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Iván Arias
Serotonina

Dictadores y sexo

Dictadores y sexo
Desde tiempos inmemoriales la relación entre el poder y el sexo forma parte de las glorias y caídas de los caudillos. Sin embargo, la dependencia entre sexo y poder es mayor cuanto mayor es el imperio que acumula el héroe, real o de papel. Los dictadores, que se creen dioses, son los más propensos en demostrar que todo lo pueden y, por supuesto, el sexo es su lugar de mayor realización. Desde Sansón y Dalila o Cleopatra con Julio César, pasando por Juana Sánchez con Mariano Melgarejo y terminando con Marilyn Monroe con los Kennedy, poder y sexo han estado muy interrelacionados. En el presente cercano boliviano, Gabriela Zapata ha sido motivo de titulares durante meses por sus fervientes y tórridos lazos con el poder. 
 
África es un continente con reyezuelos y caudillos de antología. Robert Gabriel Mugabe, dictador de Zimbabue, con más de 90 años de edad, y con más de 30 años en el poder, dice no estar listo para salir del poder y sigue viviendo a lo grande. Zimbabue, la antigua colonia británica de Rodesia del Sur, cuya independencia fue reconocida en 1980, se ubica al sur del continente africano. 
 
Durante las primeras décadas de su funcionamiento como Estado independiente, el país demostró un buen desempeño económico pero desde los años 90 empezó un proceso de hiperinflación que resultó en impresionantes índices alcanzando los 89 mil trillones por ciento. Desde el año 2008 el país busca recuperarse, aunque sigue entre los países más pobres del mundo.
 
Según el estudioso de temas africanos, John Carlin (2012), se puede dividir el reinado de Mugabe en dos: antes y después de Grace. Para Carlin, todo cambió después de que Mugabe, en 1996, se casara con su segunda esposa, la bella y ambiciosa y joven Grace Marufu. Ella le corrompió, o detonó sus peores tendencias, con graves consecuencias para la nación.   Relata Carlin que cuando Grace se casó con Mugabe, en 1996, ella tenía 30 años; él, 72. Asistieron 12.000 invitados a la llamada "boda del siglo” de Zimbabue. 
 
El lujo y el despilfarro de aquella ceremonia, el sometimiento de Mugabe a los extravagantes caprichos de su nueva mujer, anticiparon la decadencia a la que sucumbiría el régimen en los años siguientes y el caos en el que súbitamente se hundiría la economía del país, provocando un deterioro catastrófico en el valor de la moneda y una fuga masiva de sus ciudadanos a la vecina Sudáfrica.
 
Nada de lo que ha hecho  Mugabe  ha provocado más indignación en el resto del mundo que su política de desalojo forzado de los granjeros blancos y la expropiación de sus tierras. Las tierras confiscadas pasaron en muchos casos a manos de Mugabe y de sus favoritos. La producción de alimentos cayó, casi de la noche a la mañana, en un 70%. Mientras la gente sufría hambre y la inflación se disparaba, Mugabe y su esposa se regalaron cinco de las fincas y en una de ellas se construyeron un palacio residencial conocido por la ciudadanía como Graceland.
 
En su ánimo de no perder el poder, llevó a su país en la aventura de la gran guerra africana del Congo, que duró entre 1998 y 2008 y se cobró más de dos millones de vidas. El motivo real de Mugabe para enviar su ejército al Congo no tenía que ver con la democracia o la solidaridad. El objetivo era el pillaje de diamantes. Jhon Carli matiza diciendo que si la entrada en Zimbabue de los diamantes expropiados hubiera tenido algún efecto en la economía general del país, quizá se le podría —hasta cierto punto— haber perdonado. 
 
Pero resultó que, como en el caso de las tierras expropiadas, el botín pasó a manos del dictador, su esposa Grace y los compinches. Grace significa gracia en inglés. En las calles de Harare, la capital de Zimbabue, la llaman Dis Grace (desgracia).
 
Mugabe pasó de liberador a opresor de su pueblo, de luchador por la democracia a tirano corrupto, que hundió a su gente en la pobreza mientras él y su esposa se enriquecieron de la manera más burda. Se le recordará fuera de África como un tirano que sembró el odio racial.  Mucho más grave e injustificado fue el odio que demostró hacia su propia gente. Los hundió en la miseria motivado por el egoísmo y la avaricia, tras traicionar los ideales que lo condujeron a la política en el primer lugar. Como tantos a lo largo de la historia humana.
 
El poder corrompe, pero el poder total corrompe totalmente y eso pasa con las personas que, llegando al poder, olvidan sus raíces y se creen con el derecho y poder de enfrentar a todos los dioses. Pudiendo ser Mandela, muchos escogen ser Mugabe.

Ivan Arias Duran es ciudadano de la República de Bolivia.
 


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