos que han cuestionado el supuesto "adormecimiento”, provocado por el esparcimiento y el deporte, al generar esa distancia de la cotidianidad. Entre ellos, M. de Paul Hoch (1972), y otros representantes del neomarxismo, que asociaron al deporte con la dominación política e ideológica.

Sin embargo, considero que sin perder la criticidad frente a los eventos y espectáculos masivos -como esta u otras versiones de las Olimpiadas- es importante reconocer el potencial social que tienen, al darle un espacio alternativo a los sujetos, como protagonistas o espectadores.  

En Brasil, este potencial es conocido, pues gracias al deporte se ha construido una ruta alternativa de inclusión social para jóvenes, cuyas alternativas de vida eran limitadas. Los casos de varias estrellas de fútbol son muestra de ese proceso. Evidentemente, esto no resuelve las tazas de desigualdad que han caracterizado a este país, desde el periodo colonial. No obstante, representan una esperanza para las poblaciones desfavorecidas. 

Actualmente, estas poblaciones se han visto afectadas por la recesión económica en ese país, complejizada con el considerable presupuesto invertido en Río 2016 y la crisis política, consecuencia del impeachment a Rousseff y las denuncias de corrupción al PT. Este contexto parecía difícil de superar; sin embargo, si se recuerdan los avances que supo desarrollar este país, en la primera década del siglo XXI, se podría entender cómo se logró superar el adverso contexto que se tenía. 

Pierre Salama (2011), profesor de la Universidad de Paris XIII, explica en un análisis socio económico, cómo este periodo significó un desarrollo considerable para Brasil. Esto no sólo se atribuiría a las líneas políticas que se implementaron, sino a la motivación de su población. Motivación que se expresó también en "Río 2016”...

La crisis en este país no concluye con los juegos. Las dificultades tampoco. Sin embargo, en estas semanas, Brasil mostró su potencial y, con ello, la esperanza para superar las crisis que atraviesa. Por ello, hoy sugiero un merecido reconocimiento para este país.

Guadalupe Peres-Cajías es docente universitaria.
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