La Paz, Bolivia

Martes 25 de Abril | 14:23 hs

Recuerde explorar nuestro archivo de noticias
Nada es lo que parece

La necesidad de Domitila

La necesidad de Domitila
"El enemigo principal, ¿cuál es? ¿La dictadura militar? ¿La burguesía boliviana? ¿El imperialismo? No, compañeros. Yo quiero decirles estito: nuestro enemigo principal es el miedo.
 
Lo tenemos dentro”. Domitila Chungara realizó su vida combatiendo al miedo. La huelga de hambre que inició junto a otras cuatro mujeres mineras y derrocó a la dictadura de Banzer es la mejor condensación de su lucha contra el miedo.

 La vida posterior de Domitila estuvo guiada por otra frase: "Si la mujer está politizada, si ya tiene formación, desde la cuna educa a sus hijos con otras ideas y los hijos serán otra cosa”. De la lucha contra el miedo interior a la emancipación hasta la lucha por la educación política para aprender a vivir por el bien común, todo su compromiso estuvo dedicado al servicio público. Esta actitud complementa la valentía personal y la convierte en responsabilidad pública. Y es precisamente esa vocación de servicio la que separa a ese socialismo auténtico de la estafa moral, económica y política de este Gobierno.

 La primera distancia entre Domitila y la izquierda gobernante de hoy consiste en la entrega. Hasta el último de sus días se dedicó a la educación política. Una politización que no tiene que ver con la capacitación para el ejercicio de poder alguno, sino una educación para no tener miedo. Sobre todo, miedo a no reconocer nuestros propios límites, miedo a no asumir la crítica, miedo a dejarnos encantar con la ambición de poder. Ésos son los miedos interiores que hay que superar y se lo hace confiando en la gente, no abusando de su lealtad.

 La segunda distancia consiste en el cariño. Por eso volvió de Suecia. Porque en el cariño a su tierra radicaba la posibilidad del abrazo. Y en ese rincón cochabambino, con piso de tierra, hizo del diálogo con los jóvenes una catarsis de sus pérdidas, pero, sobre todo, un cultivo de la sonrisa permanente, que tuvo su mejor ejemplo en el discurso en la Tribuna del Año internacional de la Mujer. Ahí es cuando dijo que la lucha no era contra los hombres sino contra el sistema de dominación, contra ese ejercicio autoritario del poder que hace del miedo el enemigo principal.
La tercera distancia, claro, está registrada en su testimonio, Si me permiten hablar. Para Domitila la lealtad con el pueblo no está inscrita en el voto por el representante, sino en compartir diariamente la experiencia de no rendirse. "Yo me sentí feliz, me sentí grande de compartir con esas mujeres dispuestas a morir pero jamás rendirse. Ese recuerdo me ha dado siempre valor: así tiene que ser el compromiso con el pueblo”. La lealtad de Domitila, por eso, no fue una obsesión con la muerte sino una reivindicación de la lucha. No era mártir ni heroína, fue una mujer del pueblo que vivía con el pueblo.

 Qué enorme contraste con lo que sucede hoy. Hoy una mentira repetida ("Mientras Evo y Álvaro estemos vivos hermanos, nunca vamos a privatizar lo que es del pueblo, primero que nos maten, luego si quieren ya que privaticen, pero mientras Evo y Álvaro estén juntos y vivos, no vamos a permitir que nos vuelvan a robar los extranjeros”) pretende camuflar la rendición ante el capitalismo salvaje, el financiero, el transgénico, el destructor de nuestros bosques, el transnacional. Porque hay extranjeros -CAMC- que roban con la complicidad del Gobierno;
 porque hay nacionales que lo vienen haciendo hace 10 años –como los cooperativistas que exportan el oro, como los cocaleros que destrozan la tierra, como los dirigentes del Fondioc- con el apoyo del Gobierno.

 Cuánto necesitamos hoy a Domitila. Su entrega, su cariño, su lealtad, su autocrítica. Esas virtudes fundamentales de la política popular de las que hoy carecemos. Esas virtudes que hoy han sido sustituidas por la estafa.


Guillermo Mariaca  Iturri es ensayista.
168
3
Comentarios

También te puede interesar: