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Nada es lo que parece

Nosotros, los conspiradores

Nosotros, los conspiradores
Los conspiradores debieran ser una orden secreta de ciudadanos maquiavélicos manipulando planes para destrozar al Gobierno del pueblo más pueblo. Pero como nuestro Gobierno es tan sagaz y sus servidores públicos tan extraordinariamente eficientes descubriendo inclusive las conspiraciones mejor escondidas, Bolivia es el primer país del mundo en el que todos los conspiradores son personajes públicamente conocidos. Somos subcampeones en corrupción, pero campeones en la develación de las máscaras.

 Estos inútiles conspiradores han embarazado a Gabriela Zapata y lograron convencer al Presidente de que el hijo era suyo. Recién años después el Presidente se dio cuenta que el niño nunca existió. Pero algunos ministros -los más astutos- publicaron la historia de esa extraordinaria saga detectivesca y seguramente aspirarán al premio a la mejor tarea represiva del mundo.

 Los conspiradores asesinos lograron que seis ciudadanos alteños y cuatro mineros se suiciden reconociendo su culpa subversiva. No los mataron los militantes azules movilizados ni los policías, en ambos casos respondiendo a instrucciones de las autoridades. Es notable la enorme capacidad que tuvieron los conspiradores para convencer hasta el límite de la autodestrucción a esos 10 bolivianos. Pero nuestros ministros los condenaron a la hoguera demostrando que los asesinos fueron los conspiradores.

 Los conspiradores lograron convertir la férrea personalidad vicepresidencial en una débil esquizofrenia. Hoy soy licenciado, mañana no. Hoy soy un preocupado profeta que anuncia que el sol se ocultará, ayer fui un comandante guerrillero convencido portador de la iluminación. Pero nuestro excelso Vice se ha levantado inmediatamente del polvo de la estafa académica y sigue siendo el más lúcido intelectual del socialismo del siglo XXI y más allá.

 Los conspiradores lograron transformar la más importante inversión para el fortalecimiento de nuestras gloriosas Fuerzas Armadas -puestos militares invisibles para el enemigo, motores de avión de ultimísima generación que sólo los bolivianos tenemos- en 33 camiones contrabandistas hace años y en modestos recursos extra para nuestros tan espartanos generales hoy. Pero eso no fue nada; ministros y generales ya les han quitado la máscara amarrahuatos con la que se escondían.

 Los conspiradores lograron introducir 100 millones de dólares en los bolsillos de la incorruptibilidad absoluta, en la autoridad moral de nuestros más preclaros, transparentes, pobrísimos, históricos dirigentes originario campesinos. Precisamente esos dirigentes que habían demostrado la obtención de la soberanía alimentaria y la conversión de todos sus cultivos en la más avanzada agricultura orgánica. Pero ahora ya se conoce la verdad. Eran billetes de Alasita que los dirigentes simulaban recibir para demostrar la mala fe de los conspiradores vendepatrias.

 Los conspiradores han fabricado millones de votos y han convencido a cuatro gatos ciudadanos a que voten por el No a la reelección. Como viven engañándose a sí mismos, los conspiradores creen que el Presidente ha reconocido su derrota. Eso es imposible. El Presidente ha hecho creer al país y al mundo que ha reconocido su derrota. Pero no. Como los conspiradores son mentirosos, nuestro magnánimo Presidente ha revelado esa mentira y se presentará a su segura reelección.

 Los conspiradores son tan extraordinariamente perversos que han llevado a volar en alfombras mágicas a nuestro austero Ministro de Economía. Han convencido a las autoridades de YPFB de no vender gas a la Argentina neoliberal. Han hecho producir coca a los chapareños para que la conviertan en cocaína. Han dotado de una legión de sombreros a la Ministra de Comunicación.
 
Pero la sagacidad de nuestros ministros, la lucidez de nuestro Vicepresidente, la palabra faro, luz y guía de nuestro Presidente, los han descubierto. Los conspiradores nunca son sus propios errores, ni sus delitos, ni su despotismo, ni sus mercenarios, ni sus comisarios  ni sus traficantes.
 
Los conspiradores siempre son los imperialistas. Y, claro, nosotros. Nosotros el pueblo. 


Guillermo Mariaca Iturri es ensayista.
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