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Iván Arias
Serotonina

¡No es mal de ubre, es hubris!

¡No es mal de ubre, es hubris!
Esta semana que pasó, el Presidente, después de 11 años, hizo revelaciones muy duras contra sus ministros. De todas ellas se le advirtió desde el año 2007, pero SE siempre dijo que si alguien criticaba a sus ministros eran de la oposición, de los neoliberales y los vendepatrias, y que, por ello, no les haría caso nunca. Ahora que el Presidente se ha vuelto neoliberal y vendepatria,  durante la reunión del gabinete ampliado, que se realizó en la zona Sur de la ciudad de La Paz, este 1 de febrero de 2017  ha hecho públicas las críticas a sus colaboradores.
 
La primera denuncia es que sus ministros no le dicen la verdad. "Algunos ministros no quieren informar  la verdad, nos informan mal, en base a eso decidimos mal y profundiza el conflicto social (…) Nosotros, con el Vicepresidente, necesitamos saber en lo que estamos mal en los ministerios”. La segunda denuncia se refiere a que sus ministros son malmandados, que no cumplen las órdenes.   "No quiero levantar algunos nombres. Cuando empezamos una tarea, pasa una semana tenemos que entregar esa obra. Llamo a tal ministro o ministra y se había olvidado, después da la instrucción al viceministro;  el viceministro había dado la instrucción a un funcionario, a otro, y nadie sabía. Finalmente, no había nada”.
 
La tercera denuncia es que sus ministros se creen reyezuelos y que no coordinan:  "Parecen algunos ministerios autónomos, como si fuera otro estadito y no se comunican con los otros ministerios. Qué les cuesta llamar, hermana ministra, hermano ministro, tengo problemas, ayúdeme. Qué les cuesta eso. Ahí tengo mucha diferencia con algunos de ustedes”.
 
La cuarta denuncia y aceptación es que en los ministerios está la base de la corrupción que carcome a su gobierno desde hace 10 años. Queriendo minimizar la responsabilidad y la corrupción les increpó:  "Será el jefe de personal o será el asesor legal cobrando, eso hace mucho daño. No es el ministro, la ministra, no es el viceministro, la viceministra, sino ahí abajito.  600 bolivianos, 700 bolivianos, hasta 700 dólares para cambiar, para renovar el contrato... funcionarios cobrando plata de los ítems”. La cereza en la torta la puso el propio mandatario. 
 
Al respecto, en más de una oportunidad, este columnista advirtió que el Gobierno y el Presidente, en particular,  estaban padeciendo los síntomas de la enfermedad de la hubris o enfermedad del poder, pero como nos considera opositores y neoliberales, jamás nos tomaron en cuenta. 
 
Pasan los años y con las declaraciones del propio mandatario uno comprueba que eso de la hubris no había sido mentira, sino que, literalmente, los ministros la fomentan y alimentan con prolijidad.  
 
Con asombro los bolivianos escuchamos esta confesión de SE :  "Quiero que sepan y, digo públicamente, no queremos servidores públicos que estén chupándome las tetillas. Compañeros, se acabó eso. ¡Se acabó eso! Yo soy muy tolerante, muy amplio, pero también algunos compañeros se pasan”.
 
Y es que el origen de todos los males mencionados por el Presidente está en esa enfermedad que les da todos los que detentan una pizca de poder. En mayo del 2008, el político y médico británico Lord David Owen publicó un interesante libro titulado En el poder y en la enfermedad: enfermedades de jefes de Estado y de Gobierno en los últimos cien años.  Según Owen "en muchos jefes de Estado la experiencia del poder les provoca cambios psicológicos que los conducen a la grandiosidad, al narcisismo y al comportamiento irresponsable. Líderes que sufren de este síndrome hubris "político” creen que son capaces de grandes obras, que de ellos se esperan grandes hechos, y creen saberlo todo y en todas las circunstancias, y operan más allá de los límites de la moral”. Por lo visto, SE y los ministros no sólo sufren de hubris, sino, quizá por su temprano destete materno, de necesidad de ubre que los llevó a cansar las tetillas del mandatario. En todo caso y para que no haya duda, el mal de los políticos es la hubris y no la ubre, aunque una de sus manifestaciones sea convertirse en chupatetas del jefe.
 
 Nelson Castro (agosto, 2013) basado en el libro de  David Owen y J. Davidson (2009) In sickness and in power (2008) publicó 14 síntomas para detectar la hubris, que sugiero al Presi y sus ministros las lean para su autodiagnóstico y, así, por el bien de la patria, se dediquen a hacer gestión y no mamación.
 
1. Una propensión narcisista a ver su mundo principalmente como un escenario donde ejercitar su poder y buscar la gloria. Poder total y eterno. 2. Una predisposición para lanzar acciones que puedan dar al individuo una luz favorable. De la chompa al traje. 3. Una preocupación desmedida por la sobrepresentación ante sus acólitos. Comitiva desmedida de autos que lo trasladan. 4. Un modo mesiánico de comentar los asuntos corrientes y una tendencia a la exaltación. Somos la reserva moral y descendemos de los dioses incaicos. Somos los predestinados a salvar la patria.
 
5. Una identificación con la nación hasta el extremo que el individuo valora su punto de vista como idénticos. Nosotros somos la patria. 6. Una tendencia a hablar de sí mismo en tercera persona o a usar la forma regia de "nosotros”. 7. Una excesiva confianza en su propio juicio y un desprecio por los consejos o las críticas de los demás. 8. Un enfoque personal exagerado, tendente a la omnipotencia, de lo que son capaces de llevar a cabo. Somos los únicos capaces. 9. Una creencia de que antes de rendir cuentas al conjunto de sus colegas o a la opinión pública, deben responder a la historia o Dios. 
 
10. La idea inquebrantable de que aquella historia los absolverá. 11. Una pérdida de contacto con la realidad, a menudo vinculada a un aislamiento paulatino. 12. Agitación, imprudencia e impulsividad. 13. Una tendencia a privilegiar su "amplia visión” en detrimento de la entereza moral de un derrotero señalado, pasando por alto la necesidad de contemplar las posibilidades prácticas, los costos y los resultados. 14. Una incompetencia "hubrística”, cuando las cosas van mal, jamás asumen sus errores y siempre le echan la culpa a otros, pues ellos son divinos, y no se pueden equivocar.
 
Ivan Arias Durán es ciudadano de la República de Bolivia.
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