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Cholas de pasarela

Cholas de pasarela
Dos cholas luchadoras estuvieron en Madrid (https://youtu.be/e4phtPjviR0) y una chola diseñadora estuvo en Nueva York (http://news.nationalgeographic.com/2016/09/fashion-week-new-york-chola-clothing-bolivia/). Ese mundo cholo forma parte de la globalización en el mismo centro de la globalización. Esta es una observación de hecho. ¿No deberíamos, sin embargo, pensar desde otra perspectiva lo que todos los medios y tantas autoridades celebran? ¿Merece esto celebración?

  Bolivia era, apenas, un rincón exótico en el mapa del imperio. La única regularidad visible eran las cifras de la pobreza y la única sospecha invisible era la presencia abrumadora de los indios.
 
Hasta que sucedió un accidente. Sucedió un presidente indio. Por esto, Bolivia, hoy, es una incertidumbre global. ¿Estamos finalmente siendo modernos sin dejar de ser indios?

 En uno de nuestros costados cholos -en el Gran Poder, por ejemplo- hay interculturalidad.
 
Porque lo popular andino se ha definido por una posición: la que construye frente y contra lo hegemónico. Porque ha democratizado la construcción de los sentidos sociales. Porque ha compartido su experiencia de redistribución constante del poder y del capital. Porque ha hecho de la diferencia de las identidades una virtud y no una mercancía. Sobre todo, porque el Gran Poder es una celebración de la historia de su resistencia.

 Pero en el otro costado somos cholas de pasarela. Ejercemos con una convicción digna de mejor causa la degradación hacia la multiculturalidad y el exotismo étnico. El primer discurso del colonialismo fue el de la civilización:  necesitaba al indio como inferior. El indio podía mejorar hasta el punto de convertirse en un trabajador obediente, pero no más que eso. Para ello, el indio debía verse privado de su historia, que resultaba incompatible con la civilización occidental. Un colonialismo de transformación. Un indígena transformado en mestizo.

 El segundo discurso del colonialismo es el del multiculturalismo. No necesita crear una copia inferior del europeo. Lo que tiene que crear es un indio dócil y que pueda ser consumido. Ya no es necesario un pongo ni un esclavo, sino una mercancía que sea atractiva. Necesita un indio amable, que sea pintoresco y tenga sus costumbres locales, pero que sea suficientemente cosmopolita para, sobre todo, valorar el mercado occidental y las ideas políticas liberales. Un colonialismo de conversión. Un indígena convertido en mercancía.

 Hoy esas cholas, aparentemente feministas y aparentemente indígenas, son cómplices del multiculturalismo. Se han convertido en mercancía exótica del capital. Ya no celebran su resistencia; celebran su obediencia. Claro que son cholas, pero cholas de rasgos civilizados. Son ejemplo Disney o Barbie de buena conducta. Ellas siguen las reglas. Con cierto aire feminista, con cierto aire guevarista, con cierto aire indigenista. Y con cierta materialidad racista, mercantil y patriarcal. Porque ya no son empleadas domésticas. Son empleadas de las transnacionales. Cholas de pasarela.

Guillermo Mariaca Iturrri es ensayista.
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