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Nada es lo que parece

La hora del fascismo

La hora del fascismo
¿Cuándo sucedió que el prebendalismo social, la resignación económica, la cobardía política degradaron el sueño? ¿Será que sucede siempre que el poder corrompe al Estado? ¿Será que entonces ese Estado se obsesiona con su espejo y decide convertir al pueblo en su esclavo regalando vidrios de colores; esas estafas que ahora se llaman reducción de la pobreza, ampliación de la frontera agrícola, industrias minera, petrolera, nuclear, educación pública?
Hoy los miserables han ascendido a pobres. Pero esa pobreza no se ha convertido en justicia, en igualdad de oportunidades, en empleo formal. Esos pobres son consumidores de bonos, son sujetos de la caridad estatal. Ese 70% de trabajadores informales (gremiales, contrabandistas, cocaleros, cooperativistas) son pobres que viven al día y que no contribuyen a los servicios públicos. Es decir, gente que vota a cambio de vidrios de colores. Los autos chutos son apenas un botón.

Hoy, la ampliación de la frontera agrícola y de la frontera extractivista sirve para explotación cocalera, maderera, minera, petrolera, soyera, transgénica. Hoy el extractivismo no es sólo saqueo de materias primas; es extracción de naturaleza. Más grave aún, el extractivismo se ha convertido en un proceso permanente de despojo de territorios, por tanto, de un genocidio del mundo indígena comunal y tribal cometido por el Estado. El TIPNIS y las megarrepresas son apenas un botón.

Hoy la "industrialización” es la alianza entre el Estado y la lógica más depredadora del capital, es decir, alianza con el capital financiero y el agronegocio. La alianza con el capital financiero profundiza la brecha entre ricos y pobres; la alianza con el agronegocio divorcia al Estado del mundo indígena. La consecuencia está siendo la construcción de la fraternidad indisoluble entre endeudamiento, corrupción, contrabando y blanqueo del narcotráfico. Al mismo tiempo, esa "industrialización” exige una alianza prebendal con la lógica represiva para militarizar el territorio. Los contratos de los autócratas y las 30.000 hectáreas de coca son apenas un botón.

Hoy la educación pública es el proceso de legitimación de esa acumulación salvaje a través de la alienación. El Estado convierte la educación en un discurso propagandístico que repite sus dogmas. Un discurso que dice que defiende los derechos ciudadanos, pero naturaliza su privatización; un discurso que dice que defiende los derechos de los pueblos, pero anula la experiencia del bien común; un discurso que dice que defiende los derechos de la mujer, pero practica su degradación. Convierte la lucha contra el patriarcado, contra el capitalismo, contra la colonización, en adornos discursivos. Los sindicatos vendidos y los dirigentes machistas son apenas un botón.

Porque un presidente fascista ha renegado de su corazón comunitario para vivir con un corazón embelesado por el poder. Ese indio ornamental ha renunciado a la rebeldía plebeya para poder ser bien recibido en los salones de las aristocracias orientales. Un indio apoltronado en el palacio que regala vidrios de colores y promueve su culto público y construye el museo de sí mismo.

Porque hoy masismo rima con fascismo. Y como el fascismo no sólo necesita de un Estado estafador, también construye una masa servil. "Ahora ya no gobiernan los gringos. Ahora gobiernan los indios” dice. Debiera decir: "Ahora gobierna este indio, este indio fascista sobre una masa que ha renunciado a su emancipación como seres humanos, a su lucha contra la alienación, la explotación y la pobreza, y que se ha degradado a la esclavitud de la consigna”. Ese remedo de humanidad que pretende arrastrarnos a todos a su miseria: al grito, al insulto, al golpe, al odio, a la venganza, a su reelección permanente.

La rima siempre ha sido un recurso emocional muy poderoso. La afinidad entre un sonido y un sentido produce un aire de familia. Aún si el significado nos es ajeno o nos es distante, la rima lo convoca. Por eso, hoy, yo también la convoco. Porque el fascismo otra vez se está convirtiendo en familiar, en el chantaje contra los medios, en el abuso consentido de poder, en la costumbre de la sequía, y comenzamos a convivir de cerca y no sólo a coexistir de lejos con esa bestia. Su gesto de linchamientos, su aliento de pólvora, su corrupción  quisieran imponernos el testamento bajo el brazo.

Hoy el congreso del MAS ha rimado con fascismo.

Pero el fascismo es, todavía, una rima. El sonido de la bestia, no la cadena de los esclavos. Una campana temprana de que la bestia se acerca, nos tira su desprecio en la cara, nos pretende arrodillados.

No sucederá. Nadie nos ha regalado ni concedido democracia. Hemos luchado y hemos creído, y hemos querido democracia. Una democracia de verdad, radical, profunda, libre, alegre. Por eso, porque fascismo no rima con democracia, esa rima fascista no es nuestra. Es la rima de García Meza. Es la rima de Evo Morales. La nuestra, en cambio, es otra: morir antes que esclavos vivir. Porque somos cuna de libertad. Porque somos tumba de tiranos.


Guillermo Mariaca Iturri es ensayista.
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