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Nada es lo que parece

De las calles al Estado

De las calles al Estado
Hoy la patria está en las calles. La patria sale de las redes que protestan y va a las calles que reúnen porque Bolivia nos está siendo robada, mentida, abusada. Más grave aún, porque el Gobierno ha caído en la tentación del narcisismo. "Los pierde eso que alguien llamó, tiempo atrás, la tentación de sí mismos: Ese momento en que miran alrededor, miles de cabecitas allá abajo, y piensan pobres, qué sería de todos ellos si no estuviera yo. O, incluso: Qué habría sido de todos ellos si yo no hubiese estado. O, si acaso: Qué será de todos ellos cuando yo ya no esté. 

O quizá piensen: Ay, qué duro ser el único que. O tal vez, quién sabe: ¿Por qué será que sólo yo lo puedo? Lo cierto es que, piensen lo que piensen, creen que el estado –de las cosas, de los cambios, de su ¿revolución?– es ellos y que sin ellos nada. Entonces, se contradicen en lo más hondo y ceden –gozosamente ceden– a la tentación de sí mismos” (Martín Caparrós) Y pretende arrastrarnos a ese naufragio de la dignidad.

Pero ahora sí. Salimos a las calles, a las que nos negamos tantos años por una confianza ciega en la esperanza. Era imposible. Era absurdo. Era inadmisible. La dimensión de la estafa era inaudita. Finalmente, ya no hubo ceguera que aguante. Y salimos. Pero no salimos solos. Sino con la memoria larga de nuestros héroes antiguos y la sorpresa avasalladora de nuestros héroes de ahora.

El 21F restauramos esa rebelión anónima que se volvió millones. O ese levantamiento que prendió una tea que no se apaga. O ese acto de dignidad que logró que Bolivia se levante como si fuera la primera vez. Aún si el poder los asesina, a Tupaj Katari, a Pedro Domingo Murillo, a Marcelo Quiroga Santa Cruz. Los asesina, pero no los calla. La proclama de la Junta Tuitiva lo dijo: "Hemos guardado un silencio bastante parecido a la estupidez”. Hoy, ese silencio se transformó en voz que reitera que la condena no es condena, que es apenas abuso, manipulación, engaño. Una voz que restaura su dignidad, su lugar en la tierra.

El 21F revivimos la memoria de la marcha por el TIPNIS o de la caravana de discapacitados.
 
Recordemos que aún hundidos en el fondo del fondo del naufragio de sus movilizaciones, que fue la de todos, quedaron 10 t’simanes y yuracarés mirándonos cara a cara y 10 parapléjicos bailando y 10 ciudadanos de las calles sonriéndonos. Honraron como nadie y como nunca nuestra historia de teas libertarias. Y gracias a los indígenas y a los discapacitados, y a los ciudadanos solidarios sabemos que aún con la espalda del alma rota hoy, gracias a ellos, somos más libres. Por eso, hoy, una vez más, la patria está en las calles.

¿Cómo inundar el Estado? ¿Será cuestión de aliarse con los partidos? Porque sea lo que fueren son organizaciones que tienen como misión y como vocación tomar el Estado, apoderarse del poder. ¿O será cuestión de mirarnos en el espejo ciudadano, sonreír y comenzar a caminar un camino inaudito? Porque nosotros, los ciudadanos, no pretendemos el poder de sujetar, queremos la libertad de volar hacia horizontes inimaginables. Dirán que hasta los sueños requieren gestión y tendrán razón. Pero responderemos que la gestión de los sueños que liberan deberá ser distinta a la gestión del poder que limita. Por eso, con un poco de pasión y otro poco de razón, podremos refundar un círculo virtuoso entre Estado y sociedad, entre representación y participación, entre poder y libertad.

Mañana las calles estarán en el Estado. Pero será otro Estado. Un Estado democrático, un Estado ciudadano, un Estado en el que por encima de la representación esté la participación, en el que los derechos se expandan porque las responsabilidades se profundizan. Un Estado justo bailando con una sociedad hermosa. Hoy es inimaginable, mañana será vida diaria.

Guillermo Mariaca Iturri es ensayista.
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