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Nada es lo que parece

Viaje a la semilla

Viaje a la semilla
Esta es la invitación para las Jornadas Andinas de Literatura Latinoamericana. Vuelven a La Paz después de 23 años. Y para recordar a todos que esta extraordinaria aventura se fundó aquí, ha recorrido toda Sudamérica, ha llegado a Centroamérica y ahora 650 expositores académicos nos cuentan, en la Universidad Mayor de San Andrés,  hasta el 13 de agosto, cómo escriben desde el sur del mundo para todos nosotros. Les reitero la convocatoria.

 Durante todo el siglo XX la literatura latinoamericana fue construyendo nuestra residencia en la tierra. Recorriendo la distancia desde la colonia hasta la nación, peregrinando por laberintos de soledad, nuestra literatura nos imaginó. Hemos conversado en las catedrales, hemos escrito a los coroneles, hemos creído en las utopías arcaicas, nunca hemos pedido que aparten de nosotros este cáliz, siempre hemos vivido intensamente esta crónica de una vida anunciada. 

Pero carecíamos de algo fundamental. A pesar de que el poder de nuestra palabra producía inquisiciones y poemas humanos, el viaje a la ficción era un viaje que transcurría en cien años de soledades creadoras.
 
Necesitábamos pensarnos en comunidad para dar gracias por el fuego.

Algunos de nuestros países tenían reuniones académicas dedicadas a su literatura. Invitaban a los patriarcas del norte para recibir su bendición pero ni siquiera miraban al hermano desconocido, salvo cuando ese hermano recibía algún premio Nobel o cosa equivalente. Aún así, leíamos entonces a Pablo Neruda, no a Pedro Lemebel; a Octavio Paz, no a Carlos Monsiváis; a Gabriel García Márquez, no a Álvaro Mutis; a Mario Vargas Llosa, no a César Vallejo; a Machado de Assis, no a Clarice Lispector. Nos contaminábamos con la hora de la estrella aunque olvidábamos la constelación.

Pero hace 23 años JALLA organizó su primer congreso en La Paz. En este modesto rincón del mundo, la Carrera de Literatura de la Universidad Mayor de San Andrés organizó un diálogo entre académicos menores que querían pensar nuestro imaginario desde nosotros mismos. Es decir, recorriendo los senderos que se bifurcan:
 escritura y oralidad, barroco mestizo y tejidos, poesía y candomblé. En otras palabras, la colonialidad en las artes: la coexistencia y la desarticulación de modernidad y tradición que pueden comprenderse y experimentarse desde la metáfora del saco del aparapita -nombre demasiado paceño que podría sustituirse por el sociológico glocal o el educativo intercultural o el teórico diferencia radical o el político multitud pero que traduciéndolo perdería llajua, perdería picante- que es nuestro momento constitutivo.

Desde entonces se han realizado 11 jornadas más de ese camino ininterrumpido. Argentina, Ecuador, Perú, Chile, Colombia, Brasil y Costa Rica. Hablándonos y escribiéndonos, tejiéndonos y dibujándonos hemos ido revelando lo que la creciente lucha por la hegemonía está demostrando: que la lucha por los saberes y poderes de la representación se ha desplazado del espacio ideológico al territorio cultural. JALLA, así, ha profundizado la reflexión sobre los conflictos culturales que han diseñado la configuración de nuestras identidades.

Hemos sido capaces de compartir lo que dicen nuestras palabras, lo que explican, lo que omiten, lo que niegan, lo que fabrican. Porque nuestras palabras han producido nuestras realidades: desentierran pasados o los inventan, diseñan horizontes o los sepultan, censan nuestra experiencia o la sueñan. Durante estos años hemos construido una comunidad académica que ha llegado a su mayoría de edad, entre otras cosas, porque nació en una ciudad que tiene gente con el corazón más grande. Y el año 2016 JALLA vuelve a La Paz porque ha llegado la hora de realizar el viaje a la semilla.

Guillermo Mariaca Iturri es ensayista.
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