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Ilya Fortún
# VerdadesSinFiltro

Siete sobre siete

Siete sobre siete
En estos tiempos cumplir siete años no es fácil para ningún periódico, en ninguna parte del mundo. Pero cumplir siete años en un mercado como el nuestro y en las condiciones políticas de los últimos años es una verdadera hazaña.

Claro, no se trata de cumplir los siete años solamente, sino de cumplirlos sin haber vendido el alma al diablo en el camino; ahí está el detalle y la diferencia con muchos que vendieron el alma, y el cuerpo.

Para haber logrado una proeza tan grande como ésta hace falta tener un equipo de periodistas con gran oficio y compromiso con su profesión, por supuesto, pero también una enorme convicción empresarial, y democrática, sin la cual no se hubiera podido sobrevivir.

Página Siete ha reunido y ha mantenido todas esas cualidades, a las que hay que sumar una tremenda valentía, que cualquiera podría confundir incluso con temeridad. El coraje con el que los socios, los ejecutivos, los directores (a), la redacción, la planta de empleados y los colaboradores han enfrentando tantas adversidades es un ejemplo no solamente para el periodismo, sino para la democracia en el país.

La prensa escrita enfrenta ya de por sí enormes dificultades en todo el mundo, pero en este caso éstas han sido agravadas exponencialmente por el acoso y por los despiadados ataques del Gobierno.

Hay que decirlo sin tapujos y sin medias tintas: el MAS pasará a la historia como el régimen que más daño le ha hecho al periodismo y a la comunicación en general. Y es que para este gobierno el discurso, el relato político y la propaganda han sido uno de los pilares fundamentales en la construcción, y en la reproducción de su proyecto de poder.

Bastaría con revisar los gigantescos y obscenos presupuestos del Ministerio de Comunicación, que no hacen más que crecer a medida que el Gobierno se debilita, para darse cuenta de la magnitud y de la importancia estratégica que le dan a la comunicación.

Pero está clarísimo que no les ha sido suficiente convertir a los medios estatales en burdas vocerías partidarias, ni tampoco les ha bastado con saturarnos hasta la náusea con propaganda pagada.

La brutal fuerza comunicacional que han construido la han conseguido también apropiándose del sistema de radios comunitarias, comprando medios de comunicación a través de testaferros con fondos de procedencia desconocida y silenciando a los que no han podido comprar.

Ese silenciamiento es una de las expresiones más tristes e indignantes del totalitarismo comunicacional y se lo puede sentir horriblemente en medios que no han sido comprados, pero que se han impuesto la autocensura política para proteger y potenciar los intereses económicos a los que están vinculados o de los que son parte.

A Página Siete no han podido cooptarla, ni comprarla, ni someterla y entonces han intentado liquidarla a través de asfixia económica (este periódico, a pesar de su influencia y su peso en el mercado, no recibe un peso de esos ampulosos presupuestos de comunicación) y del acoso sistemático y descarado.            

El acoso perpetrado a través de presiones de mercado y de todas las instancias del Gobierno que acorralan todos los días al periódico no han podido minar en lo más mínimo su espíritu y, al contrario, ha transformado sus convicciones en una obsesión democrática a prueba de fuego.
Me siento orgulloso en lo personal de haber sido parte de este proyecto como columnista y colaborador, desde el primer día. 

Ilya Fortún es comunicador social.
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