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Nada es lo que parece

El más macho

El más macho
"Desde la creación del mundo, Dios era hombre. No quiero pensar por qué todos los líderes son del sexo masculino; compañeros, no piensen mal de la mujer, ya que no todas, pero casi todas las mujeres, son inferiores a los hombres”. Esta no es la primera afirmación machista del Presidente, seguramente es la milésima y no será la última.
 
Seguramente, también, no impedirá que tantas mujeres voten por él hasta casi el fin de los tiempos. No en vano el patriarcado está tan profundamente naturalizado que demasiadas mujeres resultan sus más fervientes defensoras y demasiados hombres sus más tenaces beneficiarios. Y aunque el régimen patriarcal sea el origen del asunto, en esta opinión no es el único.

 Hay que recordar que, aún siendo el patriarcado el cimiento emocional del Presidente, se ha convertido también en su estructura política y su certeza social. O sea, nuestro Presidente es muy macho porque ha nacido y vive patriarcalmente; porque la mujer es un objeto de conquista desechable; porque entiende y practica la política como una guerra de aniquilación del enemigo; porque el fútbol es asunto de rodillazos; porque el Presidente debiera ser sujeto de adoración. Su machismo emocional ha contaminado su conducta política y su práctica social.

 En el muy próximo futuro -en su impotente jubilación- delirará con seguir siendo el más macho. Porque ese será el momento en el que afirmaciones como "cuando voy a los pueblos, quedan todas las mujeres embarazadas y en sus barrigas dice Evo cumple”, se revelarán como lo que son: una contradicción entre la fertilidad física y la esterilidad política. Por eso, desesperado ante la contaminación que degrada la política gubernamental, su profeta advierte: "No lo abandonen, si no tiene apoyo regresarán los gringos, regresarán los vendepatrias, regresarán los asesinos y a las wawas les van a quitar todo, y no va a haber destino. Va a haber llanto y el sol se va a esconder, la luna se va a escapar y todo va a ser tristeza para nosotros, no se olviden”. Si Evo es el más macho –"virtud” a la que aspiran todos los déspotas que en el mundo hubo y hay-, ese machismo debiera alcanzar el paroxismo para intentar eternizarse cuando todo anuncia su desaparición.

 El más macho entre los machos no debe ser humano sino divino. Porque si no fuera dios, siempre aparecería alguna competencia en algún país africano o en Estados Unidos –Trump, por ejemplo, quisiera ese título para sí mismo-. Para asegurarse ese "privilegio”, Evo debe ser divinizado. Ahora lo sabemos por obra y desgracia de cierto alcalde chapareño: "El Presidente Evo es mandado por Dios y, como Dios (lo) mandó a esta tierra para gobernar, … yo entiendo (que) se va a quedar con nosotros definitivamente”.

 Pero como no hay mal que dure 100 años ni pueblo que lo soporte, y el más macho lo huele y sus adoradores lo saben, pretenden la inmortalidad para no perderse como grano de arena en el desierto de su propio despotismo.
 
Ya tiene un museo, un himno y ahora quiere rezos: "Pedí a la Ministra de Comunicación que haga un librito de todas las poesías que hemos escuchado, algunas son composición de los mismos estudiantes, felicito esa iniciativa”. El culto a la personalidad ha sido transformado en narcicismo por el propio dios con pies de barro.

 Sí. Evo es el más macho. Esa conducta patriarcal, despótica y narcisista ha contaminado todo. Ahora está terminando de cavar con sus propias manos su propia sepultura.

Guillermo Mariaca Iturri es ensayista.
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