La Paz, Bolivia

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Bajo la sombra del olivo

#VerdadesSinFiltro

#VerdadesSinFiltro
 Nuestro maltrecho Gobierno sufre un montón de enfermedades de diversa índole: unas son pasajeras y todavía tratables; otras, infecto contagiosas y otras terminales. Son tantas, que el sólo enumerarlas me tomaría la página entera y, probablemente, todo el cuerpo central del periódico.

Me limitaré entonces a señalar solamente una de sus afecciones de rasgo psicológico y peligrosísima para quien la sufre y para quienes lo rodean: la mitomanía. Este comportamiento mentiroso compulsivo del Gobierno se agrava aún más con su habitual mecanismo de defensa, mediante el cual atribuye a otros sus propios defectos: la proyección psicológica.

El grosero invento del supuesto Cártel de la Mentira, en el que han gastado ingentes cantidades de tiempo y recursos públicos es, sin duda, un claro síntoma de estos males.

En la larga colección de mentiras que el Gobierno ha acumulado hay mentiras que pueden ser consideradas pecados veniales, como el título del Vicepresidente, la "cara conocida” del Presidente o la salvadora lluvia sobre la sede de Gobierno, mentirijillas al fin, pero hay otras mentiras que son realmente pecados mortales.

Y lo terrible es que estamos tan inundados de mentiritas que hemos dejado de prestarles la debida atención a las mentirotas, que son las que realmente importan.

La mentira de la nacionalización de los hidrocarburos como obra de este Gobierno con un decreto, cuando la verdad es que todas y cada una de las disposiciones se encuentran establecidas en la Ley de Hidrocarburos, y en sus decretos reglamentarios,  cuando la verdad es que todo eso ocurrió antes de que el MAS llegara al Gobierno.

La mentira del anticapitalismo, cuando la verdad es que los hechos y las acciones del Gobierno demuestran que hoy vivimos un capitalismo mucho más acentuado y salvaje, impulsado por una superburguesía capitalista, integrada por nuevas y viejas élites, unas legales y otras no tanto.

La mentira del antiimperialismo, cuando la verdad es que solamente hemos cambiado de patrones, entregándole el país a la voracidad asiática, a cambio de negocios truchos y muchas veces medio turbios, y a cambio de una deuda que no van a alcanzar a pagar ni nuestros tataranietos.

La mentira de la soberanía económica y el blindaje de nuestra economía, cuando la verdad es que el brutal extractivismo al que se ha abandonado el Gobierno nos ha hecho más dependientes y más vulnerables que nunca en nuestra historia económica.

La mentira del pachamamismo y el respeto a la Madre Tierra, cuando la verdad es que no han vacilado en arrasar con el TIPNIS y cuando pretenden hacer algo peor con la represa del Chepete,   entre otros múltiples crímenes ambientales sumados en 11 años.

La mentira del ama sua y de la transparencia, cuando la verdad es que, lejos de ser microcorrupción, la megacorrupción reinante ha superado con creces todo lo que habíamos visto, incluidos los gobiernos militares.

La mentira del Gobierno indígena, cuando la verdad es que han atropellado los derechos y las conquistas de los pueblos indígenas las veces que se les ha dado la gana, para favorecer intereses económicos de sus acólitos.

La mentira de la revolución democrática, cuando la verdad es que han pisoteado sistemáticamente los principios democráticos y los preceptos constitucionales para satisfacer su angurria de quedarse en el poder, y cuando la verdad es que, en ese cometido, no han tenido el menor reparo en anular en los hechos el referendo del 21F.

¡Uy!, ¿Viste? Ya se me acabó el espacio y no voy ni en la mitad del listado de las grandes imposturas, pero la idea es que no nos perdamos en el champerío de las mentiritas y no perdamos de vista las mentirotas, porque detrás de ellas están las verdades.

Ilya Fortún es comunicador social. #VerdadesSinFiltro
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