La Paz, Bolivia

Viernes 28 de Abril | 04:11 hs

Recuerde explorar nuestro archivo de noticias
Bajo la sombra del olivo

¿Quién dijo que el 2016 fue un mal año?

¿Quién dijo que el 2016 fue un mal año?
 
  Está bien, puede ser que el MAS nos haya sorprendido con barbaridades y disparates que creíamos imposibles, que hayamos perdido a una docena de genios de la música y que la falta de agua en La Paz haya hecho retroceder nuestra calidad de vida unos 200 años, pero déjenme decirles algo: en términos políticos el año 2016 fue estupendo, pues finalmente marcó el agotamiento y el cambio de un ciclo político.

El 2016 ha sido un año de inflexión a partir del cual cambiará el sentido de la política boliviana y a partir del cual hemos decidido pensar, y actuar en función a un futuro distinto.

Todos sabemos que lo que tenemos por delante no será sencillo, pero creo que la mayoría estamos también convencidos de que somos absolutamente capaces de asumir, desde donde nos toque, el reto de cambiar el rumbo por el cual vamos. Y creo que estamos convencidos de aquello, porque sabemos que no es la primera vez que el país enfrenta una situación límite, que nos demanda un esfuerzo supremo para no caer en un abismo, y que siempre supimos encontrar el camino.

Lo paradójico de esto es que fue el propio MAS el que generó las condiciones para que esto ocurra; su ceguera y su esquizofrenia políticas los llevaron a cometer el gran error de convocar al referendo del 21-F. Ese error los confirmó, a ojos de todo el mundo, como un régimen autoritario y angurriento, capaz de incumplir todos sus compromisos, y obligaciones con tal de quedarse en el poder.

Y así fue cómo a principios de este gran año perdieron el referendo y le dieron al país cuatro largos años para generar nuevas propuestas y preparar nuevos liderazgos, y proyectos políticos; todavía quedan tres por delante y en política eso es mucho tiempo.

En este bárbaro 2016, y a partir del 21-F, la política dejó de ser monopolio del Gobierno y de la turulata oposición parlamentaria, y se reencontró con los jóvenes y con los ciudadanos de a pie que, a través de numerosos colectivos ciudadanos,  se han sumado al escenario político, refrescándolo y vigorizándolo.

En este intenso y revelador año, el MAS ha cerrado su funesta actuación rematándose políticamente en su intento de desconocer y anular el resultado del referendo, alineando a la gran mayoría de los ciudadanos en la lucha por la defensa de la democracia.

¿Debiera desalentarnos esta intentona autoritaria de atropellar nuestra democracia? No, si entendemos que lo han hecho porque no les quedaba otra en una situación en la que se están matando internamente y necesitan cerrar filas para evitar el desbande. 

No, si entendemos que por muchas ganas que tengan de quedarse indefinidamente no podrán ganar un nuevo referendo y que ni siquiera podrían ganar una elección general con Morales como candidato.

Porque este 2016 nos ha mostrado con claridad que la inmensa ineptitud en la gestión, combinada con la corrupción a gran escala y la crisis económica que se niegan a enfrentar con seriedad, harán que el Gobierno llegue al 2019 con un desgaste muchísimo mayor al que todos imaginan.

Este macanudo 2016 nos ha confirmado, entonces, que el MAS llegará, con quien fuera candidato, tremendamente debilitado a las elecciones generales y que el próximo gobierno que elijamos no estará condenado a muerte de antemano por un supuesto poderoso bloqueo político.

Este agitado 2016 nos ha mostrado, en suma, que habrá vida después del MAS, que el mundo no se acabará el 2019 y que podemos seguir adelante, valorando lo avanzado pero, sobre todo, sin cometer el error de querer volver al pasado.

 
Ilya Fortún es comunicador social.
368
3

También te puede interesar: