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Bajo la sombra del olivo

Imprudencia, ignorancia o mezquindad

Imprudencia, ignorancia o mezquindad
La posición y las recientes señales de Evo Morales frente al Gobierno de Brasil pueden denotar imprudencia, ignorancia, resignación, mezquindad   o, en el peor de los casos, una mortal combinación de las cuatro cosas.

Ese es el problema con la gente que no dice lo que piensa y que no hace lo que dice; con ellos tenemos que estar siempre adivinando cuáles son sus razones y cuáles son sus impulsos ante situaciones y asuntos que, aunque les cueste entender, son de incumbencia pública.

Meses atrás, cuando Dilma Rousseff fue suspendida temporalmente del cargo de presidente, en espera de la determinación final del Senado brasileño, la Cancillería boliviana emitió un comunicado condenando enérgicamente lo sucedido e indicando que se trataba de una acción que vulneraba la democracia en el vecino país.

Cuando Rousseff fue destituida de su cargo definitivamente, el Gobierno boliviano cumplió la amenaza de retirar a su embajador de Brasilia, llamándolo a consultas.

Anteayer, cuando el presidente Temer se aprestaba a dar su discurso en la Asamblea General de las Naciones Unidas, en Nueva York, Morales, junto a los cuatro amigos que le quedan en la región, se retiró de la sala en son de protesta, enviando una señal de enemistad al Gobierno brasileño, en el foro diplomático más importante del mundo, desde el punto de vista simbólico, claro está.

Podría pasarme el día enumerando la colección de ataques y agresiones de personeros del Gobierno al nuevo presidente del Brasil, p ero para muestra, en este caso, bastarán tres botones.
Como usted sabrá, estimado lector, nuestro país vive esencialmente de la exportación de gas y nuestro principal cliente en ese negocio es, justamente, el Estado brasileño. Nos toca, además, en poco tiempo, renegociar el contrato con ellos y la primera reacción de los brazucos ha sido mandarnos una señal de advertencia de que podrían bajar sus volúmenes de compra a la mitad, librando la otra mitad a que nos las arreglemos como queramos o como podamos, con una serie de agentes privados.

Que un pinche columnista despotrique contra el nuevo Gobierno brasileño es intrascendente para la política y los negocios internacionales, pero que lo haga el Presidente o el Canciller, es, como mínimo, una gran imprudencia.

Que Morales piense que nada ha cambiado, ni en Bolivia ni en la región, y que puede decir impunemente todo o que se le pase por la cabeza, como ocurrió con los gringos cuando le sobraba la plata y cuando formaba parte de un bloque regional que lo protegía y lo mimaba, es también, cuando menos, pecar de ignorancia.

También puede haber algo de ignorancia si está pensando que como los brazucos necesitan todavía parte de nuestro gas, estarán obligados nomás a renegociar el contrato en iguales o mejores condiciones. En ese caso, estaría ignorando que, con mala voluntad política, los hermanos mayores del barrio podrían renovar el contrato para cumplir con la demanda que hoy todavía no pueden satisfacer, pero hacerlo poniéndonos un montón de dificultades y piedritas en el camino.

Podría ser también que esta actitud, medio suicida, se deba, finalmente, a una suerte de resignación porque no podrá forzar un nuevo referendo para su reelección, sin perder nuevamente, y al mezquino reflejo de decir: como yo ya no voy a estar, jódanse entonces sin la gallina de los huevos de oro, y que mi recuerdo sea el de la bonanza para preparar mi retorno.
Todo es posible pero - insisto - lo peor es que lo más posible es que se trate de una horrorosa combinación de todos esos factores.
  
Ilya Fortún es comunicador social.
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