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Ilya Fortún
#VerdadesSinFiltro

El inmenso precio de la conveniencia

El inmenso precio de la conveniencia
Hay temitas que sólo se silban, pero no se cantan. Unas veces puede ser por miedo, pero otras tantas quien sabe por vergüenza, ¿no ve? Y el tema del confort económico versus los principios éticos y la calidad democrática  es uno de esos temas que flotan en el ambiente, pero que nadie se anima a explicitar porque justamente conllevan un dilema personal medio jodido.

Para ponerlo en claro español, me estoy refiriendo al dilema de la plata versus  la política, que los ciudadanos bolivianos hoy ya estamos enfrentando, eso si un poco hechos a los giles, y que más temprano que tarde  nos pondrá a prueba obligándonos a asumir una posición.

Podríamos seguir dorando la píldora, ponerlo en palabras bonitas o incluso sacarle el poto a la jeringa teorizando acerca de si la economía prevalece sobre la política o si la gente decide y toma posiciones en función a sus intereses personales sobre sus valores o los valores colectivos; pero la verdad es que yo ya estoy bastante podrido de sentir como este asunto planea sobre nuestras cabezas, sin que tengamos el suficiente valor para decir lo que realmente pensamos al respecto.

Al grano: ¿la bonanza económica disfrutada durante estos últimos años hará que le permitamos a Evo Morales y al MAS pisotear nuestra atesorada democracia y convertirla en lo que se les dé la gana? ¿Cuándo el régimen se desenmascare completamente y nos muestre su verdadero rostro autoritario, seguiremos haciéndonos los locos para mantener nuestra estabilidad económica personal? ¿Estamos realmente dispuestos a vender lo que tanto nos ha costado conseguir y el país que le dejaremos a nuestros hijos por mucha o poca plata?

Lo que pasa es que desde hace ya mucho tiempo veo señales alarmantes que apuntan en esa dirección. El Gobierno confirma una y otra vez su tendencia inexorable hacia el autoritarismo, mamándonos sistemáticamente, y veo a mucha gente dispuesta a mirar a otro lado, supuestamente está adormecida por las altas dosis de circulante recibidas en este nuestro tardío e ingenuo ingreso al capitalismo y a la sociedad de consumo.

Los bolivianos tenemos un tremendo instinto político y nos damos perfectamente cuenta de los atropellos de todos los tamaños que el gobierno comete en contra de las garantías constitucionales y los derechos democráticos. Y las reacciones, incluso en las charlas más privadas, no guardan ninguna proporción con los hechos.

Ahora, por ejemplo, estamos sometidos a la fantochada de una elección judicial groseramente amañada, cuyo único objetivo es garantizar la reelección de Morales, por encima de nuestro voto el 21-F. Y hay quienes piensan que a la mayoría le interesa un pepino este basurero a la democracia porque no le toca el bolsillo.

Puedo comprender muy bien que las burguesías (las viejas y las nuevas) y los poderosos  estén dispuestos a transar lo que fuera con tal de seguir forrándose, pero me llama la atención que una ciudadanía, supuestamente muy madura en términos democráticos, esté dando estas señales, excusándose además en el fácil argumento de que, como no hay ningún líder al otro lado, es mejor nomás lo malo conocido.

Este comportamiento permisivo y convenenciero, peca además de ignorante, al asumir que la bonanza ha sido fruto exclusivo de la gestión de este gobierno, cuando en realidad ha sido el producto de largas conquistas colectivas y de un escenario económico internacional favorable, sin el cual nada de esto habría ocurrido. El Gobierno, claro está, cuenta con esto para continuar su ruta autoritaria.

Ojalá me esté equivocando otra vez, y esta pataleta mía sea producto de un bajón pasajero.

Ilya Fortún  es comunicador social.
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