La Paz, Bolivia

Domingo 23 de Julio | 00:50 hs

Recuerde explorar nuestro archivo de noticias
Guillermo Mariaca Iturri
Nada es lo que parece

Maistros bloqueadores

Maistros bloqueadores
Ahora que vivo en uno de los extremos de esta ciudad, padezco más carnalmente uno de los tantos absurdos paceños. Se llama transporte público. Y apellida arbitrariedad.

Supongo que todos reconocemos que, en términos generales, es barato, si se lo compara con Cochabamba o Santa Cruz. Asumo que todos sabemos que es pésimo. Pero como a caballo barato no se le mira la caries, nos doblamos en cuatro, entramos al minibús, nos semisentamos, nos olemos a todo sudor, nos cumbiamos a todo vapor y calladitos nos molemos los huesos.

Por qué pues nos ofende, qué siempre le hemos hecho, si lo llevamos hasta su trabajo y sólo le cobramos dos pesitos con 50 centavos.

No los ofendo, los describo. Mi poto está más plano que nunca, mi columna más doblada que siempre, mi olfato escarmentado y agradecería una sordera cumbiera a pedido.

Este es pues el sufrimiento del pueblo. Más bien debería estar agradecido de juntarse con nosotros que no somos excluyentes.

Yo también soy pueblo. Desde cuando ustedes tienen el monopolio del melodrama.

Ya pues. Qué siempre son esas palabras difíciles. No me has de estar mirando de arriba con tu lengua. Claro, para hacerme parar eres bueno porque me necesitas. Pero apenas te subes a mi herramienta de trabajo -¿ves que yo también sé hablar en lenguas?- ya me miras feo.Nadie te mira feo. Yo te reclamo porque es mi derecho. Porque vos deberías saber que el transporte público no es un negocio sino un servicio.

Yaaaa. Cómo pues. ¿Tengo cara de transportista?  Yo soy minibusero, auténtico minibusero trameador; no llevo carga sino bultitos nomás. Cebollitas de mi comadre, papitas para los que se venden, a veces pescadito para el Rodríguez. Agradecido deberías estar de ir a tu trabajo con cebollitas.

Como no dicen que sólo hay minibuses de 7:30 de la mañana a 6:30 de la tarde y que no trabajan en la noche, ni sábado, ni domingo, ni en fiesta, ni en días de guardar, ni en días de dormir el chaqui, que son siempre demasiados, me callo y agradezco que la única línea que llega por mi casa no sea excluyente y tolere mi presencia.

La solución al problema del transporte público en La Paz es relativamente sencilla a pesar de nuestra topografía. Un par de busductos bajo responsabilidad municipal que atraviesen la ciudad de sur a norte y de este a oeste. Una red de buses pequeños que conecten los busductos con los barrios y la red de teleféricos. Y, sobre todo, un sistema de transporte respetuoso con horarios y tarifas normados.

Muchos son los que coinciden en esta solución. Uno se pregunta, entonces, ¿por qué no se la realiza inmediatamente? La respuesta a esta paradoja, como a tantas otras surgidas de la mezquindad de nuestros beneméritos movimientos sociales, es la misma: ninguna parte del Estado hace prevalecer el interés general porque es incapaz de hacer política pública, y esta
incapacidad radica en el predominio del corto plazo y de la razón electoral. O de la sinrazón.

Los pasajeros nunca entienden. Sacrificado es manejar. Por llevarlos a sus destinos parando donde les da la gana nos arriesgamos mucho siempre. Los cogoteros nos matan para robarnos nuestra miserable ganancia del día. Los policías nos sacan plata por todo y por nada. Encima hasta impuestos hay que pagar. Dónde se ha visto que uno pague por trabajar. Es una barbaridad. Además de nuestro sacrificado servicio regalado, encima quieren uno bueno que perjudique a nuestro sindicato y nuestras calles. Nuestras calles que son nuestras, no de ustedes. Eso no puede ser. Tienen que agradecernos y además calladitos cuando bloqueamos.

Has de ver, maistro. Alas me he de inventar. Las juntas de vecinos nos hemos de reunir. Y entre nosotros nos hemos de transportar. Ese rato, cuando me ruegues "dame trabajo pues”, te he de responder: las calles son de todos, todos las hemos pagado con nuestra plata, todos tenemos derecho a usarlas. Ese rato no los vamos a bloquear, los vamos a olvidar.

Guillermo Mariaca Iturri es ensayista.
152
5

También te puede interesar: