La Paz, Bolivia

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Iván Arias Duran
Serotonina

Municipios:  turismo camba y colla

Municipios:  turismo camba y colla
Uno de los problemas que tienen los workcity del municipio de La Paz, para sus fines de semana y feriados, es que no tienen áreas de esparcimiento fuera de su jurisdicción, en cuanto cantidad y calidad. A diferencia de los municipios de Cercado en Cochabamba y de Santa Cruz de la Sierra, cuyos ciudadanos y ciudadanas pueden salir, los fines de semana y feriados, a municipios aledaños y encontrar una variada oferta para el descanso, y la diversión. Los habitantes del municipio de La Paz no tienen mucho que escoger y lo que hay no es de calidad.
 
 Hagamos un repaso rápido. Los k’ochalas urbanos son los que mayores opciones tienen, ya sea hacia el valle sur o hacia el valle alto, sin dejar de optar por el Chapare. Los lugares de esparcimiento son variados y las ya institucionalizadas ferias municipales, que se realizan casi cada semana (feria del durazno, del cuy, de la manzana, de la huminta, del guarapo, de la chirimoya, del pan, etcétera), invitan al cansado workcity a salir de la urbe y, a tiempo de respirar nuevos vientos, siempre, como buen llajtamasi, comer rico y diverso. 
 
 La agenda de ferias del valle alto y bajo está acompañada de la construcción, a lo largo de más de 20 años, de buenos caminos que articulan a la ciudad con su entorno. El Chapare sigue siendo una buena opción, pero desde hace 10 años ha reducido significativamente su oferta turística, que era muy atractiva por sus buenos hoteles y paquetes turísticos en la jungla. En las variadas ferias cochabambinas, la calidad y el buen trato, como lo es en la mayor parte del país, son aspectos que aún no se enfrentan con decisión. Las ferias no logran modernizarse y dar el salto a espacios de innovación, y desarrollo local moderno. "Carpas (no siempre limpias) con comida, trago (sin garantía de calidad) y música que, a veces, rompen los tímpanos”, es la tónica de todas ellas que las lleva a convertirse en espacios de borrachera e inseguridad, de los cuales uno busca salir rápidamente.
 
 Santa Cruz de la Sierra es otra de las capitales importantes que cuenta con áreas de esparcimiento fuera de su jurisdicción diversa y accesible. Los restaurantes y centros de esparcimiento, que combinan descanso, agua, esparcimiento, naturaleza y comida son varios, y gozan de variedad y calidad. A diferencia de Cochabamba, las ferias no son el atractivo, lo que no quiere decir que no haya y que no sean importantes, sino los espacios privados que han apostado por ofrecer atractivos. Este tipo de oferta se ha desarrollado mucho hacia la región de los valles mesotérmicos como hacia el norte integrado del departamento.
 
La chiquitanía sur, refiriéndome a lugares cercanos a la urbe, está en proceso de desarrollar ofertas tentadoras y que prometen, literalmente, "tragarse” al workcity de la capital. Municipios, como Cotoca, Pailón, San José y Roboré están, a mi juicio, con lentitud y baja decisión aún, aprovechando los beneficios de la carretera bioceánica (inaugurada el 2012), que une los puertos del Atlántico, pasando por Puerto Suárez, por la ciudad de Santa Cruz y de ahí al Pacífico. De todos ellos, Cotoca siempre fue un destino de los urbanos cruceños. San José y Roboré, este último con tremendo potencial de oferta turística variada (iglesias, aguas termales, parques), ya se han puesto las pilas y se nota, a pesar de la crisis y las trabas del estatismo, cómo las inversiones privadas han empezado a arriesgar. 
 
La chiquitanía norte (Guarayos, San Ramón, San Javier, Concepción), tan visitada y requerida antes de la carretera bioceánica, está siendo relegada por la sur que acabo de describir. Sin embargo, la riqueza histórica y cultural de la chiquitanía norte la hace un destino obligatorio. Las más bellas iglesias jesuíticas están en sus municipios. "Escuchar las notas de un violín chiquitano en una sala de concierto urbano es bello, pero escuchar las mismas notas del mismo violín en las iglesias chiquitanas es sobrecogedor: la música penetra en tu ser y te lleva a los confines de la reflexión interna”, me decía, hace años, cuando aún no se habían convertido en tan famosos los festivales de música barroca, uno de los más grandes maestros de la misma: Rubén Darío Suárez Arana Mercado.  
 
Esta realidad y potencia exige a los ciudadanos, y ciudadanas de la chiquitanía norte a no dormirse y seguir siendo los pioneros e innovadores del turismo chiquitano, que tanta fama nacional e internacional tiene. Sin su apuesta, sin su visión desafiante, estaríamos recién descubriendo la chiquitanía. 
 
 A diferencia de Cochabamba y La Paz, a la que me referiré en mi próxima entrega, uno de los aspectos que los empresarios del turismo del oriente están haciendo incidencia, es el referido al de la calidad, tanto en el servicio como en la atención. Este es un punto alto que se valora y que no se debe descuidar. Este aspecto, de la atención con calidad, es más notorio en la capital, siendo aún débil en los municipios aledaños, pero hay evidencias de que la buena práctica está cundiendo positivamente al entorno.
 
 Es cada vez más notoria la diferencia entre La Paz, Cochabamba y Santa Cruz, llevándose esta última una mejor calificación en la percepción de las personas sobre la atención de calidad. Por supuesto, no tengo estadísticas, pero, dado que soy un viajero empedernido de este país y sus rincones, puedo dar fe de esta diferencia, que no es profunda aún, pero que, como lo he podido comprobar con cientos de personas que usan los servicios, se está convirtiendo en la marca de diferenciación.

Iván Arias Durán es ciudadano de la República Plurinacional de Bolivia.
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