La Paz, Bolivia

Martes 25 de Abril | 10:39 hs

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José Guillermo Tórrez G. O.
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Un agujero en la tierra

Un agujero en la tierra
Una mina no es más que un agujero en la tierra. Yo hablo como ingeniero y uno encuentra cosas sorprendentes en profundidad. Las minas no sólo son vulnerables a incendios, inundaciones, accidentes, desastres y muchos otros problemas.  

En nuestro medio, donde una gran parte de la población, desde hace generaciones, vive directa o indirectamente de la minería, se sabe poco de la estructura económica y técnica de este sector tan importante y de los peligros involucrados en las operaciones mineras.
 
Se habla siempre de la "industria” minera y si palabra "industria” sólo significa la traducción literal de la palabra idéntica latina, o sea aplicación, laboriosidad y diligencia, entonces la palabra industria es apropiada por que los mineros tienen que ser aplicados, laboriosos y diligentes. Pero hoy en día se suele usar la palabra "industria” para significar un proceso de fabricación o transformación; en este sentido, no deberíamos hablar de "industria” minera.
 
Una mina no es más que un agujero en la tierra del cual se extrae el mineral, valioso tesoro nacional. Sin embargo, el mayor peligro es el precio insuficiente para el valioso producto que se obtiene. Mientras que en la industria corriente hay un premio al más aplicado, más laborioso, en la minería extractiva las cosas son al revés. Y aquí viene lo difícil de comprender. Cuando más se produce, más se trabaja, más se explota, menores son los precios a nivel del mercado internacional de los precios de minerales y metales, y que a veces es preferible producir menos.
 
 Cuando hay guerras, revoluciones y dificultades obreras en los países productores, entonces suben los precios, cuando hay orden y estabilidad bajan. En la economía minera muchas cosas están al revés de lo que estamos acostumbrados. Lo anterior encierra ciertas enseñanzas. Si una libra de estaño vale siete dólares en su venta, pero cuesta nueve producirla, es preferible suspender la producción por lo siguiente: no es posible perder dos dólares en producción alguna. La riqueza de la tierra no puede ser reemplazada y, desde luego, es mejor conservarla en la tierra, a la espera de mejores tiempos. La producción subvencionada, vale decir, a pérdida, fomenta precisamente el círculo vicioso, o sea hace nuevamente bajar el precio. 
 
 Se sabe que es más fácil escribir estas verdades que ejecutarlas. Hay problemas políticos y sociales. Sin embargo, la lógica económica debe primar. Una producción minera no debe mantenerse a todo costo. Más bien debe estudiarse en forma permanente, cuales son las minas rentables y  cuáles son las minas no rentables, y debe actuarse rigurosamente de acuerdo a sanos principios económicos. 
 
 Las minas marginales, que eventualmente deben cerrarse, no deberían ser abandonadas del todo, sino mantenerlas en un estado de alerta para poder entrar nuevamente en producción cuando las condiciones económicas lo permitan. Lo anterior comprueba que una estadística que demuestra un constante aumento en la producción, situación deseable en otras industrias, puede ser absolutamente negativa en la minería. Lo que se precisa en la minería es mucha flexibilidad.  
 
Los costos de producción de los minerales y metales han aumentado considerablemente y siguen aumentando, pero los precios a nivel internacional han bajado, especialmente estos últimos 20 meses y este fenómeno ya fue analizado en diferentes artículos de esta columna.
 
 A los consumidores en el exterior no les interesa, por supuesto, a cuánto ascienden los costos de producción de los minerales nacionales, tampoco les interesa si el empresario o el obrero boliviano puede  o no subsistir con sus entradas. A nadie en el exterior le preocupa en realidad si aquí podemos sobrevivir en estas condiciones. Sin embargo, es imperioso por estas razones  tener una adecuada planificación como lo hacen nuestros países vecinos.
 
José Guillermo Torrez G. O.  es ingeniero geólogo y administrador de empresas.  [email protected] 
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