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Bajo la sombra del olivo

Las fieras tras el felino herido

Las fieras tras el felino herido
Si la Ley de la Coca fuera tan digna como dice el Gobierno, no tendrían por qué haberla aprobado de manera tan furtiva y vergonzosa, en vísperas del Carnaval. Si te has visto obligado a recurrir a una artimaña de ese calibre, en un asunto tan sensible para todo el país, es que tienes la conciencia sucia; sabes que estás haciendo algo muy malo, que requiere de una maniobra distractiva para aparentar legitimidad.

Ésta es una prueba más de que ya no estamos frente a ese poderoso Gobierno que podía darse el lujo de hacer y decir lo que se le antojaba, en el momento que se le daba la gana, teniendo o no la razón.

Ahora ha tenido que apresurar una operación entre gallos y medianoche, después de haber sufrido la presión de sus principales aliados; una presión con sabor a humillación pública en esos días en los que los cocaleros de los Yungas convirtieron a la ciudad de La Paz en un pequeño campo de guerra y terminaron dándose el gustito de correr a patadas, y destrozar el escenario de los funcionarios masistas acarreados a la contramarcha del 21F.

Los cocaleros yungueños consiguieron lo que querían y para que los chapareños no se sintieran engañados les aumentaron a ellos también la superficie de cultivos. Todos sacaron su tajada en este festín, horriblemente parecido a la escena salvaje en la que las hienas rodean y atacan a mordiscos al felino herido.

El olor a sangre que despide el Gobierno en decadencia ha despertado el instinto animal de sus propias huestes, que terminarán depredando a sus líderes y principales protectores. 

Ya vimos este espectáculo, inimaginable hace un tiempo, con los cooperativistas mineros y ahora con los cocaleros, en lo que será una tendencia creciente en la medida en que el botín del Estado satisfaga cada vez menos el apetito de los acólitos, malacostumbrados a una década de sacio permanente.

Y es que así nomás es la cosa cuando lo que te une ya no son las ideas ni los proyectos y cuando todo lo que queda es la prebenda, y la cuota de poder. Cuando la torta alcanza puedes repartir con comodidad (aunque lo hagas de manera irresponsable), pero cuando comienza a faltar tienes que comenzar a quitarle su parte a la gente para calmar el hambre de tus leales; cuando eso tampoco alcanza, es cuando te das cuenta de que perecerás bajo las frías reglas de tu mismo juego.

Y en ese jaloneo a nadie le importa ya nada. A los cooperativistas no los importó en lo más mínimo el enorme costo de asesinar a un viceministro, así como a los cocaleros les vale un pepino atentar contra la figura de Morales en un tema extremadamente delicado, que evidencia ahora sí, groseramente, su absurda dualidad de funciones como jefe cocalero y Presidente.

Gran parte de los esfuerzos que hizo Morales durante tantos años para revertir el estigma que tenía en relación con  la coca y el narcotráfico serán borrados con el codo de sus cocaleros, en una decisión que no solamente afectará a su imagen y su paso a la posteridad, sino que le traerá problemas concretos con la comunidad internacional y con los países vecinos.

Al final, en casa todos sabemos de memoria que hay muchas, pero muchas más hectáreas de coca cultivadas de las que dice el Gobierno y que todo lo que excede de las 6.000 hectáreas necesarias para el consumo tradicional se van directito al narcotráfico, pero afuera todavía se mantenía, de alguna manera, la estampa de que el Presidente y líder cocalero tenía en su país a la coca bajo control.

La figura de Morales se ha derrumbado internamente hace rato y comienza ahora a resquebrajarse seriamente en el plano internacional.
  
Ilya Fortún es comunicador social.
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