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Nada es lo que parece

Razones revocatorias

Razones revocatorias
El Presidente cocalero, casi desde siempre, ha confundido el país con su chaco. Así se entiende su mirada de corto plazo, su gesto despótico ante cualquier otro "cultivo”, su profunda ignorancia de país. Así se entiende su obsesión extractivista y su conducta vendepatria: nos despoja hoy para desecharnos mañana.

Los derechos ciudadanos no son migajas que concede el Gobierno. Los derechos no son privilegios. Ni milagros que llegarán en un remotísimo futuro. Los derechos ciudadanos son la razón de ser de la democracia. Y debieran ser la pasión, no sólo la responsabilidad, de cualquier gobierno. Pero hoy, en esta nuestra patria, cada día más despojada de sí misma, hasta nuestra historia de tumba de tiranos es cada día más ajena.

Primero fue el Tipnis y los estamos abandonando. Después el Fondo Indígena, apenas furia de un día. Llegó Gabriela, no acompañamos su velatorio. Cuando sucedió el referendo apenas votamos No, pero no nos atrevimos a imaginar otro mundo. Los asesinados de Caranavi, de Porvenir, de El Alto, de Panduro, la epopeya de los discapacitados, no son siquiera espectros que nos recuerden nuestra resignación en el espejo; los enterramos desprovistos de memoria para que no incomoden el doble aguinaldo o cualquiera de los bonos populistas.

Hoy, finalmente, asistimos impotentes al saqueo del agua por la deforestación y las minas, y los chaqueos y los cocales y los transgénicos. El lago Poopó y el lago Uru Uru están muertos; nuestros glaciares están muriendo; el Illimani, nuestra waka más sagrada, se está convirtiendo en un cerrito. (No me imagino paceño sin su amanecer resplandeciente). La deforestación en Santa Cruz, en los parques nacionales, en el Chapare, en los Yungas, están haciendo imposible que en el corto plazo podamos sembrar agua porque sembramos coca(ína). Las represas y el centro nuclear son un atentado contra el mundo.

Son tantos los países en los que, por muchísimo menos que esta avalancha de latrocinios y lenocinios, presidentes y ministros renuncian para preservar un mínimo de dignidad ante la evidencia de su incapacidad, de su complicidad, de su cobardía ante la evidencia. Son países en los cuales los derechos ciudadanos están por encima de los intereses del gobierno. Al contrario, no sé de ningún país que gobernado por el despotismo haya logrado su liberación de cualquiera de esas vergüenzas sin luchar por su emancipación.

Nuestros derechos han sido –qué horrible palabra pero qué precisa-  conculcados. Los derechos humanos, en primer lugar, porque nos asesinaron, nos robaron, nos escarnecieron. Los derechos de la naturaleza, en segundo lugar. Porque aquello a lo que se comprometieron ("proteger y restablecer los ecosistemas relacionados con el agua, incluidos los bosques, las montañas, los humedales, los ríos, los acuíferos y los lagos”) lo traicionan cada día: vendepatrias. Y ante este espejo de la estafa, demasiados todavía se resignan acobardados. Pero cada vez más levantan la cabeza y miran de frente al gobierno cocalero.

Estas son las razones revocatorias. Porque si no las realizamos pronto, mañana será el día de la Junta Tuitiva. Precisamente lo que el Gobierno quiere para exacerbar el despotismo. Pero si construimos un voto revocatorio, seguiremos sembrando democracia. La Junta Tuitiva, en cambio, la de hace siglos o la de octubre, fue dinamita. Un día que no debe llegar porque la sangre no debe llegar. 

Guillermo Mariaca Iturri es ensayista.
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