La Paz, Bolivia

Lunes 21 de Agosto | 21:44 hs

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Guillermo Mariaca Iturri
Nada es lo que parece

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Ciudadan@s
La democracia representativa tiende a la endogamia. Por eso en la mayoría de los países que realizan regularmente elecciones, los partidos que ocupan el centro político absorben al resto. Y adquieren su legitimidad gracias al efecto de esa paradoja democrática: la unidad cancela la pluralidad. Hasta que sucede la crisis de la costumbre y emerge la demanda de renovación. Puesto de otra manera: la gente se aburre de lo mismo.

 La renovación, sin embargo, no suele resultar de una crisis de representatividad. Porque así como la gente se cansa de ver las mismas caras, también desconfía de rasgos demasiado distintos. A no ser que la corriente política que ocupa el centro y que ha sido capaz de dotar al pueblo de certezas (eso que llaman hegemonía) se haya degradado tanto -por corrupción, por abuso de poder, por ineptitud- que la gente ya no sólo demande renovación sino cambio.

 Hay momentos en la historia de un país, sin embargo, en los que la crisis de representatividad no se resuelve siquiera con un cambio de gobierno, momentos en los que se requiere un cambio de régimen. Momentos en los que el país se mira en el espejo de su historia contemporánea y sabe que no sólo tiene que cambiar de cara, sino de mirada. No sólo mirar otra cosa, sino mirar de otra manera.

 Hoy estamos enfrentando otra crisis. El extractivismo ha llegado a límites de insostenibilidad ambiental. La corrupción ha penetrado todos los niveles del Estado. La pobreza, que había disminuido, está comenzando a reproducir inequidades, porque el poder económico se está concentrando. Los principios democráticos se transgreden habitualmente. Los derechos humanos se violan generalmente. Esta crisis, ciertamente, es una crisis del régimen.

 Hoy estamos mirando la crisis con otros ojos. Estamos mirando la política no sólo como representación, sino como participación, sobre todo como participación. Porque ya no queremos delegar nuestro derecho a las decisiones, sino queremos participar en la toma de decisiones.

 Estamos mirando al país no sólo como unidad, sino como pluralidad, sobre todo como pluralidad.
 
Porque ya no queremos seguir sometidos a una "verdad”, sino queremos escoger y combinar muchas "verdades”. Estamos mirándonos a nosotros mismos no sólo como electores que eligen, sino como ciudadanos que deciden, sobre todo como ciudadanos. Porque ya no queremos delegar nuestra voluntad, queremos ejercer nuestros derechos. Esta crisis ha demandado que nosotros, los ciudadanos, nos miremos en el espejo de la apatía y resolvamos intervenir en el diseño de nuestro presente.

 La vocación libertaria de nuestro pueblo y la tradición política de nuestra historia nos exigen restablecer el derecho a dudar de las certezas con que nos engolosinaron estos 15 años. Pero eso hoy estamos volviendo a trabajar en esa silenciosa hazaña que es trabajar por mantener vivo nuestro asombro.

Guillermo Mariaca Iturri es ensayista.
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