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Serotonina

Crónica de una muerte anunciada

Crónica de una muerte anunciada
Copio el título de una novela de Gabo para esta nota, porque salvando distancias la tragedia se parece. La de Gabo era novela, la de Illanes un crimen real. Si bien la trayectoria de Rodolfo Illanes no es la de una persona impoluta, sino un cortesano del poder, que en forma pragmática escaló los niveles de la administración pública hasta ser designado como Viceministro de Régimen Interior del Ministerio de Gobierno del tercer gobierno de Evo Morales, ello no mata su olvido del que fue víctima.

La luctuosa muerte a manos de los cooperativistas mineros del Viceministro, que causó conmoción general en la opinión pública, desnudó la frialdad de los inquilinos de Palacio de Gobierno que no se inmutaron en nada ni con la muerte de uno de sus epígonos más leales. El registro de llamadas del celular del finado Illanes en el día de su secuestro y posterior asesinato  es muy revelador de lo que verdaderamente ocurrió es día.

En las casi ocho horas que estuvo secuestrado Illanes hizo más de 135 llamadas. De ellas se ha identificado las llamadas al Ministro de Gobierno, su jefe inmediato, y también al Ministro de la Presidencia, su ex-Jefe. Llamó y llamó a los jerarcas del poder y lo tuvieron de Herodes a Pilatos, como esperando su crucifixión. Abandonado, desesperado, humillado, zarandeado, amenazado, con temor ante una multitud enardecida que espera ser escuchada por el poder político y forzar a través del rehén una negociación, que al parecer nunca fue ofrecida ni propuesta, en esas condiciones extremas y tensas el Viceministro desesperadamente llamaba para poder lograr su libertad. Pero su ayuda de socorro nunca llego ni siquiera hubo la más pequeña muestra de lograr su libertad. Jamás se cumplieron los protocolos de secuestro que se aplican en estos casos.

Más de 135 llamadas demuestra, trágicamente, que el rehén, además, negociaba su libertad con interlocutores que no le escuchaban y que tampoco hacían absolutamente nada. Un rehén despojado de su poder, abandonado por sus jefes y sin ninguna posibilidad para ordenar el repliegue de la Policía. Por el contrario, en esas horas de secuestro se sumó la muerte de otro cooperativista que echó gasolina al fuego, enardeciendo los ánimos caldeados de los mineros.

El secuestro político busca forzar una negociación. Por eso, el Viceministro, en su desesperación y abandono, llamaba a uno y otro celular esperando una respuesta de una persona con autoridad para negociar su secuestro. ¿Cuáles fueron los medios que el poder político utilizó para poder establecer en primer lugar la negociación? ¿Quiénes fueron los negociadores de ambos lados?  No hay respuestas. El poder  ni siquiera logró despejar el lugar del conflicto para instalar la negociación.

Será que los ministros con los que se comunicó Illanes le dijeron: "Tú eres el Viceministro, por tanto, es tu responsabilidad tu libertad y tienes todo nuestro respaldo?”. Sólo así se entiende que el desesperado Illanes haya llamado tantas veces a la Policía Nacional, en la creencia que todavía tenía algún poder de decisión y que le harían caso a su orden de repliegue. Cuando nunca tuvo poder y el poco poder que tuvo, si lo tuvo, se disipó cuando cayó como rehén, y sus jefes borrachos de poder, de soberbia y de arrogancia simplemente se cruzaron de brazos.

Sólo así se entiende cuando un fiscal, para argumentar su imputación al entonces comandante de la Policía, señaló que "la Policía no acató la orden de repliegue que había hecho Illanes desde su condición de rehén”. ¿En qué protocolo está que el rehén dirija, negocie y logre él mismo su libertad? ¡El absurdo más grande! Finalmente al borde de la muerte Illanes llama a un pariente para que avise al Ministerio de Gobierno o incluso que vaya hasta allá, porque al Viceministro ya nadie le respondía o que quizá no entraban las llamadas al ministerio.

Es decir, ni siquiera se había establecido un canal libre expedito de comunicación entre los secuestradores, el rehén  y el Gobierno. Lo que demuestra y es prueba clara que no se hizo absolutamente nada para lograr liberar con vida al viceministro Illanes. Los jefes de Illanes mostraron con su desidia y pasividad que la vida de Illanes no valía nada; así lo entendieron los secuestradores y actuaron segando la vida de alguien que para su propios jefes no tenía el menor interés.

Y claro, como somos un pueblo de estúpidos e idiotas, que nos tragamos cualquier opería, el poder salió en conferencia de prensa, con una ridícula maqueta, la misma que la paseo por todos los canales de televisión a las que visitó e incluso llevó a la Asamblea Legislativa. Cuando no hay pruebas ni argumentos buenas son las maquetas. Dios tenga en su gloria al revolucionario inmolado por una revolución que no creyó en él.

Iván Arias Durán es ciudadano de la República de Bolivia.
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