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Serotonina

¿Por qué estamos atacando a la OEA?

¿Por qué estamos atacando a la OEA?
Que alguien dentro del Gobierno, que parece saberlo y tenerlo todo bajo control, le diga a Su Excelencia que se está cantinfleando con el manejo de la política internacional de Bolivia. El que escribe sabe de relaciones internacionales lo que debe saber Su Exelencia, pero, a diferencia de él, en mi opinión y criterios prima el bien y sentido común. A estas alturas del partido, andamos enemistados con casi todos los vecinos y les hemos mandado señales de que no somos vecinos serios. Y lo peor en cualquier barrio es tener un vecino irascible o impredecible

 De la gran expectativa que despertó el otrora humilde y revelador líder cocalero queda sólo en idea, porque la realidad construida por él mismo y los que lo rodean se han  encargado de pulverizarla. De un líder que impresionó con los discursos de la "diplomacia de los pueblos” y de la "democracia intercultural basada en el diálogo, la tolerancia y la paz” sólo queda la imagen de un presidente que hizo todo lo posible para demostrar que entre sus palabras y sus acciones existe un mar de diferencias

 Las malas compañías del Socialismo Siglo XXI, a la cabeza de Chávez y de gobiernos de intolerancia política y religiosa, como Irán o Siria, nos han nos ubicado entre los gobiernos dispuestos a no respetar las mínimas normas de convivencia internacional. Y, esto a no dudarlo, los vecinos y países serios lo saben, y por ello también nuestro gobierno y Su Excelencia han dejado de sostener el peso relativo que habían despertado para pasar a ser considerados, como siempre lo han hecho, un país sin norte y sin ubicatex internacional.

 Despotricar las 24 horas del día contra los imperios (incluido el romano) como los causantes de nuestra situación actual suena folklórico, pero no es serio en el nuevo mundo globalizado. Seguir insistiendo en nuestras debilidades para exigir a la comunidad internacional resarcimiento no es más que  seguir con la lógica pedigüeña y lastimera que siempre nos ha caracterizado. Un país y, por lo tanto, una diplomacia que no es autocrítica y que busca echarle al mundo las causas de su tragedia genera compasión, pero jamás admiración. Y si algo debemos reconocer al actual gobierno es que, a pesar de la rimbombancia de sus discursos de dignidad, de socios, pero no patrones, o de soberanía sobre todo, han vuelto a incurrir en lo que tanto denostaron de los regímenes anteriores: diplomacia sumisa, diplomacia amarrahuatos y diplomacia improvisada.

 Con el actual régimen, después de tanta saliva y tinta, resulta, en la pura práctica, que no hemos cambiado la diplomacia, sino que hemos cambiado de patrones. Antes lo eran los yanquis y su entorno, hoy lo son los chinos y su entorno nocivo ruso e iraní. Dignidad no es cambiar de patrón.
 
Los chinos no son socios, sino que vienen como los peores patrones de comienzos del siglo XX: desconocedores de los derechos laborales, destructores del medioambiente, despreciadores de la calidad y caníbales de los talentos humanos, al tratarlos sólo como recursos despreciables e intercambiables, como lo puede ser una piedra o un metal.

 El año pasado,  el Gobierno gastó un montón de plata para ir a Estados  Unidos y a la meca de su capital para vender el modelo boliviano de desarrollo, calificado por sus adláteres   como la "evonomics”. Miles de dólares se invirtieron en el show para que llegue inversión calificada y moderna al país. ¿Resultado? Casi nada de inversiones gringas que hayan llegado a Bolivia.
 
Sólo chinos que vienen a ofrecer plata y que se empiezan a apropiar de nuestros recursos naturales, y de la ejecución de obras, consideradas por el Gobierno estratégicas.

 En lo político, no entiendo cómo el Gobierno hace todo lo posible para ponerle piedras a una demanda que une a todos los bolivianos, como es la salida al mar. En una apuesta arriesgada, el Presidente asumió el reto de demandar a los chilenos ante el principal órgano judicial del sistema de las Naciones Unidas (ONU), como es  la Corte Internacional de Justicia (CIJ). Bien y al César lo que es del César. Es por ello que en este empeño también se sumaron expresidentes. Sin embargo, creo que, desde la plaza Murillo la están tarreando al insistir en una lógica de confrontación abierta con Chile, tanto en declaraciones como en acciones. 

 Lo mejor hubiese sido adoptar el camino peruano cuando tuvo una demanda similar contra Chile: en vez de confrontar, acercar, en vez de exacerbar los ánimos patrioteros, ayudar a mutua cooperación entre los países. Pero parece que más puede la ceguera política.

 Y en esta misma línea, en la que prima los instintos antes que la razón y la preservación del bien común, las declaraciones contra la OEA y su secretario general, Luis Almagro, no nos hace bien ni al país ni al Gobierno y, peor, a nuestra causa marítima, que está dependiendo del veredicto de un organismo internacional que, al igual que la OEA, forma parte de andamiaje internacional de relacionamiento de los países. Sin medir consecuencias, el Presidente y a propósito del insostenible juicio a Samuel Doria Medina, ha acusado a la OEA ("marioneta imperial”) de intromisión al enviar un veedor al proceso de enjuiciamiento a uno de los líderes de la oposición boliviana.   

 Yo me pregunto, por qué el Gobierno está minando la causa boliviana ante la CIJ? ¿Es ceguera política? ¿O es que el Gobierno sabe algo más y, por ello, antes que se conozca el veredicto, está optando por patear el tablero? Que los entendidos nos aclaren. 


Iván Arias Durán es ciudadano de la República Plurinacional de Bolivia.
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