La Paz, Bolivia

Jueves 22 de Junio | 07:57 hs

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Ilya Fortún
#VerdadesSinFiltro

El lado bueno del drama ecuatoriano

El lado bueno del drama ecuatoriano
Lo que pasó el domingo en Ecuador fue percibido como un drama por estos lares. Yo más bien creo que fue una buena señal política para los bolivianos, tanto para los que nos oponemos al MAS, como para los que lo sostienen.

 Ganó el candidato oficialista en segunda vuelta contra todo pronóstico, contra toda la corriente regional y contra todo el deseo de casi la mitad de los ecuatorianos. 

 Eso de los pronósticos la verdad es que ya no es mucha sorpresa, considerando que las encuestas y las bocas de urna no hacen otra que fallar y equivocarse en todo el mundo; habrá que ver si eso se debe a que la gente aprendió a mentir o a que las encuestadoras están cada vez más jugadas por cierto tipo de intereses, o porque ya no hay método que sirva para medir la opinión de un mundo que anda patas arriba.

 Más allá del ya habitual chasco de las encuestas y del impacto regional del resultado, el desenlace nos sirve para extrapolar algunos factores en un ejercicio sano, pero algo imprudente, si consideramos que lo que pasa y ha pasado acá no es exactamente igual a lo que ha pasado en Ecuador… ni en Argentina, ni en Brasil, ni en Venezuela.

 Pero, ¿para qué estamos los columnistas si no es para especular?

 Digo que en la elección ecuatoriana hay buenas lecciones para nosotros, primero porque si hubiera ganado la oposición, seguramente eso nos hubiera dado la falsa impresión de que todo ya estaba medio definido en la región y que no quedaba más que esperar la caída de Maduro y la subsiguiente derrota del MAS, todo en una progresión casi automática.

 Nada más falso. Cada país tiene sus particularidades y sus propios ritmos; hay que saber leerlos y sobre todo no cometer el error de subestimar la fuerza remanente de regímenes con fuerte raíz popular.

 Quiero decir que no estamos frente a gobiernos cualquiera, y que por lo tanto los razonamientos, y los reflejos estándar de la política y del marketing político se pueden quedar cortos y pueden terminar traicionándonos.

 Uno de ellos tiene que ver con esa comprensible, pero errada pulsión a la candidatura única  o a los frentes de unidad. La política no es como las matemáticas, porque sino sería aburridísima; en política hay sumas que restan y hay divisiones que multiplican, y si no sabemos entender eso nos va a ir como la mona el rato que nos toque derrotar al MAS en las urnas (o sea en 2019).

 La bolsa de gatos, la juntucha del pasado con el futuro, es lo que el oficialismo nuestro está esperando y lo que hará extremadamente vulnerable a cualquier experimento de ese tipo.

 Entre otras cosas porque esa juntucha nunca podrá tener la consistencia ni la coherencia indispensables en tiempos como éstos. No bastan entonces las buenas voluntades, las estructuras, los candidatos y las platas si no se ha cumplido primero con el requisito de tener un nuevo proyecto político que enamore nuevamente al ciudadano. Un proyecto distinto a lo que nos han encachufado estos 10 años, pero sobre todo distinto al pasado.

 Algo de eso faltó en el Ecuador y la gente, más allá del descontento y del hastío,  no se animó a dar el paso hacia adelante porque la alternativa se parecía mucho a dar un paso hacia atrás. Un candidato rico como todo banquero, pero además protagonista en el pasado de uno de los episodios más oscuros de las finanzas ecuatorianas.

 No confiarse ni dar nada por hecho, dejar de pensar electoralmente sin tener proyecto político alternativo, no pensar que las sumas siempre suman y tener claro que hay que ganar contundentemente, y no por un pequeño margen sujeto a manipulación oficialista. Esas podrían ser algunas lecciones útiles.


Ilya Fortún  es comunicador social. 
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