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Bajo la sombra del olivo

Lo que se viene por delante

Lo que se viene por delante
Pasados los ajetreos y el relajamiento de fin de año, que el Gobierno aprovechó para anunciarnos que decidió anular los resultados del referendo, corresponde desahuevearnos un poco, ubicarnos, y ver por dónde pasará la agenda del año que comienza.

Lo primero que queda claro es que, pese a la bulla y a la polvareda levantada la cosa no pasará por el Dakar; el Gobierno boliviano debe ser uno de los pocos actores que quedan en el mundo dispuesto a jugarse a fondo por un negocio privado de cuestionada reputación que, además de polvo, deja tras de sí una estela de conflictos éticos y políticos, que los impávidos anfitriones deben tragarse a cambio de unos supuestos cinco minutos de gloria.

 Soy un apasionado de las motos y vibro sólo ante el sonido de los motores de estos gladiadores modernos, pero la parafernalia y la alfombra roja al circo, en una ciudad en medio de una horrible crisis de agua, me parece una impertinencia. Que pasen y que se vayan pronto, que acá no estamos para bromas, y de circo ya tuvimos bastante.

 Cuando se disipe la polvareda circense, tendremos que enfocarnos nuevamente en la cruda realidad de un gobierno que ha decidido ponernos a prueba. El año pasado ya nos puso a prueba con el referendo de la reelección y como el resultado dentro del ámbito democrático no fue de su conveniencia, ahora nos están comenzando a poner a prueba fuera ya del esquema del Estado de Derecho.

 La gravedad de los hechos no nos permite darnos el lujo de pecar de ingenuos ante señales tan claras y alevosas que apuntan a que estos señores, al parecer, no están dispuestos a dejar el poder por las buenas.

 La decisión que Morales y los dirigentes del MAS tomaron en Montero en relación a nuestro voto y a nuestro sistema democrático no es menor, ni debe ser subestimada. Estamos ya frente a una actitud abiertamente autoritaria y antidemocrática, adoptada, además, bajo el influjo del miedo y la desesperación.

 Esta gravísima violación a la democracia nos muestra un camino que puede ponerse mucho más complicado hacia adelante, pero también nos pone a prueba como ciudadanía: quiero decir con esto que la conducta autoritaria del Gobierno se radicalizará o se moderará, entre otros factores, en relación a la respuesta y a la reacción de las clases medias urbanas.

 Si nos atenemos a los cálculos y las previsiones del Gobierno, y les confirmamos que por definición no tenemos capacidad de compromiso político, que somos incapaces de movilizarnos en defensa de nuestros derechos y convicciones, que ante todo lo que nos caracteriza es el miedo, y que mientras tengamos plata para gastar el resto nos vale madres, pues entonces el régimen se pondrá cada vez más duro, y terminará acabando con nuestra democracia.

 Si por el contrario, les recordamos nuestro papel determinante en momentos épicos de la política nacional, nuestra lucidez política como la ciudad que siempre marcó línea e irradió nuevos horizontes, nuestra templanza y sabiduría, pero también nuestro coraje,  y determinación cuando las cosas llegan a un límite, pues tendrán que pensársela dos veces antes de seguir pisoteando nuestra democracia.

 La pelota está en nuestra cancha, en la de los ciudadanos, que somos en definitiva los que tenemos que dar la cara nuevamente y pasar de la queja a la acción concreta, para mostrarle al Gobierno que no estamos dispuestos a tolerar una dictadura encubierta.

No es precipitándonos a la loca, sino reflexionando sobre el papel que nos toca asumir y preparándonos para una movilización que debe comenzar el 21 de febrero, con el Día Nacional de Defensa de la Democracia, allí debemos encontrarnos y reencontrarnos todos.

Ilya Fortún es comunicador social.
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