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Ilya Fortún
#VerdadesSinFiltro

Maduro, Morales y los fierros

Maduro, Morales y los fierros
La caída de Maduro en Venezuela dependerá de la capacidad de la oposición y la ciudadanía para mantener la presión en las calles, pero fundamentalmente de la posición que asuman las Fuerzas Armadas en los días y en las semanas que vienen.
 
Por eso causó tanto revuelo el incidente en Caracas la noche del martes, cuando, supuestamente, un grupo de uniformados robó un helicóptero de la Policía y atacó los edificios del Tribunal Supremo de Justicia y del Ministerio del Interior.
 
Esta podría ser una señal y el detonante de lo que podría ocurrir en el corto plazo, lo que estaría sellando definitivamente el destino del régimen venezolano, pero podría ser también una maniobra del propio gobierno que podría ser utilizada como excusa para militarizar el país e intentar arrasar definitivamente con las protestas; es decir, llevar la represión a otro nivel con el argumento de que enfrentan una intentona golpista.
 
Todo esto ocurre, además, un par de días después de que el presidente venezolano se sacara finalmente la careta democrática y anunciara al mundo entero que "lo que no se pudo con los votos, lo haríamos con las armas”; una declaración de guerra a su propia población, que me imagino habrá emocionado a Evo Morales, que le había recomendado tomar ese camino diciéndole públicamente "Maduro, dales duro”.
 
Este tipo de desenlace no es ninguna novedad. Así nomás ocurren las cosas cuando los gobiernos llegan a su punto de agotamiento político. Cuando se terminan la legitimidad democrática, la representatividad mayoritaria y cuando los apoyos de las burguesías ya no son suficientes para sostener al régimen, la cosa se define a través de los fierros, y los dueños de los fierros son las Fuerzas Armadas.
 
En Venezuela las cartas ya están echadas y los militares tienen que decidir hasta dónde irán para evitar la caída del gobierno y cuál es el precio que están dispuestos a pagar en el futuro, en caso de que las cosas no salgan bien.
 
La decisión no será fácil porque en el caso Venezolano los militares han sido no solamente apoyo, sino parte indisoluble del gobierno durante todo el chavismo; les ha tocado jugar un rol político protagónico y han ocupado los espacios más apetecidos en los que han acumulado mucho poder, y muchas fortunas.
 
En nuestro caso, el rumbo autoritario y antidemocrático que ha emprendido el gobierno de Morales hace prever que más temprano que tarde (ojo, Bolivia no es Venezuela) tendrán que recurrir a uso de la fuerza para continuar forzando su permanencia en el poder.
 
En ese momento los militares bolivianos tendrán también que asumir una posición sopesando sus ataduras y su grado de compromiso con el régimen del MAS. No es tampoco novedad para nadie que los altos grados militares bolivianos han sido "muy bien tratados”, económicamente hablando, y que eso ha contribuido a su explícita lealtad al Gobierno.
 
Pero los mimos y los privilegios han tenido también un alto costo en términos de una sumisión, muchas veces harto vergonzosa. Si bien el discurso nacionalista y anti-imperialista del Gobierno pudo haber coincidido con el espíritu de las Fuerzas Armadas; el otro lado del discurso, el del izquierdismo marxista y el indigenismo, ciertamente choca con la doctrina y con la tradición del Ejército.
 
A partir de éstos y otros elementos se abren varias interrogantes. ¿El régimen autoritario de Morales terminará siendo un gobierno cívico-militar? ¿En los hechos no lo es ya actualmente? ¿Nuestra Fuerzas Armadas están cooptadas por dádivas coyunturalmente o son realmente las Fuerzas Armadas del MAS?
 
Clarito será, ¿no?

Ilya Fortún es comunicador social.
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