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Una fiesta para reflexionar

Una fiesta para reflexionar
"Vive la experiencia del primer Electro Preste en un  Cholet de El Alto, con artistas de Electrónica, Hip Hop, Cumbia Electrónica y MANDY un DJ invitado  desde      Alemania (…) Además, Show de cholitas luchadoras, Miski Cholitas y banda de morenada (…) Del transporte no se preocupen que te llevamos y te traemos en buses. No hay excusa para no ir”. 

Así anunciaban los organizadores del "Electro preste”, las características de esta particular celebración, realizada el  3 de septiembre, en la zona 16 de julio, con la presencia de más de mil asistentes.

En los días posteriores, la convergencia festiva no dudó en ser comentada y discutida, por asistentes y ausentes del evento. Los debates giraron en torno a lo que esta fiesta habría representado. A partir de tales disyuntivas, y en coherencia con el criterio de que la fiesta es una ventana pertinente para ver el mundo social, hoy quisiera reflexionar: ¿qué significó la realización del Electro preste?  

Transgresión, consolidación progresiva de las identidades vinculadas con lo "local” y la reafirmación de un determinado colectivo social, sintetizarían la respuesta a la interrogante planteada. A continuación, explicaré los argumentos que sostienen esta afirmación, construidos con base en la investigación que publiqué sobre la fiesta electrónica, en 2013, y algunas referencias complementarias. 

La noción de periferia y "des-orden” ha sido una de las características ontológicas de la fiesta. Por lo mismo, quienes no son parte de la misma la ven como una amenaza o una excentricidad.
 
Esto se intensifica en el goce electrónico, pues desde sus inicios –en Inglaterra y Estados Unidos- fomentó el quiebre de sentido y la vanguardia permanente (Reynolds, 1999).  

Por ello, durante las primeras celebraciones electrónicas en La Paz –y aparentemente hasta ahora- los testigos externos cuestionarían este goce en particular, al entrar en tensión con el orden social local, construido bajo pautas tradicionales que reniegan de la novedad. Al representar el Electro preste una innovación, inevitablemente sería discutida por aquellos que no están acostumbrados a la misma.

Por otro lado, una fiesta electrónica en El Alto, con una banda de morenada que dialoga con un dueto de conocidos dj’s locales, refleja parte del proceso de transformación sociocultural que atraviesa el país. En este devenir, "la construcción de la identidad boliviana se ancla en lo que podría problematizarse como la nueva hegemonía discursiva que irrumpe con fuerza desde fines del año 2005 (...) el tópico de ‘lo indígena’ fue adquiriendo mayor visibilidad ” (Navarro, 2013). 

Ergo, las narrativas originalmente "externas” se verían en la necesidad de vincularse más con lo "local” para seguir vigentes en el contexto actual. Esta convergencia se intensificaría en el marco de la globalización, proceso que no eliminó las identidades locales para construir una sola cultura global, sino que reavivó esas formas de ser, particulares, para construir una relación de beneficio mutuo con las mismas. La celebración aquí analizada evidenciaría estos procesos. 

Sin embargo, cabe aclarar que la fusión cultural no implica per se una integración social. Aún con perspectivas de vinculación con las identidades locales, la mayoría de los protagonistas del Electro preste representaba a un sector particular: jóvenes, con una inclinación por el goce electrónico, que habitan – en toda la extensión del término- el centro y la zona sur de la ciudad de La Paz. 

La presencia casi exclusiva de un determinado grupo social se explicaría por la necesidad de fortalecer el sentido de pertenencia a un colectivo, como es el "electrónico”. No obstante, con ese mismo propósito, sería interesante ampliar la convocatoria a jóvenes de otros grupos sociales, que compartan la inclinación por los bits, lo nuevo y la fusión. 

Así, generar un verdadero encuentro social, una tarea necesaria en nuestro contexto actual. ¿El escenario?  Un futuro Electro preste, o alguna fiesta similar, pues como decía Sennet (1994): la razón teme a la celebración, pues ésta tiene la capacidad de unir a la gente.
 
Guadalupe Peres-Cajías es docente universitaria y especialista en investigación en comunicación.
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