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Desfiles cívicos: ¿constructores de la bolivianidad?

Desfiles cívicos: ¿constructores de la bolivianidad?
"1,2,3,4….1,2,3,4…¡Alllto! ¡A la izquier!... Con compás, marrr. 1,2,3,4…” Y así continúa, durante una serie de eternos minutos más, el trayecto de estudiantes que desfilan por puntos céntricos de la ciudad. Los acompañan músicos y escuadrones de jovencitas disfrazadas, que también emulan un performance militar. No importa si la institución que representen sea conservadora o progresista; pública o privada. Hay fiesta cívica y todos deben marchar. 

 La consigna no es sólo para colegiales. Sindicatos, universidades, oficinas públicas, además de otras instancias, también deben participar. Se aproxima el 6 de agosto y desfilar se ha convertido en la principal forma de celebrar la identidad nacional. ¿Por qué? ¿Es posible que esta práctica, de naturaleza militar, permita construir una visión común de país… una noción de bolivianidad?    

 Ciertamente, los debates sobre el "ser nación” son complejos. Sin embargo, en relación a los desfiles que se practican, no pienso que estos puedan fortalecer la bolivianidad por tres motivos fundamentales: la relación de este tipo de prácticas con el cuestionado nacionalismo; el desarrollo mecánico que implican estas marchas frente a la necesidad de tener conciencia en el devenir identitario; la distancia simbólica de esta actuación cívica con las particularidades de Bolivia. 

 Inicialmente, cabe aclarar que los desfiles -así como otras expresiones de civismo- fueron promovidos como tales, en la revolución francesa. Montesquieu y Rousseau fueron algunos de los ideólogos del concepto inicial de "identidad nacional”, con el fin de sobre ponerse a la categorización e identificación de los sujetos, desarrolladas en el "ancien régime”. Así, el ser nación tenía que ver con el proceso de secularización y el valor de la reunión colectiva de sujetos con un propósito en común. 

Sin embargo, con la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), las construcciones del ser nacional se vieron ensombrecidas por el espíritu fascista, representado en personajes como Adolf Hitler o Benito Mussolini. Basta ver la producción cinematográfica "Concentración de las Juventudes Hitlerianas y Juventudes Alemanas en el German Stadium”, donde niños y jóvenes también tocan instrumentos y forman escuadrones, en clamor del máximo líder del nazismo alemán.

 A partir de estos capítulos, que marcaron a la historia mundial, "ni el nacionalismo ni su cercano patriotismo han tenido mucha popularidad últimamente en la literatura o la academia” afirma el profesor Berel Lang. Pues se pudo ver las fatales consecuencias del exacerbamiento de la identidad nacional, el nacionalismo, cuando se convirtió en algo desproporcionado e irracional. 

Relacionado a esta última afirmación, está el segundo punto que negaría la posibilidad de que desfilar permita construir una bolivianidad. Esta práctica es intrínsecamente mecánica y no desarrolla ningún tipo de criticidad evidente. Los sujetos sólo caminan en las calles, con bandas tricolores, escarapelas o escudos. Algunos en silencio, otros ensordecidos por el resonar militar de los tambores. Sin embargo, como advertían Rosa, Bellelli y Bakhurst (2008), "la identidad es imposible sin la memoria, pero también sin alguna forma de conciencia”. 

 Y es preciso que exista esa reflexión sobre el quiénes somos. Bolivia es un país que se caracteriza por su diversidad cultural y por una particular relación con su tradición. La vigencia de culturas indígenas, particularmente la aymara y quechua, es posible por la convergencia que han desarrollado con la modernidad y la globalización. Esto crea un contexto único, rico y complejo. Sin embargo, ¿qué de esto se visualiza en un desfile con tinte militar? Muy poco… o casi nada. 

 Por ello, insisto en la posibilidad de repensar la pertinencia de esta práctica en las celebraciones cívicas. Si se quiere fortalecer el espíritu nacional, considero que se debe trabajar otros escenarios que realmente permitan una construcción de la bolivianidad. El arte podría ser una respuesta pertinente. ¿Por qué no pensar en eso o en algo diferente, si nos jactamos siempre de nuestra diversidad? 
 

Guadalupe Peres-Cajías es docente universitaria y especialista en investigación en comunicación. 
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