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Alias Agatha

De Ubú a Hamlet

De Ubú a Hamlet
Tenía ocho años. Y entonces los vi. Fascinada por las voces, cautivada por los diálogos e impactada por el manejo de recursos teatrales. No por nada, hasta hoy recuerdo el  ingenioso uso de rollos de papel higiénico para ilustrar personajes y situaciones. Así como la tinaja que se ponía "el rey” en la cabeza simulando su corona. No conocía a las personas que estaban al frente. En realidad, muy pocos sabían quiénes eran. Pero los especialistas ya comentaban que esos actores, su dramaturgo y su representante romperían los esquemas del teatro boliviano considerablemente. 

La obra era Ubú en Bolivia y el grupo que la presentaba era el  Teatro de Los Andes, un colectivo fundando tres años antes (1991), bajo la tendencia del teatro Odin y con la visión de revolucionar las artes escénicas en el país. 

Hoy, este colectivo inicia la celebración en La Paz de su aniversario número 25, razón por la cual creo pertinente analizar ¿por qué el Teatro de Los Andes transformó el arte escénico en el país? 
Innovación y frescura en la propuesta escénica, en un contexto usualmente conservador; formación exigente de los actores, en una sociedad donde el arte se desestima; y la fiel ilustración de un país complejo y diverso, en cada una de las obras presentadas, son los tres principales factores que considero explicarían el antes y el después del Teatro de Los Andes, en Bolivia. 

Ubú Rey es una obra original de Alfred Jarry, estrenada en el Theatre de L’Oeuvre (París) en 1896. Entonces, la propuesta "absurda” de la obra incitó una importante  innovación en la dramaturgia y la puesta en escena, en los escenarios europeos. 

Casi un siglo después, César Brie, dramaturgo y entonces director del Teatro de Los Andes, impulsaba un movimiento similar en Bolivia, también a través de "Ubú”. La diferencia es que a "ese rey” lo situaba en el contexto local. Y ahí radicaba el primer punto de innovación del Teatro de los Andes: la apropiación de lo extranjero en territorio nacional. 

Curiosamente, o no, muchos "tradicionalistas” (en sentido social y teatral) cuestionaban a Brie y al resto de los integrantes extranjeros de ese entonces (Paolo, Filippo y María Teresa) por querer impulsar aquella innovación artística. Esos críticos se escudaban bajo el argumento del "extranjero que invade lo nuestro” para no enfrentarse con una propuesta diferente, que ciertamente rompía sus propios estándares. Los interpelaba y eso... molestaba. 

Sin embargo, el nuevo colectivo se mantuvo y transmitió su espíritu innovador a otra área de trabajo: la formación y consecuente labor teatral. En un país donde los niveles de consumo cultural  se limitan usualmente  a los escenarios festivos y donde el arte sigue siendo restrictivo a algunos círculos (López, Torrico y Baldivia, 2005), formarse y trabajar en áreas artísticas (exclusivamente) parecía una utopía. Pero el Teatro de Los Andes concretó ese ideal. "Vivir del arte” fue y es para ellos una realidad.

Producto de esa visión, hay muchos que formados o inspirados en ese colectivo han logrado apropiar tal consigna, aunque aún es tarea difícil mantener viva. 

Finalmente, cabe mencionar que el Teatro de Los Andes no sólo transformó las artes escénicas bolivianas por la forma de hacer las obras, sino por el contenido de las mismas. Con textos propios, como el que guió la memorable obra Las Abarcas del Tiempo o con nuevas adaptaciones, como el Hamlet de Los Andes, el grupo artístico retrata de manera muy ilustrativa a la compleja Bolivia. 

La relación del minero con la muerte, el cancionero que recorre el continente, los graffitis que expresan el sentir juvenil, la corrupción oculta tras un sol amarillo, la búsqueda de los desaparecidos, el cuestionamiento de una Ofelia con pollera o el lamento del mar boliviano perdido son sólo algunos ejemplos de lo que el Teatro de Los Andes nos ha presentado e incitado a reflexionar en este cuarto de siglo. 

Aplausos para todos los responsables de aquello y para Lucas, Alice, Gonzalo y el eterno Paolo por seguir motivando el teatro boliviano...
 ¡Que comience la función! 

Guadalupe Peres-Cajías es docente universitaria y especialista en investigación en comunicación. 
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