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Bajo la sombra del olivo

Evo Force One

Evo Force One
 Si a algún lugar tenía que haber viajado Evo Morales en su condición de Presidente era a la firma del Acuerdo de Paz entre las FARC y el Estado colombiano, en Cartagena. Y no lo hizo.

El viajero frecuente más caro de nuestra historia presupuestaria, curiosamente, esta vez decidió ahorrarnos unos pesos no asistiendo a lo que probablemente fue uno de los eventos más importantes del continente en los últimos diez años.

El hombre que le compró con nuestro dinero un avión de lujo por cuarenta millones de dólares a uno de los equipos de fútbol más ricos del mundo para poder viajar con la facilidad y la comodidad de un presidente del primer mundo, cuando quisiera y adonde quisiera, decidió no asistir a un acto trascendental e histórico, en el que vimos a decenas de personalidades mundiales, honrados y orgullosos de estar allí.

El hombre que viaja literalmente todos los días de Dios y a veces incluso dos veces al día, la mayoría de las veces con fines proselitistas, y en muchos casos con el único objetivo de jugar un partido de fútbol, gastando sumas astronómicas de nuestra plata en horas de vuelo del Evo Force One, seguramente tenía algo más importante en su agenda, el momento en que en la región se ponía fin a un conflicto de 50 años.

El canciller Choquehuanca dijo que Morales no fue porque no lo invitaron oficialmente. Si esto fuera cierto, el asunto de verdad sería gravísimo, pues querría decir que Morales ha llevado al país a una condición de aislamiento regional e internacional realmente preocupante.

Si invitaron a todos, independientemente de su color político o ideológico, menos a ti, es que el responsable de las relaciones exteriores, durante los diez últimos años, tiene un problema muy serio, o que ya tienes una fama de provocador que podría arruinar la fiesta.

Pero bueno, la propia Cancillería colombiana se ocupó de aclarar que eso no fue cierto y que, sin lugar a ninguna duda, invitaron a Morales, no una, sino tres veces.

Lo que nos dice, por un lado, que el Gobierno ya se ha acostumbrado a mentirnos descaradamente, sin ponerse ni siquiera colorado. El jefe de gabinete, cabeza de la diplomacia, número dos del MAS y posible sucesor de Morales, como candidato presidencial, nos miente con premeditación y, debo decir, algo de alevosía, cuando se le escuchó desafiar a que alguien le mostrara la invitación.

Por otro lado, el incómodo desmentido de la Canciller colombiana nos dice que han debido ser otras las razones para que Morales decidiera, esta única vez, no realizar un viaje.

Me inclino a pensar que para alguien que concibe la política, la democracia y la vida misma como una guerra permanente, un evento en el que se celebraba la paz no era precisamente algo de su interés. Para alguien que ha hecho de la confrontación la columna vertebral de su gobierno, un acto en el que se apuesta por la paz y no por el enfrentamiento, debe sonar a una reunión de debiluchos sin carácter.

O, probablemente, cedió ante las opiniones de varios de sus hombres más cercanos, fervientes partidarios de las luchas armadas, que le han debido decir que allí no había nada que celebrar y que el acuerdo era una capitulación inadmisible de la guerrilla.

Como podrán ver, sea cierta o falsa la explicación del Canciller, en ambos casos estamos, nuevamente, frente a un desastre que, en cualquier gobierno del mundo, hubiera ocasionado que algunas cabezas rueden. Pero en el mundo al revés del MAS, esto ya es parte de lo normal.
  
Ilya Fortún es comunicador social.
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