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Iván Arias
Serotonina

¿Pacto fiscal? Ani, mana, janiwa

¿Pacto fiscal? Ani, mana, janiwa
¿Usted cree el gobierno quiere construir el Pacto Fiscal (PF)? Si tuviésemos un gobierno autocrítico, seguro que el PF se convertiría en el espacio para juntos, en esta época de crisis, sentarnos a mirar el futuro sin complejos y con espíritu constructivo. Y es que el PF no es sólo hablar de la plata. Todo PF empieza con construir una visión compartida del futuro en función del bien común. Es decir, se discute y acuerda cómo y dónde queremos que esté Bolivia dentro de 40 años en el marco de las tendencias mundiales referentes a lo económico, ambiental, social, tecnológico y político. Esto obliga a contar con información actualizada y, en función del bien común, definir la visión de país que queremos forjar y que, sea cual fuera el gobierno que entre a Palacio, deberá respetar esa visión y avanzar en pos de su logro.
 
La visión compartida, para su logro, necesita de políticas y programas que la hagan posible. Estas políticas son como las escaleras para llegar a la meta. En esta parte, las experiencias de PF enseñan que la desideologización de las propuestas es vital. Lo que debe importar es identificar las mejores políticas que nos permitan llegar a la meta, antes de ver si son de izquierda, derecha, originarias o extranjeras. En este mundo globalizado, las herramientas para el logro del bien común están ahí y es cuestión de adoptarlas y adaptarlas a nuestro contexto.  Estas políticas de largo plazo se concertan y, siempre se parte, de cumplir y satisfacer las necesidades básicas en cuanto a cobertura y calidad (salud, educación, saneamiento básico, comunicaciones) para, simultáneamente, identificar las políticas que nos permitan la generación de valor agregado y empleo digno. No se trata de insistir sólo en qué venimos haciendo por años y siglos, sino lo que mejor podemos hacer y en lo que conseguimos ventajas competitivas para insertarnos al mundo.
 
El próximo paso es acordar la institucionalidad que debe llevar adelante esa visión. La institucionalidad planificadora, ejecutora, fiscalizadora y de control social. Así, se define, bajo el principio de subsidiariedad, qué instancia pública y/o privada (gobierno central, departamental, municipal o sector privado) es la que mejor puede ejecutar y apoyar determinadas políticas. También, en el marco de fortalecer la institucionalidad democrática, se acuerda los mecanismos de seguimiento, evaluación, control, fiscalización y ajustes necesarios.
 
Una vez acordada la visión, política e institucionalidad, recién se pasa a discutir el tema de los recursos económicos. Es decir, con qué recursos propios y de apalancamiento nacional e internacional vamos a llevar adelante la Agenda País. Según la institucionalidad y sus funciones acordadas, se canaliza los recursos a cada una de ellas para el cumplimiento de las metas trazadas. En resumen, esito no más es un PF. 
 
El gobierno actual, ¿está dispuesto a seguir esta ruta?  Winflas, como diría mi cuate plurinacional. Al gobierno nacional le vale un corcho el PF. Como caballo cochero, no está dispuesto a que nadie cuestione su visión de país anclada en dogmas y malas prácticas del socialismo y capitalismo del siglo XIX. Su agenda 2025 es lo máximo y el que quiere se suma y el que no quiere que se vaya a papar moscas. La verdad única la tienen ellos. Sobre las políticas y programas, les vale un bledo la educación y la salud como apuestas a la calidad. En 10 años de bonanza no han sentado siquiera las bases para una educación universal, de calidad y gratuita. Los alumnos que egresan de los colegios salen tan despistados como entraron a primero básico. Las universidades siguen produciendo profesionales que terminan de choferes o comerciantes informales. En salud, deberíamos contar con seguro de salud universal para todos, pero es cuestión de irse a las postas y hospitales públicos a las 5 de la mañana y comprobaremos las paupérrimas condiciones en las que se debate el sistema público de salud. Prefieren apostar a obras megalómanas, insostenibles y depredadoras del medioambiente como la planta de polipropileno en Yacuiba, la represa hidroeléctrica del Bala en la amazonia o la planta nuclear en El Alto.
 
Sobre la institucionalidad, para el gobierno está claro que el actor fundamental es el gobierno central y el resto, gobernaciones, municipios y sector privado, son simples acompañantes de lo que el todopoderoso Leviatán plurinacional decide. Seguimiento, control, evaluación y fiscalización es una quimera que la inventa y desinventa el poder central cuando le conviene. Finalmente, los recursos económicos, eso no se toca y mejor si se quita más dinero a los de abajo, para que el sabio y poderoso gobierno central realice los sueños de los "flojos” niveles autonómicos. De esta manera si no fuera por las políticas aprobadas en los "malditos tiempos neoliberales” (participación popular, ley del diálogo 2000 y ley del IDH), las instancias autonómicas estarían, peor que ahora: mendigando limosnas al papá centralista.
 
Quisiera estar equivocado y tragarme todo lo escrito. Para ello una pruebita: los que van a gastar su plata y tiempo este miércoles 31 en venir a la reunión del PF, ¿por qué no le proponen al gobierno que toda deuda externa futura sea discutida y acordada con las regiones y sociedad civil, que todo nuevo proyecto sea acordado en función de sostenibilidad social, económica y ambiental? Si sólo lograran eso, les juro que me trago esta columna. Mientras tanto, seguiremos, impávidos y silenciosos, mirando, desde el palco, el sainete (mezcla de comedia y tragedia) que juegan los de arriba y los abajo sobre el PF.
 
Iván Arias Durán es ciudadano de la República Plurinacional de Bolivia.
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